El inicio del curso escolar a comienzos de septiembre va a marcar una etapa más en esa ‘nueva normalidad’ a la que estamos avocados a convivir como resultado de la pandemia del coronavirus. El comienzo del curso siempre ha sido noticia pero este año más por circunstancias que se resumen en una sensación: incertidumbre. Incertidumbre de unos padres preocupados por la salud de sus hijos y por su educación cuando se produzcan contagios que obliguen a cerrar aulas y en el peor de los casos colegios. 

Incertidumbre por cómo llevar a cabo sus trabajos con niños en casa, por cómo gestionar la educación on line que tanto tiempo requiere.  Incertidumbre por la calidad de vida de sus hijos a los que no pueden atender como desearían y se merecen. 

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Incertidumbre entre los profesores que con la experiencia de finales del curso se enfrentan a un año inédito, donde deberán de implementar nuevas pedagogías y se precisarán nuevos medios. Que más que digitales sería deseable fueran humanos para evitar ratios sobrecargados y hacer posibles las distancias de seguridad. ¿Llegarán estos recursos? ¿Cómo se va a gestionar la brecha digital en familias desfavorecidas? ¿Y las familias que por sus obligaciones laborales no pueden estar pendientes en todo momento de la educación on line sin corren el riesgo de perder sus empleos? ¿Y las familias monoparentales? ¿Cómo se va a gestionar la aparición de contagios? ¿Cómo se va a garantizar los derechos de la infancia a una educación digna?

Desde Ronda Somontano hemos querido abrir una puerta a la reflexión.  De hecho preguntamos a los directores de los colegios de Barbastro, colegios rurales agrupados (CRAs), institutos y escuela de adultos sobre cómo han preparado la vuelta a las aulas. También a los responsables de las asociaciones de madres y padres para generar  un debate constructivo del que podamos extraer algunas conclusiones. Se constata la preocupación de toda la comunidad educativa por la salud emocional y calidad educativa de los jóvenes y niños si se vuelve la educación on line. El pasado confinamiento nos ha hecho valorar la importancia de la Escuela y los profesores/as como punto de cohesión y sociabilización. 

La Escuela es un pilar de la sociedad y el termómetro de vida de los pueblos. Lo saben perfectamente en Castejón del Puente cuyo colegio, el Miguel Servet, -que llevamos a portada- ha experimentado un significativo aumento en sus matrículas en los últimos cursos. 

Pero no todo es bucólico en el medio rural, ya que por el contrario, también nos hacemos eco de la reivindicación de las familias de Abiego que este curso temen quedarse sin su Casa Canguro. ¿Cómo evitar la despoblación si no se permite a los padres conciliar su vida laboral?

Unas restricciones que han dejado un verano anómalo, sin fiestas en los pueblos, y sin fiestas en la capital de la comarca, notorias ausencias que en algunos casos se han suplido con actuaciones culturales. Habrá tiempo para festejar, ahora toca cuidarse y prepararse para afrontar un otoño en el habrá que seguir lidiando con el coronavirus.

dph

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