ESTA HISTORIA VA CONTIGO

El 20 de marzo de 1920 El Diario de Huesca titulaba su artículo de portada Aragón y los niños austriacos, un texto que se iniciaba así: “Según nos dicen, en Zaragoza ha cristalizado ya el hermoso y caritativo propósito de albergar en gran número niños y niñas de 8 a 14 años de los que existen en Austria, padeciendo hambre, frío y desnudez. Iniciada la idea por la sociedad Esperantista y secundada con entusiasmo por la población entera, con su arzobispo a la cabeza…” Los lectores actuales de Ronda Somontano quizás no estén al corriente de esta empresa llevada a cabo hace prácticamente un siglo, en la que los aragoneses mostraron su solidaridad acogiendo a niños desfavorecidos austríacos tras la primera guerra mundial. Mientras les refresco la memoria, permítanme que les explique algún detalle de una reciente estancia en Huesca.

A pesar de mis orígenes altoaragoneses (mi familia materna es de Buisán, término municipal de Fanlo), no conocía en profundidad la oferta cultural de Huesca capital, aunque sí estaba algo más familiarizado con la gastronómica… En todo caso, el pasado fin de semana tuve la oportunidad de enmendar este fallo por mi parte. A modo de ejemplo, mencionaré las visitas a la catedral y la parroquia de Santo Domingo y San Martín. También el Museo Arqueológico y el Pedagógico me parecieron dignos de una gran ciudad. En ambos, así como en otros puntos de la urbe, me sorprendió gratamente ver cómo todavía se le profesa cariño al gran artista e intelectual que fue Ramón Acín, pero también a Concha Monrás. Entre muchos otros detalles, en el Museo Pedagógico uno descubre el interés que tenía mi paisana barcelonesa por el esperanto, una lengua internacional muy popular en los años de entreguerras en la ciudad condal, pero también en Aragón. Cabe recordar la importancia de la sociedad zaragozana Frateco (fraternidad), fundada entre otros por Emilio Gastón y Pedro Ramón y Cajal, médico y hermano de Santiago.

AB ENERGÍA AIRE ACONDICIONADO

Justamente hace cien años el Grupo de Esperanto Osca renacía después de la contienda bélica, motivado por la presencia en el Alto Aragón de destacados esperantistas, como el comandante Julio Mangada Rosenörn, destinado a Jaca, o el Jefe de Aduanas de Huesca, el doctor vitoriano Roberto Maraury, colaborador de la Enciclopedia Espasa, para la que traducía cada uno de sus vocablos al esperanto. A ellos se sumaban otros idealistas, como el inspector de primera enseñanza José Artigas o la maestra Luisa García Caamaño. Todos ellos impartieron cursos y escribieron artículos destacando las bondades del idioma. Así, en la década de 1920 se podía aprender el esperanto en la Escuela Técnica, en la Escuela Normal, en el Colegio de Santa Rosa… El día 6 de enero de 1927, por ejemplo, leemos en la portada de El Diario de Huesca acerca de una conferencia sobre el esperanto que impartió en la Sociedad Oscense de Cultura el decano del colegio de abogados Manuel Maynar, quien sería también diputado provincial y regidor en el Ayuntamiento de Zaragoza. Participó también como conferenciante Emilio Amor, gobernador civil de Huesca y entusiasta esperantista.

Pensaba yo en estas cuestiones mientras me tomaba un café en el espléndido círculo oscense, el mismo edificio modernista que albergó dicha conferencia. Y me preguntaba si no tendría sentido dedicar al esperanto un espacio en el Museo Pedagógico de Aragón. Quizás, a propósito del centenario de la acogida de los 330 niños austríacos por familias españolas tras la Gran Guerra con la que iniciábamos este texto. Tuvo lugar entre 1920 y 1923, en coordinación con los esperantistas de la región austríaca de Estiria, y algunos de los niños se quedaron a vivir aquí de forma permanente. Organizó la operación desde Zaragoza Emilio Ugarte, abuelo del personaje homónimo que sería primer Justicia de Aragón tras el franquismo. He aquí un ejemplo no solo del valor pedagógico del esperanto, sino también de su potencial humanitario, que podría ponerse en valor en el citado museo.

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1 Comentario

  1. También tras la II guerra mundial hubo niños austriacos adoptados por familias aragoneses. Todavía vive una octogenaria austriaca adoptada por una rica familia barbastrense, que tenía una famosa joyería. Tiene acento aragonés, vive en Barcelona, y el color de sus ojos, pecas y tez denotan su origen centroeuropeo.

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