Hoy me levanto con una visión entre sorprendente y vomitiva, la portada del Marca me escupe a la cara la imagen de unos espectadores de la final de la Supercopa de España en (redoble de tambores trtrtrtrtr) ARABIA SAUDÍ. Que ya lo dijo Quevedo “Poderoso caballero es don dinero”.

La enorme foto nos muestra, ¡puaj!, un hombre con la camiseta del atlético y una mujer con burka negro y la camiseta del Real Madrid.

¿Dónde quedó nuestra responsabilidad por la lucha de los derechos humanos? ¿Nos importa el plástico que invade el mar pero no la igualdad? ¿Por qué no estamos en la calle protestando por la celebración de este partido?

Quizá aún el fútbol sea cosa de hombres…

El siglo XXI será recordado como la gran revolución de las mujeres. Del movimiento #MeToo al #UnViladorEnTuCamino. Las mujeres, con música, sonrisas y sin aspavientos, nos estamos posicionando. El día 8 de Marzo te estremece. Cada vez somos más. Somos solidarias. Nos movilizamos en la calle, en las redes. Luchamos contra las manadas, gritamos YO SÍ TE CREO.

Hablo de mujeres recordando a E.M. Foster, el autor que denunciaba la hipocresía a través de sus novelas. Por eso esa foto me recuerda a él. Por la hipocresía que esconde. Tiene una obra mi querido Foster que amo, adoro, admiro, Howards End. ¿Por qué? Porque me recuerda al movimiento de lucha de las mujeres.

Esta novela defiende el papel de la mujer en la sociedad con la inteligencia de quien sabe lo que hace en esto de escribir libros. El personaje de Margaret, casi arcaico se contrapone al de su hermana Helen. Y ahí, el maestro hace arte.

Porque Helen es moderna y descarada y hace contrapunto a una Margaret modosa en exceso que es quien nos da las claves para este alegato.

Margaret, con sus contantes “es lo que debe hacer una mujer en sociedad” nos está incitando a lo contrario. Desde su conformismo nos está gritando “no lo consientas”

“Cuanto antes mejor Henry, las mujeres no debemos decir esto, pero cuanto antes mejor”

Marcando el contrapunto Helen, y rematando la faena, el Sr Wilcox. Son los diálogos, tan cuidados que arrancan sonrisas, los que indican al lector lo contrario a lo que narran sus personajes. Que todos deberíamos ser iguales nos lo dice mostrándonos desigualdades. Que la mujer debe salir a la calle nos lo narra en el papel de Helen y su inconformidad. Que la desigualdad existía, y existe, nos los cuenta en el papel de una admirable Margaret, quien con ironía nos indica que las cosas no pueden seguir así.

Leamos Howards End, salgamos a la calle y, mujeres del mundo, hagamos el fútbol cosa de mujeres para que portadas como la de hoy no vuelvan a repetirse.

mantenimiento WP

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