Ángel Javier Pérez Pueyo
orangutan superior

Pregunta.- Barbastro era una de las diócesis más pequeñas de España. Su antecesor Ambrosio Echebarría defendía la tesis de que la anexión de las parroquias orientales garantizaba la pervivencia del obispado barbastrense.  Usted que fue ajeno a ese proceso pero que ahora sigue la laboral pastoral del artífice del nuevo obispado Barbastro-Monzón, ¿cómo valora aquel hecho?

Respuesta.-  Por entonces estaba en Roma y viví el tema como aragonés pero nunca pensé que tuviera que lidiar con él. No es una cuestión tanto numérica si no de identidad. El anhelo sentido por toda la comunidad cristiana era de tiempo inmemorial. Hace tiempo que los obispos hablaban de hacer coincidir los límites geográficos con los eclesiales. A cada obispo nos asignan una zona geográfica donde ejercemos el ministerio pastoral y esa zona ha podido variar al cabo de los años. En el fondo está la cuestión de ¿cuáles son nuestras raíces? En esta zona había una idiosincrasia, unas tradiciones y una manera de entender la vida común porque en definitiva es el Alto Aragón, que había sido pastoreado en distintas épocas por distintos pastores. Pero lo importante es que la Iglesia y el Papa en cada tiempo y lugar ordenan el territorio y se lo confía a un pastor. El sentir mayoritario aquí durante muchos años fue el de coincidir el territorio geográfico con el eclesiástico y fue muy reivindicado por los sacerdotes, especialmente por los de la zona oriental que pertenecían a Cataluña.

Pregunta.- Un cuarto de siglo después ¿cómo se encuentra la diócesis Barbastro – Monzón?

Respuesta.- Ya don Ambrosio hablaba entonces de una diócesis envejecida, despoblada, extensa, … Hoy en la terminología del Papa Francisco hablaríamos de una diócesis periférica, alejada del centro, más “frágil y necesitada de”. Yo añadiría que somos una iglesia sandwich porque ha sido apetecida en muchos tiempos y lugares. Nos han anexionado desde Huesca y Lérida. Finalmente aquí hay una identidad que es cómo transmitir el evangelio y los valores humanos. La diócesis se encuentra igual prácticamente, pero nuestro activo mejor y mayor son las personas. Hemos intentado poner en valor a todos los laicos con los sacerdotes a la cabeza, muy mayores en muchos casos pero con la fuerza suficiente para coordinar todo esto. La radiografía de entonces es igual pero algo más agravada por el envejecimiento y por la despoblación. Pero aunque puedan morir cien pueblos de los 254 , todavía tendríamos 150 con suficiente potencia para poder tener fuerza, dinamismo, desarrollo económico, cultural y religioso en sí mismo.

¿Qué retos afronta la diócesis para los próximos 25 años?

Respuesta.- En estos momentos lo que el Papa Francisco nos dice: la evangelización. En este momento del siglo XXI donde la gente se ha subido al Olimpo y se ha creído Dios ha llegado la pandemia y nos pegamos un batacazo y nos preguntamos ¿dónde están esos científicos y hombres sabios que dominaban el mundo y pasaban de Dios? La evangelización es la humanización, volver a pone a Dios en el centro y en el corazón, redescubrir el sentido de la vida. Hemos perdido la memoria de quienes somos y hemos colocado las cosas a las que adoramos como señores en el centro en lugar de a Dios. Todo el sistema de producción va para conseguir la riqueza en detrimento de otros. ¿Por qué no distribuimos fraternalmente y establecemos un modo de comunión compartido? Hemos perdido la relación entre nosotros y eso es lo crucial, aquí y en cualquier parte de España.

El decreto  Ilerdensis-Barbastrensis de finium mutatione supuso la adhesión de parroquias y fieles pero no de sus bienes. Ahí comenzaba un largo litigio por la recuperación del patrimonio histórico, en el que el Vaticano ha dado la razón a Barbastro-Monzón pero ello no ha tenido efecto y ha tenido que acudir a la justicia civil. ¿Es un aniversario agridulce porque no se puede celebrar la llegada de los bienes pese a la última sentencia del juzgado de Barbastro?

