A ti que te quejas del comportamiento de tus hijos, de lo que desordenan, de lo poco ni que colaboran en casa…
A ti que necesitas salir a trabajar para tomar un respiro, el respiro que no te permites tomar dentro de tu casa.
A ti que utilizas como vía de escape salir a pasear con el perro para desconectar de la banda sonora de llantos, rabietas, gritos que suena a ratos.
A ti te digo que todo ese caos externo es producto de tu caos interno.
No te das cuenta de que…
Tus hijos están vinculados a ti. Sus “antenas” extrasensoriales leen constantemente tu energía. Da igual lo que expreses, lo que captan es lo que sientes. Deja de darles mensajes mezclados, deja de huir de lo que sientes limpiando compulsivamente, haciendo listas interminables de tareas, en definitiva no parando como una manera de escapar de lo que bulle en tu interior y con lo que no quieres tomar contacto.
Te invito a parar, respirar, sentir toda la vorágine de tu interior, acepta lo que sientes, deja que salga, sin culpa, sin juicio… No te culpes por desear a ratos estar a solas, no te culpes por perder los nervios, no sabes hacerlo mejor, estás aprendiendo. Aplícate la comprensión que sueles tener hacia los demás. Deja de culparte y actúa, busca tiempo para poner orden en tu caos interno. Respira, siente, busca espacios para ti, date permiso para hacer aquello que te gusta y te hace sentir bien. Aprende a disfrutar a pesar de los platos sucios, la casa revuelta o las camas sin hacer… Es entonces cuando logras estar presente y disfrutar, cuando la calma te baña por dentro y por ende, baña tu hogar inundando de presencia a los tuyos. Entonces, misteriosamente, el tiempo antes escaso, parece estirarse y comienza a jugar a tu favor. Es entonces, solamente entonces cuando realmente VIVES.

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