El tema de la despoblación, en España, lleva unos años que está en el centro del debate nacional. De repente, es como si nunca hubiera habido despoblación, nos aparece por generación espontánea y hay que lidiar con ella. La última crisis seria fue un aviso a la sociedad. Entre otros, un libro de Sergio del Molino, “La España vacía”, de alguna manera, se hace eco del problema. Poco después, hay opiniones que no les gusta lo de “España vacía” y lo transforman en el de “España vaciada”, quizá intentando buscar a los culpables, no tanto a las causas, de este vaciamiento. Aparece, también, un nuevo concepto, que pretende ser una de las soluciones, la repoblación. La palabra puede entenderse como correcta, pero a los que ejercen la ruralidad como forma aceptada de vida les suena muy mal, sobre todo, por sus connotaciones con las repoblaciones de animales, que, por cierto, no suelen funcionar demasiado bien. Lo evidente es que la despoblación no responde a una foto fija ni aparece como un virus espontáneo. La despoblación es un proceso que se ha estado gestando durante muchos años y, especialmente, durante gran parte del siglo pasado. Como es un proceso lento, el problema estaba arrinconado, hasta que no ha habido más remedio que reconocerlo, aceptarlo e intentar paliar sus efectos demoledores. El fenómeno de la despoblación y aspectos colaterales, en la actualidad, intuimos que tiene serias dificultades de concreción, pues es un tema con muchas aristas que deben pulirse convenientemente.

Ciñéndonos a nuestro Somontano, la población de todos los pueblos  de la comarca es de menos de mil habitantes, excepto Barbastro, que requiere un análisis diferente. En esa estructura de pueblos es donde la despoblación se ha visto con más amenazas. No haremos hincapié en inferencias de tipo social, ni económico, ni político, ni cultural. Aunque lo anterior puede ser lo más importante y se podría entrar en ello, lo cierto, es que, para abordarlo, haría falta otro tipo de análisis; solo intentaremos reflejar la evolución de los datos desde una vertiente cuantitativa. Temas de natalidad (con descenso pronunciado en la civilización occidental), de mortalidad, de longevidad, del análisis por sexos, de la masculinización potencial en algunos pueblos, en definitiva, lo que conlleva el envejecimiento paulatino de la población, que para todos parece evidente, los trataremos muy de soslayo pues es arduo analizar esas cuestiones con todas sus vertientes.

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Datos de la población de los pueblos del Somontano, desde finales de siglo XX (1998),  hasta la actualidad, 2019
Datos de la población de los pueblos del Somontano, desde finales de siglo XX (1998),  hasta la actualidad, 2019

En la imagen se presentan los datos de la población de los pueblos del Somontano, desde finales de siglo XX (1998),  hasta la actualidad, 2019. Sobre estos datos vamos a comentar ciertos aspectos que nos parece interesante resaltar. Los datos y, otros que no se recogen, tienen como fuente el I.N.E. (Instituto Nacional de Estadística). De los 29 pueblos que componen la comarca del Somontano, en términos cuantitativos se observa como solo 5 pueblos suben de población, entre los que está Barbastro; hay 20 pueblos que bajan, que en definitiva marcan la tendencia, y hay 4 que se mantienen, en este periodo. En 20 pueblos se muestran  pequeños altibajos en la evolución de su censo y 9 pueblos que varían (normalmente bajan) de una forma homogénea. Mientras que en 8 pueblos la tendencia dice que repuntan población en los últimos años, hay 7 pueblos que esa tendencia no está muy bien definida y en 14 pueblos que no se muestran atisbos de recuperación.

Evolución de la población del Somontano
Gráficas de la evolución de la población en la Comarca del Somontano, con y sin Barbastro

En el análisis de la población por sexos, cuestión no perceptible en la tabla, en 19 pueblos hay más hombres que mujeres, pero no es muy considerable la diferencia; en 7 pueblos hay más mujeres que hombres, tampoco nada considerable, excepto en el caso de Barbastro, donde la diferencia es significativa, casi 500 mujeres más que hombres; además, en 3 pueblos hay la misma cantidad de personas de ambos sexos. Los pueblos que aumentan su población, presentan peculiaridades o algún matiz que vamos a resaltar. Barbastro, sin entrar en otras consideraciones, al ser la cabeza de la comarca, es el único pueblo que ha crecido de una forma significativa, aunque en los últimos años se ha estancado. Está en el nivel de pueblos grandes, más de 15.000 habitantes, en los que la despoblación no afecta todavía o, su afección, se desarrolla de otra manera. Con ello tampoco se detecta, aunque se debería analizar en otro contexto, que crezca al ritmo de pueblos de su nivel social, económico y demográfico. Alquézar, Adahuesca y Bierge son pueblos del entorno de la zona de Guara que presenta mucho dinamismo por el turismo. Estada y Peraltilla tienen muy buenas comunicaciones con Barbastro y otras zonas con expectativas económicas.

