Deporte y coronavirus

Por Álvaro Burrell Bustos, diputado en las Cortes de Aragón

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RENOVE MARIÑO

El pasado 9 de mayo se publicaron las normas y condiciones que iban a regir el paso a la Fase I del proceso de desescalada. En el deporte también.

Antes de avanzar en estas reflexiones, debo recordar que el deporte es un fenómeno social, que al igual que un prisma, tiene múltiples caras. Bajo la misma palabra se acogen actividades físico/deportivas como ligas profesionales, actividades en la naturaleza, actividad en el domicilio, ligas escolares, sesiones de “gimnasia” para mayores, actividad deportiva competitiva etc. En definitiva, actividades físicas que se desarrollan en condiciones muy diferentes y con objetivos dispares como la salud (física y mental), la socialización, la educación y formación, el máximo rendimiento deportivo o el espectáculo.

No quiero profundizar más, pues podríamos dedicar centenares de páginas sólo a esta reflexión; pero sÍ quería al menos partir de la complejidad conceptual que se esconde bajo esta sencilla palabra, DEPORTE. Y por tanto la evidente dificultad de reglamentar cualquier aspecto que le afecte.

Durante el confinamiento hemos visto cómo el deporte, la actividad física, se ha convertido en una herramienta fundamental de miles de ciudadanos, que han incluido en su día a día una rutina de ejercicios y actividades de toda índole. Hemos visto a instituciones, deportistas y técnicos deportivos fomentar y promocionar esas rutinas diarias. Unas con un objetivo directo de ocupación del tiempo libre, de lucha contra este sedentarismo obligado, y también de bienestar psíquico. Otras con un objetivo más simbólico, con la intención de animar a aquellos deportistas –de todos los niveles- que han visto truncada su trayectoria deportiva, y a los que hay que hacer ver que hay un mañana, que todo continuará aunque sea de una manera distinta. En este punto creo que sería reseñable que todos aquellos que hemos hecho del deporte y la actividad física nuestro eje vital (personal y profesional), hemos obtenido argumentos (más que nunca) para poner en valor la riqueza de la actividad física para los seres humanos. Para poder revindicar la necesidad de invertir en “deporte” como herramienta única para el desarrollo de los individuos, por los beneficios múltiples que le proporciona en la triple vertiente física, psíquica y social.

En esta tormenta de ideas que me surge al escribir estas líneas, no puedo olvidarme de todos esos deportistas cuyas miradas estaban puestas en los JJOO de Tokio, que llevan meses y años de esfuerzo y sacrificio buscando dar lo mejor de sí mismos en esa cita deportiva representando a su país. Un varapalo emocional y psicológico de máximo nivel, pues no sólo se han pospuesto sino que ya se ha avisado que, de no existir una vacuna con el tiempo suficiente, podrían ser incluso suspendidos. Cuidado, no estamos hablando de dinero o de ganancias materiales, hablamos de autoestima, de relación esfuerzo/recompensa, de afán de superación… hablamos de DEPORTE (si con mayúsculas). Algunos podrán estar en Tokio 2021 o en Paris 2024, pero otros perderán el tren olímpico para siempre y tendrán que superar ese trauma con la misma entereza que en etapas anteriores la misma actividad deportiva ha forjado su carácter para enfrentarse a otros triunfos y derrotas.  

Volviendo a nuestra realidad más cercana, después de dos meses de confinamiento ya podemos salir al aire libre e incluso a centros deportivos a practicar ejercicio. Seamos prudentes, el virus sigue ahí, mantengamos la distancia social y extrememos las medidas de higiene. Los deportes en los que es difícil o imposible evitar el contacto tardarán en volver a escena, seamos pacientes… por larga que sea la noche siempre amanece, los deportistas que hemos competido lo sabemos bien.

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