Balbina Campo, en una imagen de archivo.
orangutan superior

A las condiciones de buena artesana que tiene Balbina Campo se suman las del recopilatorio de más de 3.000 palabras, expresiones orales, términos y costumbres de Costean, localidad natal donde vive con su madre que tiene 95 años hablan a diario en el costeano original y toma notas “a mano para luego pasarlas al ordenador. “Es una faena que hago muy a gusto porque cada día aporto alguna cosa nueva. Mi madre es una fuente inagotable de expresiones”, dice.

Balbina Nadal. Ángel Huguet. 

En el recopilatorio figuran fiestas, ermitas, romerías, carnaval, albadas, jotas, artesanos, nombres originales de casas del pueblo, publicaciones, barrancos, manantiales, fuentes y fontanetas, lenguas y dichos. Algunos ejemplos, “aparazcuenta” (tened cuidado), “avechucho” (bruto), “babada” (barrillo), “bayo” (infeccioso), “calz” (coz), “marranchanchina” (diente de león), “onesto” (color oscuro), “peñarola” (abejero), “t’os ne beniz” (os venís), “t’os niz” (os vais), “zuscobusco” (anochecer) “zoc” (tronco de madera), “cortar pan con tiempo” (tener previsión), “m’an enrrestiu por ande quereba corre” (era lo que yo quería) y “no se si llebare lo truco” (enfermo que piensa que va a morir”.

buzón del lector

En el pueblo “la gente apenas habla costeano en palabras sueltas pero no en conversaciones cotidianas. Algunas palabras son comunes con otras localidades pero tenemos muchas específicas que no he escuchado fuera de Costean”. Además de palabras, expresiones, lugares y costumbres, ha hecho acopio de un notable recetario gastronómico que lleva a la práctica en los fogones y después en la mesa. De momento, “no tengo previsto publicar nada, lo guardo y ahí quedará por si alguien tiene interés. El costeano está moribundo y en el pueblo la mayoría de casas, partidas y lugares como barranco de las estoperas tienen nombres autóctonos”. En su recopilatorio hay barrancos y 83 fuentes o manantiales localizadas en el monte, “muchas se han perdido pero queda el recuerdo”.

Balbina Campo con José Noguero son autores del libro “La artesanía textil del Somontano” (2000) donde aportan su faceta de artesanos y recuperan una parte de la historia. De sus conocimientos como maestros artesanos se beneficiaron mieles de alumnos que aprendieron oficios en la Escuela-Taller “El Vivero” que dirigieron desde 1980 hasta 2017.

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