A la hora de construir una temperatura global debe tenerse en cuenta que las mediciones de temperatura que deben agregarse proceden de diferentes fuentes.  En general, las que se utilizan son: datos de estaciones en tierra, datos de satélite y datos de indicadores paleoclimáticos.

En los continentes, los datos proceden de varios millones de estaciones meteorológicas de los servicios meteorológicos nacionales, que utilizan con frecuencia instrumentos y procedimientos que difieren de un país al otro. De manera similar, el número de redes de estaciones difiere de una zona a otra y también ha evolucionado en el transcurso del tiempo.

Paralelamente, las lecturas de la temperatura de la superficie del mar se obtiene a partir de instrumentos de medida embarcados en boyas, sobre barcos científicos o comerciales y, desde los años 80, también con satélites meteorológicos.

Los satélites no miden directamente la temperatura. Van provistos de sensores que miden la energía radiante procedente de diversas fuentes emisoras en el sistema tierra-atmósfera. Las principales fuentes de emisión son la superficie de la Tierra, la atmósfera, las nubes y las zonas acuosas (mares, océanos, lagos, ríos, etc.).       Los datos de los satélites cubren prácticamente todo el globo terráqueo con una buena precisión y coherencia. La gran cantidad de información que aportan, en combinación con los nuevos modelos informáticos, permiten ofrecer análisis mejores y, en consecuencia, también pronósticos más fiables para periodos de tiempo más largos.

Para resolver la dificultad de la falta de homogeneidad de los datos, se utilizan procedimientos estadísticos complejos que se apoyan en un cuadro conceptual, ideado por matemáticos hace más de un siglo, precisamente con el fin de poder cuantificar la incertidumbre introducida en un cálculo de este tipo.

Este marco conceptual se funda en la teoría de las probabilidades. y permite obtener no solamente una cifra, sino también un margen de error que proporciona una indicación del nivel de fiabilidad del resultado. Sucede igual en múltiples ramas de la ciencia.

Pues bien, aunque es difícil obtener una estimación precisa del valor absoluto de la temperatura media global, sus variaciones en el transcurso de las últimas décadas pueden en cambio ser estimadas con una buena precisión.           Así, la temperatura media absoluta en el periodo 1961-1990 se estima en 14°C, con un margen de error de +-0.5°C. Pero el aumento de la temperatura media entre ese periodo y 2010 se estima en 0.53°C con un margen de error de +-0.09°C.

El margen de error en 2010 es suficientemente débil como para poder afirmar que el planeta se ha calentado en este periodo. Por otra parte, un cambio de muy pocos grados en la temperatura media global del planeta puede tener un gran impacto en el medio.

 Los registros de la temperatura global calculados por las distintas organizaciones que trabajan en la investigación climática son notablemente similares. Según las estimaciones, la temperatura media a escala global en 2018 ( OMM, Nº 1233) supera en 0,99±0,13 °C el valor de referencia que es el de la época preindustrial (1850–1900); y por tanto se dispone de evidencias de que el calentamiento global se está produciendo.

Las técnicas utilizadas por el NASA’s Goddard Institute for Space Studies (GISS), el National Climatic Data Center (NCDC) y otros grupos tales como el Hadley Centre/Climatic Research Unit de la Universidad de East Anglia (CRU) y el Australian Bureau of Meteorology son rigurosamente revisadas e, igualmente, los conjuntos de datos procesados se analizan cuidadosamente.

En el pasado mes de febrero[1] la OMM[2] alertaba de que el planeta había encadenado cuatro años de temperaturas récord  a causa del cambio climático. Desde 2015, las temperaturas que ha registrado el planeta han sido las más cálidas observadas desde que existen registros, es decir, desde 1850. Tanto en la superficie terrestre como en los océanos, el ritmo al que se está produciendo este calentamiento es excepcional.

El año 2018, la temperatura del planeta fue la cuarta más elevada en más de un siglo y medio, aproximadamente 1oC más que en la época preindustrial.            Aun así, es una cifra por debajo del récord del año 2016, que estuvo marcada por el fenómeno climático de El Niño, que impulsó el registro hasta 1.02oC.

En 2015 y 2017, fue de 0.90 y 0.92 ºC. La OMM cree que los datos muestran una tendencia preocupante y un ‘claro signo’ de la relación entre cambio climático a largo plazo y las concentraciones de gases de efecto invernadero. La tendencia de la temperatura a largo plazo es al alza. Hay que tener en cuenta, no obstante que según la OMM [3] los valores de referencia considerados significativos para comparar valores de los parámetros climáticos son, por ahora, los valores promedio del periodo 1961 a 1990, hasta que se establezcan los valores promedio del periodo 1991 a 2020 que serán los nuevos valores de referencia. Así, en el siguiente gráfico el valor cero de referencia corresponde al año 1961.

En el conjunto de los 138 años entre 1880 y 2018, hay 44 años por debajo de la línea de tendencia. Algunos, muy próximos, como los años 2017 y 2018 en que el incremento de temperatura fue negativo. Sin embargo, la media sigue indicando una tendencia claramente ascendente.

 

Gráfico de la Agencia Japonesa de Meteorología en el que se toma

                        como nivel cero de referencia la medición de 1991

 

La OMM recordó que 2019 se inició con un episodio de frío extremo en Norteamérica, el enero más caluroso en Australia –con temperaturas cercanas a los 50 oC- e intensas o copiosas nevadas en los Alpes o el Himalaya. Unos eventos que se suman a los acaecidos en 2018 y que afectaron a numerosos países y a millones de personas. Muchos de los fenómenos meteorológicos extremos corresponden a lo previsible en una situación de cambio climático.

Por último, se debe mencionar que el IPCC[4] en su Informe especial sobre el calentamiento global de 1.5 ºC  dirigido a los responsables políticos, entre los mensajes más importantes planteaba que la estabilización a +1,5°C exige reducir de una manera drástica las emisiones de CO2 y actuar igualmente sobre otras emisiones de los gases de efecto invernadero.

Hoy, los modelos científicos más fiables concuerdan en la hipótesis de que, si se supera el umbral de 1,5 o 2oC de calentamiento, el planeta entrará en un proceso irreversible de cambio climático e inestabilidad.

Valérie Masson-Delmotte, copresidente del grupo de trabajo I del IPCC afirma que desde el estricto punto de vista del funcionamiento intrínseco del clima, una estabilización a +1,5°C no es imposibleTodo depende de las acciones que se emprendan desde hoy hasta 2030.

Evidentemente, siguen existiendo incertidumbres y en el Informe Especial de +1,5°C, al igual que en anteriores Informes, cada conclusión se expresa con un determinado nivel de confianza y poniendo de manifiesto los límites de los conocimientos disponibles actualmente. Por todas estas razones, el IPCC está realizando en 2019 informes complementarios sobre este tema que requiere una atención permanente para asegurar unos grados de certeza suficientes y evitar interpretaciones dudosas o erróneas. 

[1] de 2019

[2] Organización Meteorológica Mundial

[3] Directrices de la organización meteorológica mundial sobre normales climáticas (2017)

[4] Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático

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