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Ángel Huguet Ascaso, el omnipresente corresponsal del Somontano de Barbastro, sopla este miércoles 70 velas que, conociendo su fuerza, apagará de una tacada. Un niño si lo comparamos con las decenas de centenarias -y algún centenario- de la comarca cuyas longevas cuitas ha propagado. Un chaval si contemplamos el entusiasmo juvenil en el desempeño. En plena adolescencia de su faceta divulgadora porque le acompaña una pasión desbordante. En pletórica madurez porque más de medio siglo de la crónica social, cultural, deportiva y política le ha conferido una sabiduría que, con plena generosidad, nos transfiere inasequible al desaliento. Su único freno reciente, el confinamiento que le tenía retenido fuera de las calles, el hábitat en el que su raza de periodista vocacional abraza el desempeño más virtuoso.

Ángel Huguet nació el 24 de junio de 1950 de María Cruz Ascaso Sauqué y Ángel Huguet Jordán, servidor de la causa desde su establecimiento de venta de prensa entre otros artículos.

FRANCO MOLINA CENTRAL

El don de la observación le ha acompañado siempre, y se reflejó en su primera colaboración, en El Cruzado Aragonés, en noviembre de 1968. Audaz, firmó el 11 de mayo de 1969 en Nueva España, el predecesor de DIARIO DEL ALTOARAGÓN, y para entonces ya había oficiado sus pinitos en la radio, medio en el que ha estrechado grandes amistades, primero con la saga de los Cortijo, hoy con todas las emisoras barbastrenses pero singularmente con Pepe Sánchez de Radio Barbastro, tan dúo dinámico como lo fueron Manolo de la Calva y Ramón Arcusa.

Encontró su hueco laboral en el Banco de Huesca, posteriormente BBVA tras absorciones y fusiones, pero jamás abandonó su devoción periodística que practicó religiosamente. Incluso sumaba las cámaras con Teleferma y posteriormente Canal 25 de otro imprescindible entre sus amistades, José María Santolaria. Y, en un equilibrio acrobático, seguía con El Cruzado Aragonés y con DIARIO DEL ALTOARAGÓN de Antonio Angulo, donde tiene legión de amigos.

Obviamente, Ángel Huguet ha disfrutado de una vida privada intensa, con su querida MarichelBarrabés, con la que ha “babeado” con sus dos magníficos hijos, Emilio y Pilar, filas familiares en las que se encuentra Ana Rivera, esposa del primogénito y que le ha hecho abuelo de Elías, el niño de sus ojos.

Su voluntad de participación social le ha hecho subir el Aneto -hoy sigue con retos un poquito menos exigentes- con Montañeros de Aragón de Barbastro. En sus escapadas a la casa familiar de su alter ego Marichel en Campo, las cuestas del Kaixiga todavía doblan la rodilla ante su empuje. No todo ha de ser esfuerzo, y por eso se le ha visto muchos años bailar como buen ferranquero en las fiestas, pero puede presumir de haber colaborado con la práctica totalidad de las peñas barbastrenses que han reconocido su aportación generosa. De hecho, Ángel empieza las fiestas ya en la presentación de las Damas, días antes del periplo de festejos tras la feria, otra gran referencia. Con justicia, recibió el Premio Ferma.

Pero no todo en la vida son cimas y fiestas. Incluso no todo es Barbastro, aunque los barbastrenses sean como los de Bilbao, que nacen donde quieren… que en el caso de Ángel fue, precisamente, Barbastro.

Ángel Huguet ha visto nacer todos los grandes vectores de desarrollo de la comarca del Somontano, y ha contribuido decisivamente a través de sus artículos cuando el valor se demuestra en creer en algo que está en mantillas. Suyas fueron las primeras crónicas sobre el Vino del Somontano, el Tomate Rosa de Barbastro, la Asociación de Empresarios de la Sierra de Guara, Torreciudad, el aceite, las ferias, los quesos artesanos, las pasarelas de Alquézar, las empresas… Y siempre al pie del cañón, a golpe de zapatilla, a pecho descubierto.

En el inagotable libro de servicios de Ángel, una parte le conduce al cielo que verá dentro de muchas décadas. Ha vivido en directo beatificaciones y canonizaciones como las de San Josemaría, El Pelé, los Mártires Claretianos y un santoral entero, que envuelven de virtud celestial las tentaciones terrenales de Barbastro. De su pluma, con fuentes a las que siempre se muestra agradecido, han brotado las mejores crónicas sobre la normalización de los límites eclesiásticos y el enojoso litigio por los bienes. Como en la vida, con sus decepciones y sus satisfacciones.

Ha tenido la oportunidad de saludar al papa Juan Pablo II y de entrevistar a personajes como Camilo José Cela, Julio Iglesias, Rafael, Louis Van Gaal, Luis Enrique y Javier Clemente. Pero, cuando se cumplen años, las más gratificantes son las de las personas a las que se admira en la corta distancia, sus obispos, entre los que don Ángel Pérez figura en un pedestal (justísimo), o “el cura Cabrero” por el que siente indisimulada admiración. Tiene su explicación: Ángel fue monaguillo en los Misioneros y los hábitos le inspiran la fe. Los estudios en Escolapios también influyen.

Ángel se ha ganado el derecho de celebrar este miércoles sus 70 años. Con unas buenas patatas bravas y un tinto Somontano. Y con la familia. Y, en esta maldita distancia social, con todos los que le queremos. Felicidades. ¡Qué suerte seguir disfrutándote!

 

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