Casino de Huesca. Ayuntamiento de Huesca.

En los ojos del turista duerme la esperanza de contemplar, de sentir, de escuchar algo nuevo. La globalización ha conseguido que todas las ciudades y todos los pueblos se parezcan. Según la Organización Mundial del Turismo, el impacto en 2020 del COVID-19 hará que descienda alrededor de un 30% el número de viajeros respecto a los valores del año 2019. El turismo es uno de los sectores más perjudicados por la pandemia, así que tocará reinventarlo, rediseñar nuevos procesos y evitar los espacios masificados. Por motivos sanitarios, estamos abocados a un turismo interno, de proximidad y más individual. En esta “nueva normalidad”, la tecnología puede convertirse en una gran aliada, ya que permite reducir el contacto y mantener la distancia con los demás. No se trata de competir, se trata de distinguirse del resto de territorios. Es un concepto básico del diseño que formuló Philipe Stark: la posesión de la diferencia.

Uno de los monumentos más visitados de Francia es el Palacio Ideal, construido en la región de Drôme por el cartero Ferdinand Cheval, entre 1879 y 1912. Al que consideraban el “tonto del pueblo” convirtió su caprichosa construcción es uno de los motores turísticos del país galo.

Durante años, la provincia de Huesca ha vivido de espaldas al turismo. El ejemplo que describe nuestra relación con el turista es el cartel de la puerta del casino de Huesca, del Círculo Oscense: “Se admiten visitas”. Puedo imaginar el mismo cartel en la Torre Eiffel de París o en la Alhambra de Granada: “Se admiten visitas”. El antiguo edificio del Casino de Huesca, propiedad del Ayuntamiento, está declarado Bien de Interés Cultural desde 2007 en la categoría de Monumento, y es uno de los pocos edificios modernistas que conservamos, uno de los lugares más bellos y menos visitados de la ciudad de Huesca. En ese espacio tres oscenses hicieron tablas con el seis veces campeón del mundo de ajedrez Anatoly Kárpov. Allí donde investigas siempre aparece una historia interesante.

En este tsunami sanitario que afecta a la economía, a la cultura, al turismo, a la vida tal y como la conocíamos, debemos reinventarnos. Tenemos una gran riqueza de patrimonio material e inmaterial, y podemos contar otras cosas y de forma distinta. Hay una tendencia hacia el turismo de proximidad, verde y sin prisas, un turismo de experiencias, un turismo de curiosidad, que por un lado muestre cada ciudad, cada pueblo, desde otra perspectiva y por otro proporcione autoestima a la población.

Por todo ello, y para potenciar un nuevo turismo y el comercio local, desde el grupo municipal Con Huesca Podemos Equo hemos propuesto la realización de un proyecto turístico multidisciplinar en el que se muestre el patrimonio oscense, material e inmaterial, a través de una aplicación móvil, que invite a visitar la ciudad de Huesca de manera individual o en pequeños grupos. Esta aplicación nos acompañará por la ciudad, haciendo especial hincapié en los siguientes aspectos del patrimonio: PATRIMONIO INVISIBLE: guiaremos al turista por un mapa prediseñado que le llevará a establecimientos, edificios y calles de Huesca, y allí, mediante la aplicación, descargará un código QR en su teléfono inteligente que le permitirá recibir, con la voz de expertos y protagonistas, historias y anécdotas, con el objetivo de generar una experiencia distinta. Tenemos la obligación de compartir con el turista que personajes de la talla de Federico García Lorca, Josephine Baker, Ridley Scott, Anthony Quinn, Ramón J. Sender, Carlos Saura o Santiago Ramón y Cajal, convivieron o pasaron por nuestra ciudad. De esta forma conseguiremos que el visitante descubra una ciudad diferente a lo que muestra el turismo convencional, y que las vecinas y vecinos se sientan orgullosos de ese “patrimonio invisible” que nunca hemos enseñado y que le otorga una nueva dimensión. El modelo es extrapolable a toda la provincia de Huesca. Al turista le gustará conocer de primera mano que Charlton Heston presentó una serie de ópera para la BBC en el Castillo de Loarre. Que los pintores Ignacio Zuloaga o Joaquín Sorolla visitaban o veraneaban en la provincia. Que Leonard Cohen estuvo en Binéfar. Le gustará descubrir a inventores, médicos, investigadores…el anecdotario es casi infinito.

La crisis provocada por el Covid-19 también puede ser una oportunidad que nos obligue a replantear un nuevo modelo turístico, un modelo con prácticas ecológicas que reme en una dirección: cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Un turismo slow, que invite a vivir sin prisas, disfrutando de cada espacio, con una actitud de viaje distinta a la tradicional. El decrecimiento turístico ya era necesario antes de la pandemia. Tenemos un gran patrimonio visible e invisible, y debemos dotar a cada ciudad, a cada pueblo de un traje adecuado, hacerlo interesante a ojos del turista. Porque, igual que la ciudad donde se hacía el servicio militar se odiaba para siempre, el turista insatisfecho no regresa.

 

 

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