Toda celebración es dulce lo que pasa es que no es completa. Hoy nos congrega a todos los hijos de este rincón del Alto Aragón en torno a la misma mesa como diócesis para dar gracias a Dios muchas parroquias que habían pertenecido a aquel primigenio obispado que vio la luz en Roda. La razón de ser de esta ceremonia no es porque vengan los bienes si no porque en Roma entendieron que de aquella iglesia inicial en Roda que tuvo tantos avatares, anexiones y aniquilaciones, por este decreto de hace 25 años se vuelven a reunir a todas las comunidades cristianas que formábamos parte de ese embrión. Don Ambrosio hablaba de que se había constituido una realidad, yo hablo de ámbito eclesial y familiar.  A partir de ese momento de 254 pueblos hemos pasado a formar una mayor y gran familia.

¿Qué le motivó a emprender la vía civil? No sé si es la decisión más difícil de su vida como clérigo.

Agotamos todos los cartuchos, llamando a las puertas de la Iglesia. El Papa ya habló a través de la Signatura Apostólica y las sentencias fueron favorables pero no se ejecutaron. Y no se ejecutaron porque una de las partes no cumple. La iglesia no tiene mediaciones para hacer ejecutar como la justicia civil. En el momento que agotadas todas las vías de la Iglesia y visto que no iban a prosperar en la ejecución de la sentencia, empecé a consultar a gente relevante de la Iglesia española y en Roma. Todos decían que lo ideal era no llegar a la confrontación y eso nos llevó a buscar la conciliación en el inicio de la vía civil. En el acto de conciliación se dijo que las piezas eran nuestras como habían dicho sus antecesores, pero luego cambió (el obispo de Giménez) la declaración porque ya había otros condicionantes de tipo político.

La imagen de dos obispos litigando entre ellos en los tribunales es inusual y no sé si inédita en España. ¿Desde más altas instancias le frenaron para evitarla?

Presión ninguna. Me alegra que me hagas esta pregunta porque a veces se tiene una mala concepción de lo que es la Iglesia. En la Iglesia se habla de obediencia cordial no servil como podría ser la disciplina de partido en la política. A nosotros se nos obliga a acatar en conciencia los dogmas pero el funcionamiento interno es cuestión propia. Si en una casa dos pugnan por un coche, tiene que haber una tercera persona que dirima. No estoy insultando ni minusvalorando a la otra parte, creo que estos bienes nos pertenecen. Él (obispo de Lérida) dice no, creo que me pertenece a mí, pues entonces tiene que haber un juez que dilucide. Muchas veces me preguntan que cómo es posible que dos obispos se sienten en el banquillo. Esta es mi casa y tengo que defender lo que es mío. Mientras sea pastor de esta Iglesia lo defenderé porque es defender a las 49 parroquias que en aquel momento depositaron sus bienes en el Museo de Lérida porque entonces pertenecían a la Diócesis de Lérida. En el momento en que pasan a Barbastro – Monzón deberían haber pasado esos bienes y de ahí este tira y afloja.

El Tribunal de Conflictos de Jurisdicción vuelve a darles la razón pero es previsible nuevos recursos por parte de Cataluña.  ¿Teme que haya que esperar otros 25 años?

No sé que seguirán argumentando desde sus equipos jurídicos. De no haber tenido la certeza de que estaba en la verdad, no me hubiera metido. Lo primero que hice fue consultar a los ámbitos eclesiales pero también a los equipos jurídicos. Unos y otros nos daban la razón tras haber hablado ya la Iglesia a través de sus órganos jurídicos. En este caso nos quedaba que se ejecutara la sentencia y para ello había que acudir a la vía civil. Se lo pusimos al obispo de Lérida en bandeja. Simplemente tenía que haber dicho que efectivamente esos bienes son nuestros pero que no los tiene porque están en el Museo y en el Consorcio sólo tiene una quinta parte. Con que se hubiera abajado nosotros hubiéramos ido contra la parte que pone las trabas. Las trabas las pone el Consorcio aunque el obispo de Lérida consiente. Yo entiendo y disculpo su postura. Pero lo que pedimos es de ley y apelamos a la ley para que nos defienda. Humanamente y moralmente hemos ganado. Yo creo que tendremos las piezas, aunque son muy hábiles y nos pueden revolver este tema hasta que podamos perderlo por cualquier falta de procedimiento. Si están poniendo en jaque al Estado, que no pueden hacer con esta pequeña diócesis. Defendemos lo que creemos que es justo, que devuelvan lo que es nuestro. Moralmente estoy satisfecho y con paz. Imagino que seguirán haciendo algo, y nosotros les responderemos. Lo que vamos a pedir es que se ejecute provisionalmente la sentencia.