La población mundial, todavía está creciendo a un ritmo grande, en todo el siglo XX y comienzos del siglo XXI; Europa, nuestra civilización occidental, está mucho más estancada, aunque creciendo;  España todavía crece a un ritmo considerable, sin duda, teniendo como mayor fuerza la de la inmigración;  lo mismo que Aragón en su conjunto, que aunque crece a un ritmo más lento, todavía se debe tener en cuenta. Al fin, llegamos al último eslabón que nos interesa que es el Somontano. Los datos son demoledores, la población del Somontano sin Barbastro, en el siglo XX, se redujo al 30 %. En lo que llevamos de siglo XXI, ha bajado un 14 %. En el gráfico de la evolución de la población del Somontano se ve un aumento considerable (llega hasta un 10 % más desde sus comienzos) para pasar luego a un paulatino descenso. Al final, aunque sin definir todavía se ve un pequeño repunte. También es cierto, a nivel cuantitativo, que todo el aumento, en esencia, está en Barbastro. Si nos fijamos en el gráfico en el que no aparece Barbastro, es decir, solo localidades de menos de quinientos habitantes, con alguna excepción, se observa el paulatino descenso, muy preocupante. Debemos tener en cuenta, que el efecto fuerte de la despoblación es mayor si el pueblo tiene menos habitantes, pues, como ocurre a nivel general, en pueblos de menos de mil habitantes el efecto de la despoblación se suele manifestar en toda su crudeza, aunque puede haber excepciones por causas especiales. Todo lo anterior, se agrava considerablemente si analizamos la media de la edad de las poblaciones. Esto merece una profunda reflexión, pues es una media excesivamente alta, lo cual nos introduciría en la longevidad y en el envejecimiento, dos conceptos muy actuales e importantes. De los datos estudiados de la provincia de Huesca en su conjunto, se aprecia con claridad esta variable. La media de la edad en el año 1975 era de casi 38 años. A comienzos de siglo XX había crecido hasta casi 44 años. Pero es que, en los que llevamos de siglo, ya ha crecido dos años más, casi 46 años. En pueblos de menos de 100 habitantes, la edad media es de 55 años. En pueblos de entre 100 y 500 habitantes (la mayor parte de los pueblos del Somontano) está en casi 51 años (en análisis hechos, los datos de nuestro Somontano van por esta línea, pueblos con algo más de 50 años de media). En pueblos entre 10.000 y 20.000 habitantes, la media de la edad se reduce a 43 años.

Finalmente, se exponen una serie de reflexiones que se pueden tener en cuenta para valorar el tema que nos ocupa de la despoblación y, más particularmente, la despoblación de nuestro Somontano de Barbastro.

No hay relevo generacional. Lo cierto es que es una verdad incuestionable y se ha notado más en los pueblos, donde debía haber ese relevo para la continuidad del patrimonio o empresa familiar, lo que  redundaría en el aspecto económico y poblacional.

En la actualidad sigue primando ir a grandes ciudades o grandes núcleos de población. Incluso, en muchos casos, la despoblación se provoca desde dentro. Se prefiere ir a grandes núcleos de población y llevar una vida con más oportunidades económicas o de desarrollo personal, en vez de  permanecer con, sencillamente, buenas expectativas.

La tecnificación de los procesos en el mundo rural, como en otros sectores, ha llevado a que una persona o un entorno familiar reducido, pueda manejar una explotación agraria grande (un buen número de granjas o una considerable cantidad de hectáreas de cultivo) sin la necesidad de trabajo ajeno. Hacen falta, además, otro tipo de inversiones en el mundo rural que redunden en trabajo digno y fijen población.

Hay una gran pérdida de talento. Los grandes núcleos de población o zonas más ricas van absorbiendo  el talento de una forma natural. En esa línea, hay comunidades autónomas más ricas que se llevan el talento (en el periódico El País, del día 6 de febrero de 2020, aparece un artículo titulado: “Madrid se queda con el talento de la España vacía”). Pero no acaba ahí, pues se nos está yendo al extranjero mucho talento generado en España. Formamos muy bien a nuestros jóvenes, se van y ya no nos revierte su talento. Eso ha pasado y sigue pasando en los pueblos, es decir, ha habido despoblación y se ha ido la parte más cualificada. Y también está ocurriendo en España.

Se cree que Internet puede fijar población en los núcleos rurales y en esa línea se puede y se debe trabajar, pero, aún con esa herramienta, sigue siendo muy dominante establecer los centros de trabajo en las grandes ciudades antes que en las zonas rurales.

De la forma tradicional de vida rural, aunque ha evolucionado mucho a través de los tiempos, la esencia se está acabando, se está muriendo. Quizá ya lo ha hecho hace un tiempo. Está muriendo lo que era una forma especial de vida. Hay bastantes cambios económicos y sociales que, de alguna manera, propugnan un cambio fundamental que debe dar lugar a que los pueblos pequeños tengan un nuevo significado (entre otras muchas cosas, lo que antes era agricultura, ahora es turismo). Creo que en el fondo, con la despoblación, se ha roto el equilibrio. Hay que seguir trabajando, pero todo incita a cierto escepticismo ante el tema. La despoblación seguirá y, como mínimo, perderemos la esencia de la vida rural anterior, que ha mejorado considerablemente en los últimos tiempos. Incluso, puede resultar ser mucho mejor que la vida urbana, pero eso depende de la concepción que se tenga de la forma de vida de cada persona.

 

dph

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