Stanley Donen, director de obras maestras del séptimo arte como Cantando bajo la lluvia (Singin’ in the Rain, 1952), Siete novias para siete hermanos (Seven Brides for Seven Brothers, 1954 ), Una cara con ángel (Funny Face, 1957)  o Charada (Charade, 1963) murió el pasado sábado, 23 de febrero, a los 94 años de edad.

Donen ha sido uno de los mejores cineastas de toda la historia y, sobre todo, uno de los mejores creadores, coreógrafos y directores de musicales. Cantando bajo la lluvia, codirigida por Donen y Gene Kelly, es la que considero como joya de la corona de las películas musicales. El American Film Institute la considera como el mejor musical del cine norteamericano.

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Las canciones y bailes que llevan por título Cantando bajo la lluvia (Singin’ in the Rain, Gene Kelly) y Good Moorning (Jean Hagen -voz femenina-, Debbie Reynolds, Gene Kelly y Donald O’Connor) son, sencillamente, deliciosos, espectaculares y memorables. ¿Quién no ha bailado alguna vez bajo una farola interpretando la famosa escena de Gene Kelly con o sin lluvia? ¿Quién no ha rememorado el baile de la canción Good Moorning en el salón de su casa y frente al televisor imitando los pasos de claqué de los tres bailarines protagonistas del filme?

Singin’ in the Rain estuvo nominada en dos categorías de los Óscar: a la Mejor Banda Sonora y a la Mejor Actriz de Reparto (Jean Hagen), aunque no fue premiada con ninguna de las dos estatuillas. Stanley Donen nunca fue nominado a los Óscar, pero en 1998 fue reconocido con un óscar honorífico. El cineasta explicó en una entrevista publicada en la revista Vanity Fair en 2013 que descubrió los musicales cuando “vi a Fred Astaire en Volando hacia Río de Janeiro (Flying Down to Rio) cuando tenía nueve años, y cambió mi vida”. A partir de ese momento Donen descubrió “la alegría de bailar música”. Volando hacia Río de Janeiro es una película de 1933, dirigida por Thornton Freeland y protagonizada por Fred Astaire y Ginger Rogers.

Donen, que también fue un gran bailarín, dirigió a actores y actrices de la talla de Fred Astaire –su ídolo de la infancia-, Audrey Hepburn, Elizabeth Taylor, Cary Grant, Ingrid Bergman, Gregory Peck o Sophia Loren, aparte de los referidos Gene Kelly, Jean Hagen, Debbie Reynolds y Donald O’Connor.

La película de la Metro Goldwyn Mayer (MGM) es mucho más que una gran cinta y que un espléndido musical. Se trata de un largometraje lleno de vitalidad, optimismo, fuerza y una combinación soberbia y arrolladora de excepcional música y excelso baile. No soy capaz de recordar el número de veces que, sobre todo en mi niñez, desplegué mi paraguas y me calcé mis zapatos más sonoros para evocar la famosa escena de Gene Kelly. Pero no solo eso, incluso otras piezas del filme las he ido reproduciendo a lo largo de los años. Tanto en momentos tristes como en momentos felices acostumbramos a refugiarnos en la magia de la música y, en mi caso, he reinterpretado las melodías y claqués del filme para apaciguar mis aflicciones y exultar mis alegrías e ilusiones.

Dicen que sin la música el ser humano no podría vivir. Yo no podría vivir sin cantar y bailar bajo la lluvia, literalmente y, en parte, lo corroboré la primera vez que, de niño, oí la canción que da título a la obra maestra de Donen y, algún tiempo después, visioné maravillado ese celuloide del director nacido en Columbia un 13 de abril de 1924.

DPH

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