Pedro Casaldáliga.

Pedro Casaldáliga, obispo emérito de la Prelatura de San Félix de Araguaia (Mato Grosso) y Misionero Claretiano falleció el pasado 8 de agosto en Sao Paulo con 92 años de edad. El aclamado como “obispo de los pobres” por su intensa labor social tuvo vinculación muy directa con Barbastro durante su estancia en los Misioneros. En la ciudad realizó su labor como prefecto responsable del Seminario Claretiano, durante la etapa del rector José María Mir, director y fundador de la revista “Palaestra Latina”.

Monasterio de El Pueyo. Ronda Somontano.

En el monasterio de El Pueyo donde residió Casaldáliga compuso el poema “Los olivares de El Pueyo” que destaca entre las invocaciones habituales en la romería por Lunes de Pascua. Además, escribió poemas dedicados a la Virgen del Pueyo entre su densa y prolífica trayectoria de religioso, escritor y poeta con más de 50 obras publicadas, algunas en prosa.

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En el ámbito de Barbastro realizó una destaca labor social y entre otras iniciativas, impulsó los Cursillos de Cristiandad donde involucró a la Guardia Civil, entre otros, según recuerda José María Beruete, director del Museo de los Mártires Claretianos “su capacidad para convencer era grande y recuerdo que se hizo muy conocido a nivel social como educador de los postulantes en el Seminario y por su labor en la ciudad”.

En la misma línea recordó un hecho que habla del gran perfil personal de Casadáliga, “en mi etapa de párroco en Liri, Arasanz, Erestué, Ramastué y Sos tuve que incorporarme al servicio militar y le llamé a Madrid para que me supliera durante ese tiempo y vino enseguida. En Castejón de Sos le esperaban vecinos de los pueblos, autoridades y mucha presencia de la Guardia Civil, fue un recibimiento entre aplausos digno de una autoridad y le sorprendió mucho cuando bajó del coche de línea con la maleta”.

De la estancia en Barbastro se recuerda su labor como fundador y director de la Revista “Iris de Paz” que continuó en Madrid hasta su traslado a Brasil donde le ordenaron obispo enseguida. Se llevó consigo al hermano Manuel Luzón que era el conductor del vehículo de los Misioneros en El Pueyo y fiel servidor a quien ordenó sacerdote”.

El claretiano Beruete señaló que “la muerte de Casaldáliga nos ha dejado el recuerdo de una gran persona que dedicó parte de su vida a la defensa de la justicia social, en Barbastro le conocían todos y en Brasil le quisieron como a un Dios en la tierra”. A partir de su traslado como misionero, en 1968, nunca perdió el contacto con Barbastro y cuando fueron necesarias, pidió ayudas a amigos en quienes encontró justa correspondencia.

Casaldáliga siempre llevó consigo a Barbastro, a los Mártires Claretianos, al monasterio y la Virgen de El Pueyo porque dejaron “recuerdos imborrables” en su labor social. A nivel internacional, en año 1989, se organizó una campaña para la concesión del Premio Nobel de la Paz sin resultados prácticos.

“Pastor, poeta y profeta”

Ángel Pérez, obispo de Barbastro, le definió como “un verdadero pastor, poeta y profeta. ¡Qué bendición esta Diócesis nuestra de Barbastro-Monzón que ha sido regada con la sangre de innumerables mártires, santos y fundadores. Ahora habría que añadir, poetas y profetas”. Su vida y su ministerio poético-profético fue siempre un verdadero referente en mi etapa de seminarista y sacerdote joven”.

Pedro Casaldáliga.

En la misma línea, “no tuve suerte de conocerlo como muchos diocesanos que lo vieron como formador de claretianos en el monasterio de El Pueyo. Yo me conformo con leer algunos de sus poemas. Pastor con entrañas de madre, siempre velando por sus hijos los más pobres”. La estancia de Pedro Casaldáliga en Barbastro coincidió con la etapa del obispo Jaime Flores Martín (1960-1970).

Por su parte, el empresario barbastrense Enrique Albert tuvo relación fluida con Casaldáliga a quien recordó en estos términos, “ya venía de la gran amistad con mi padre durante su estancia en Barbastro como formador de seminaristas. La comunicación fue muy afectuosa mientras fue posible y la evolución del parkinson se lo permitió. Barbastro, El Pueyo y su Virgen siempre formaron parte imprescindible de su geografía sentimental y espiritual”. En cuando su exégesis del Evangelio “la proclamó cada instante de su visa, siempre y hasta el último aliento al lado de los pobres, los humildes y los perseguidos en su extensa diócesis de la Amazonia”.

En el Vatican News destacaron de Casaldáliga “la lucha incansable por los más vulnerables” y “el adiós al religioso poeta” que escribió “cuando yo llegue, en la noche, al fin de todo mi anhelo, dame tus brazos. Puerta del Cielo” escrito en el monasterio para rubricar “Los olivares de El Pueyo”.

DPH

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