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Foto de grupo en el Ibón de Ip. Foto: Club Montisonense de Montaña.

Viajamos primeramente en nuestros automóviles desde Monzón a la localidad de Canfranc, nada mas salir de ella a la derecha existe un pequeño puente que nos da acceso a una explanada donde podremos aparcar.
El grupo de 17 personas nos preparamos a conciencia ya que la meteorología estaba un poco inestable. Chubasqueros que nunca deben faltar, y también algo de ropa de abrigo.
Partimos por la senda que forma parte del Camino de Santiago, que enseguida abandonaremos adentrándonos en el barranco de Ip, completamente cubierto de un tupido bosque. Bajo los enormes pinos y otros arboles como los arces y las hayas que ya van tomando colores otoñales, la senda discurre en constantes zig-zag que a diferencia de otras ocasiones resultan sumamente agradables ya que el suelo está mullido por la hojarasca.

 

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Senda por la umbría. Foto: Club Montisonense de Montaña.

Todo el recorrido desde el mismo inicio es un auténtico placer, se hace de buen andar y nos permite superar el gran desnivel con relativa comodidad. Así pasaremos las dos primeras horas, rodeados de vegetación. Algunas setas asoman ya y también los helechos han cambiado de color, huele a monte y el aire puro llena nuestros pulmones de vida y salud. Finalmente cuando el bosque se aclara nos vemos sorprendidos por un profundísimo cañón que este barranco ha ido formando a lo largo de los siglos. El valle se abre y pasamos junto a una cabaña, pero como amenaza lluvia continuamos por terreno ya algo agreste hasta calcanzar el Ibón.
Se trata de un lago represado, rodeado de instalaciones que se utilizaron durante su construcción. Aprovechamos la presa para hacer la foto de grupo y las correspondientes fotos de este enorme lago; a continuación bajamos al refugio libre que existe en la base de la presa donde nos resguardamos de la brisa y algunas gotas de lluvia. Comimos en este lugar tan bien conservado y limpio. No es frecuente encontrar un refugio libre en buen estado así que al marchar lo dejamos todo igual que lo encontramos.

Cuando retomamos la marcha no seguimos el mismo camino de la Solana que utilizamos para el ascenso, sino que cambiamos a la umbría para descender por el sendero de la Besera. Esta senda es tan agradable como la de subida, salvando que al principio resulta algo incómoda por la pronunciada pendiente y por la fina lluvia que durante unos largos minutos nos estuvo remojando.

El ultimo trecho está repleto de musgo y discurre como un túnel bajo los vigorosos arbustos de boj y los enormes pinos, dejándonos muy buenas sensaciones.

Llegamos al fondo del valle con el tiempo en calma y los ánimos por las nubes, porque una vez mas, la unión y la amistad dentro del grupo se hicieron notar consiguiendo, que no es poco, realizar nuestra actividad y celebrarlo con unas cañas antes de regresar a casa.

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