RENOVE MARIÑO

En nuestro día a día tendemos a juzgar o criticar todo aquello que no encaja con nuestra particular manera de ver las cosas. De este modo, nos vemos envueltos en relaciones complicadas con la familia, amigos, vecinos, compañeros de trabajo…y de forma, espontánea vamos colocando etiquetas: este es un borde, la otra va de víctima, es un amargado, etc.

No nos damos cuenta que aquello donde ponemos nuestra atención crece y que si algo nos altera es porque tal vez estamos resonando en algún nivel con ello, de lo contrario no nos suscitaría emociones negativas intensas.

En el fondo no somos tan diferentes, tenemos mucho en común. Todos nacemos puros y auténticos, tan solo hay que ver la mirada de un bebé y observar cómo arranca en la mayoría de personas una sonrisa ¿por qué? Porque ellos nos conectan con la luz, la inocencia y el amor que somos. Nos reflejan nuestra belleza interna que a a menudo nos cuesta reconocer por la cantidad de heridas que arrastramos.

Lo que se interpone entre nuestra paz interior y nosotros son las heridas de la infancia.
¿Cómo sanarlas? Reconociendo, recuperando y sanando a nuestro niño interior, éste es nuestro Ser emocional que comenzó a gestarse en los primeros 7 u 8 años de vida. Cada vez que nos enganchamos a pensamientos negativos, reaccionamos, nos enfadamos o perdemos el control está tomando el control el niño lastimado que vive en nuestro interior.
Antes de juzgar/juzgarte observa cómo detrás de cada reacción se esconde una herida. El perdón llega cuando comprendes que no había nada que perdonar sino algo que comprender.

Cuando somos capaces de sacar de nuestra mazmorra oscura a nuestro niño interior, empezamos a liberarnos del dolor, del juicio, de la crítica, de la necesidad de perfeccionismo, de la rabia… Y automáticamente empezamos a mirar a los demás con la misma compasión y comprensión con la, que ahora nos miramos a nosotros mismos.
Pilar Pera

DPH SONNAR

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