El color rojo se sitúa siempre en el extremo cromático que registra nuestro ojo. Es el color con mayor longitud de onda de todos los colores que somos capaces de ver los humanos y por este motivo es de todos los colores del arco iris el  que menos energía contiene. Sin embargo  nuestro cerebro asocia este color con los colores cálidos. La luz violeta, que interpretamos como fría, contiene casi el doble de energía que el rojo. El rojo lo asociamos también con la maduración, simbólicamente los frutos han recogido el calor del sol. Si en ocasiones es apetecible un fruto rojo, en otras el rojo lo asociamos con el peligro, con lo venenoso. Llegamos al otoño, el momento en el que mayor concentración de frutos nos encontramos. Un simple paseo por el somontano de Barbastro nos proporciona un festival de colorido en el que predominan los tonos rojizos. Sirvan estos ejemplos de muestra.

En esta selección hay dos que podrían estar fuera de la selección. Se trata de Frangula alnus, que sólo muestran el rojo cuando están inmaduros y que al madurar se vuelven negros, y también se podría excluir a Iris foetidissima ya que lo que vemos no son frutos sino semillas.
Del muestrario hay frutos autóctonos, pero otros aparecen asilvestrados tras escapar de cultivos, estos son Pyracantha fortuneana y Prunus cerasifera.
De todos ellos sólo son comestibles los frutos de Rosa canina, Prunus cerasifera, Crataegus monogyna y Arctostaphyllos uva-ursi, aunque éste último es bastante insípido. El resto son en diverso grado tóxicos, aunque algunos han sido utilizados en medicina.
Respecto a los frutos de la rosa, también habría que decir que en nuestra zona hay varias especies de rosas silvestres además de Rosa canina, como son, al menos,  Rosa agrestis y Rosa moschata.

Juan Manuel Sanz Casales, rocayflor.blogspot.com

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