Hoy estará con el Nuncio presidiendo la homilía. ¿Roma ya ha dicho la última palabra sobre este tema? ¿No puede tratar de que sus sentencias se ejecuten?

Roma ya ha hecho todo lo que tenía que hacer, dio la respuesta. Ahora estamos en otra liga y hay que esperar a que la judicatura ejecute lo que ha dictaminado. En su momento se incentivo la jurisdicción canónica pero los gobiernos miraron para otro lado y no se mojaron. Por eso yo acudí a la vía civil. Yo a Roma no le pido más.

¿Siente que el litigio con Lérida ha consumido buena parte de sus energías y ensombrece otras actuaciones?

Cuando yo llegué a la diócesis sólo había litigio en los medios. A mí me llamaban al teléfono sólo por el litigio. En los últimos meses hemos saltado a la prensa por una docena de cuestiones: por responder siendo una diócesis pequeña al desafío que nos pone el Papa para ser evangelizadores, por ser una diócesis martirial por excelencia, el 90% de los curas murieron mártires y hace poco fui a Roma a presentar los 250 curas diocesanos y seglares que quedan por beatificar, somos la Diócesis Itiner – Arte, por ser muy sensibles a la situación de los ancianos, jóvenes, familias e inmigrantes. La labor de Cáritas es impagable y ha saltado a la prensa nacional. Las cofradías con una Semana Santa de interés turístico nacional. Con la baraja que sacamos con 90 formas distintas de servir a la comunidad. Con la pastoral penitenciaria y de los medios de comunicación con la campaña de autobuses ‘Estamos junto a ti’ o la campaña ‘Comparte Barbastro – Monzón’ con más de cien historias. Los bienes es una parte de muchísimas cosas.

Usted es el impulsor de un ambicioso proyecto que pretende poner el foco en el arte milenario que se conserva en sus iglesias como un medio de desarrollo de un territorio despoblado. ¿Un proyecto que también podría ser compartido con Cataluña y ayudar a acercar posturas?

Ese proyecto lo trasladé en el Consorcio de Lérida y les encantó pero no querían aceptar que la propiedad era nuestra. Todas las diócesis de la antigua Marca Hispánica (Solsona, Seo d’ Urgell, Barbastro, Navarra, ….) tienen un sentido histórico de contención y la marca artística del románico que responde a la manera de vivir en el Medievo. Teniendo esto ¿por qué no hacer un elemento de comunión, por qué nos juntamos, cada uno con lo suyo? En Aragón tenemos un patrimonio religioso extraordinario recuperado gracias a la DGA, en la etapa del presidente Marcelino Iglesias. Todos esos monumentos ya son en sí mismo un museo que es toda la diócesis no un espacio físico. La idea es hacer circular a la gente con packs y que puedan degustar todo ese patrimonio. De entrada ya hemos activado las pulseras para visitar todos los monumentos de Barbastro. También tenemos cuatro rutas: la del Románico (Roda, Obarra, Montaña, Alaón y Luzás), la Mariana, la de los Mártires y la de los Santos Fundadores. Gracias a la ilusión y a la competencia del delegado de Patrimonio y del equipo del Museo me siento muy feliz y orgulloso. Todo eso contribuirá para fijar población y crear patria.

Usted siempre ha dicho que quiere terminar su etapa vital como obispo en Barbastro-Monzón. ¿Respetarán esa decisión el Papa Francisco y el cardenal Omella?

Ellos ya lo saben. Estoy convencido de que no tenía que haber sido obispo pero el Papa insistió y no aceptó mis planteamientos. Hoy debo confesar que esta diócesis me ha robado el alma y me siento feliz trabajando aquí. Tomando una frase de San Francisco de Sales: “Con una esposa pobre me desposé, con esa misma esposa me quiero morir”. A mí me pusieron este anillo como signo de desposorio de esta diócesis. No necesito otras esposas, tengo la mejor. Me la han regalado y la he aceptado como tal. Yo no voy a ser menos obispo por no llegar a una diócesis mejor que se pueda pensar. Como otros obispos o el Papa somos pastores de este territorio. Hay que florecer donde te toca y tener amor por lo sencillo, por lo humilde y por lo rural, que es donde me han mandado.

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