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Un familiar conversa con un anciano de la residencia.
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Dirigir sinceros aplausos a los responsables políticos no resulta habitual. Es más fácil  que se encuentren con reproches o adulaciones interesadas.

El elogio de  acciones o de personas, no solo es infrecuente, sino que puede decirse que no está bien visto (salvo en el último caso y mediando la muerte del elogiado). Pero la felicitación del trabajo bien hecho (o incluso, a veces, solo del trabajo) debería ser tan obligada como la crítica de los desaciertos. Ambas son necesarias porque la ausencia de esta última conduce a la indolencia y a persistir en el error; la falta de reconocimiento puede llevar al desánimo.

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Las situaciones  que se han padecido en muchas residencias de España nos han sobrecogido a todos. Por fortuna aquí no hemos vivido ninguno de esos episodios. Es una alegría que en la Residencia Municipal de  Barbastro ninguno de los ancianos haya resultado contagiado por el maldito coronavirus.

Por ello, considero que es justo reconocer la buena labor del ayuntamiento en este centro de su responsabilidad.

No hay duda de que el mérito principal corresponde a los trabajadores de la residencia que con su labor diaria han demostrado una profesionalidad y humanidad encomiables. Pero sin el soporte y aliento (que nos consta) de los responsables municipales todo hubiera sido más difícil.

Se ha actuado con prudencia; se han cumplido las normas con escrupulosidad y se ha empatizado con los residentes y sus familiares. También se ha contado con la buena fortuna. Un  accidente hubiera podido desbaratar el más completo de los planes  y la mejor de las voluntades. Todavía es muy pronto para cantar victoria y cualquier imprevisto podría hacer olvidar estos aciertos. Esperemos que nunca suceda.

Por supuesto la felicitación se extiende  también  a las empresas  o instituciones que gestionan las  demás residencias de nuestra ciudad y que han cuidado con mimo a otros conciudadanos.

Soy consciente de las dificultades que comporta gobernar y de los obstáculos que requiere derribar o sortear y de los cuales, muchas veces, no se tienen noticias. Por eso es conveniente elogiar cuando se merece, pero sin olvidar que hay que hacerse digno de las alabanzas y también huir de ellas.

Mujer Rural

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