No todos somos buenos

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No somos buena gente los españoles. Al menos no todos lo somos. Llevo varios días conteniéndome. No quiero escribir esta columna. Me conozco bien.

Sé que esta pandemia debería alejarme de la escritura. Soy temperamento y movimiento. Y estos días me han robado ambas cosas. 

CAMINO DE SANTIAGO

Decía Manuel Vilas en Ordesa algo parecido 

“No somos buena gente entre nosotros. Cuando salimos fuera parecemos buena gente, pero entre nosotros nos acuchillamos”

No quiero hablar de los españoles cuando llevo días pensando ciertas similitudes entre nuestra situación y el “Ensayo sobre la ceguera”, pero ayer los niños salieron a las calles y twitter ardió demostrando que Vilas tenía razón y Saramago era un visionario. 

Dejadme explicar mi argumento aún siendo consciente de que no debería… Más de 500. 000 tweets, se dice pronto, compartiendo 6 fotos de padres “irresponsables” saltándose las normas de la primera salida de los niños. 

Las mismas 6 fotos… Y España juzgando. Cómo nos gusta juzgar desde el balcón, cómo nos gusta juzgar desde el sofá. 

Gritos desde terrazas anónimas a los niños con discapacidad no siempre visible, grabaciones desde el móvil a los mayores que podrían salir por prescripción médica, fotos a los padres que hoy salían a la calle… Luego vendrán los deportistas y los primeros comerciantes que puedan abrir sus negocios. 

No somos buena gente entre nosotros. Y Vilas lo sabe. Y Saramago lo sabía. 

En su obra “Ensayo sobre la ceguera”, Saramago nos dibuja una extraña pandemia, la gente se contagia de una “ceguera blanca” de manera tan rápida que se decide el aislamiento. ¿Os suena? A partir de ahí, la crueldad. Gente juzgando gente, apoderándose del poder, violando, dando palizas. 

El tiempo libre da alas a la maldad y hacia ahí viajamos. Ojalá no finalicemos este viaje. 

Merece la pena leer esta obra y yo me pregunto, ¿por qué no leerá más la gente? 

Si todos hubiéramos leído las reflexiones de Vilas o esa forma en que Saramago transforma a las personas en seres primitivos a medida que aumenta la reclusión, no estaríamos actuando en estos momentos con crueldad. Dejaríamos, sencilla y llanamente, a la gente tranquila. 

Pero en España necesitamos nuestro minuto de gloria y estamos dispuestos a todo para conseguirlo. 

Perdonadme mis palabras, quizá la soledad me ha vuelto también cruel. Entended que yo solo quiero que seamos buenos entre nosotros, no meras sonrisas mostradas a la galería dando hachazos desde el anonimato. 

Perdonadme mis palabras porque Barbastro ha sido ejemplar. 

Perdonadme mis palabras. Pensemos. Leamos. 

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Disfruta de la lectura con Rita en http://www.palabrasencadena.com/

DPH BECAS ARTÍSTICAS

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