Se llamaba George Floyd, norteamericano, negro. Se ganaba la vida como guardia de seguridad en un restaurante y era muy apreciado por todos sus compañeros de trabajo. Fue detenido a las puertas de un comercio. Dicen que el billete con el que pagó la compra de una mercancía no era de curso legal. No ofreció resistencia, pero fue lanzado al suelo y el policía que lo detuvo, lo inmovilizó poniéndole sus rodillas sobre su cuello. Al cabo de unos minutos no pudo respirar e imploró e imploró para poder hacerlo. El policía y tres de sus compañeros hicieron caso omiso. Allí mismo falleció, es decir fue asesinado impunemente.

Es lo mismo que le sucedió en el año 2014 a otro negro, un tal Eric Gatner. Fue en Nueva York y por más que suplicó a la hora de ser detenido murió asfixiado. Entre ese año y la actualidad- y todos lo hemos podido ver muchos casos en la televisión- casi 700 negros han sido abatidos a tiros por la policía en Estados Unidos, muchos de ellos sin ofrecer resistencia de ningún tipo.

CAMINO DE SANTIAGO

Son muchas las ocasiones en que se han generado graves disturbios por estas actuaciones policiales, pero esta vez la revuelta ya está adquiriendo proporciones alarmantes : Minneapolis, Atlanta, Los Angeles, Denver, Nueva York y otras capitales del país. Han ardido comisarias, vehículos, y algún que otro grupo fascista en el país de las armas, como en Detroit, ha disparado contra un manifestante ; otros han sido objeto de intentos de atropello por automovilistas contrarios a las protestas.

La prensa española apenas informa. La revuelta por ahora ( en varias ciudades se ha decretado el toque de queda y ha sido llamada la guardia nacional para preservar el orden) está en plena expansión y así lleva cuatro días. La mayoría de los manifestantes son negros o latinos.

Que la policía en los Estados Unidos es brutal y racista en gran parte, ya lo sabe cualquier observador, pero lo llamativo en este caso es el contexto en que se produce la revuelta.

Con un psicópata en la Casa Blanca, los infectados por coronavirus ya han superado la cifra de 1.700.000 y los muertos ascienden a casi 109.000. Puede decirse que un tercio de los infectados y fallecidos mundiales, pertenecen a los Estados Unidos. Y lo peor. En aras de los sagrados principios del mercado, siguen a esta fecha sin adoptarse en muchos estados las medidas sanitarias para atajar la pandemia. Se puede decir que en estas fechas la epidemia no está detenida, ni muchísimo menos. Mas bien tiende a seguir creciendo.

A todo ellos hay que añadir que 40.000.000 de millones de estadounidenses ya han pasado a engrosar las filas del desempleo y percibir ( cuando lo perciban) los ridículos subsidios previstos en la legislación de ese país.

Negros nubarrones se proyectan sobre el imperio. Su industria de obtención del petroleo por el método de fraking está en la ruina. El procedimiento de extracción por este sistema es además de contaminante, muy caro y sólo puede sostenerse con los precios de petróleo por las nubes. Algo que no sucede, sino todo lo contrario, ante la falta de demanda mundial por origen de la pandemia. Se ha llegado al supuesto en semanas anteriores a estas fechas de pagar a los compradores para adquirir este petroleo, pues cerrar estas explotaciones y luego ponerlas en marcha, resultaría mucho más caro.

El imperio está en crisis. Como le ocurriera a España ha llegado a su máxima expansión sostenible y ahora solo le cabe que retroceder, después de haber sido parado en Siria, empantanarse en Afganistán de donde no sabe como salir, amenazar en vano a Corea del Norte e Irán, y finalmente hacer el ridículo con Venezuela. Ni siquiera se ha atrevido, ante el anuncio de una contundente respuesta por parte de Irán, a detener el trafico petrolero entre esta nación y el país caribeño ( ver mi artículo en mi blog,  laquenosvieneencima@blogspot.com, titulado días decisivos).

Como le dijera el Conde duque de Olivares a Felipe IV en el ocaso del imperio español, lo último que debe perder un imperio es su reputación. Y así, entrando en todos los charcos y guerras exteriores, sin atender la industria y riqueza nacionales, menos todavía a sus nacionales, entró en caída libre España y sin reputación ( esta vez de verdad) alrededor del 1640.

Por otra parte, China ya ha superado o está a punto de superar en producto interior bruto a EEUU e igualmente ya lo sobrepasa en  el registro de nuevas patentes. También Rusia, ya ha superado a los Estados Unidos en tecnología armamentística.

Y esta crisis le llega al gigante americano en medio de un desorden social interno mas que llamativo. Hoy EEUU en una nación muy mal vertebrada, desigual e injusta para gran parte de sus nacionales a los que ni atiende ni cubre, como si fueran ciudadanos de otro país. Gran parte de sus amplias minorías negras y latinas ya no se reconocen en el proyecto común a base de maltrato y racismo, y la enemistad entre estas y una parte muy importante de la población blanca, de origen anglosajón y protestante resulta cada día mas evidente y en ocasiones violenta. Es como si cada día que pasa se abrieran, con la llegada de Donald Trump, la existencia de dos naciones en una sola, con particularidad de que una y otra no se soportan.

Es como si la mayoría de los norteamericanos ya supieran de sus propias fallas como pueblo: población excesivamente obesa, consumo de drogas disparado, inexistencia de un seguro médico que les cubra, muy bajo nivel cultural, salvo el de sus élites, ingentes cantidades destinada a armamento, nulos derechos sociales, etc. Gran parte de la su población tiene miedo en estos momentos. La compra de armas se disparó- y continua- apenas apareció la pandemia en el horizonte.

Son los propios estadounidenses con su pánico los que se temen lo peor. Mas de uno barrunta que algo no va bien. A medio plazo si las cosas siguen así, no es descartable una guerra civil en los Estados Unidos. Al fin y al cabo ya tuvieron una y bien sangrienta en la segunda mitad del siglo XIX. Algunos estados del sur, psicológicamente aún no la han superado.

Laquenosvieneencima@blogspot.com

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