El Grado cerró ayer sus fiestas mayores, en honor a la virgen del Viñero, y lo hizo con la celebración de la popular y ya tradicional Morisma, representación teatral que se recuperó hace doce años y cuyo argumento se ha adaptado a los nuevos tiempos para lanzar un mensaje acorde con lo que deben ser las fiestas, alegría, paz y solidaridad.

Ayer fue el día grande para El Grado y sus vecinos lo celebraron con la romería hasta la ermita del Viñero donde se celebró una misa. A su término, Los Titiriteros de Binéfar y varios vecinos recrearon la Morisma en la que se narra la batalla de las tropas cristianas por tomar el castillo musulmán de El Grado. En plena conquista, aparece la virgen entre hojas de parra y pide que cese la guerra, que el castillo se convierta en ermita donde adorarla y que de los viñedos de la zona se haga vino para dar de beber a todos en hermandad.

Las fiestas concluyeron con una comida popular, tras la cual se celebraron juegos tradicionales, el VIII Campeonato de tirada de dado (de grandes dimensiones) de parchís, y la carrera pedestre en torno a la Plaza España.

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