El autor ante su obra preparada para la inauguración.
Miguel Ángel Encuentra en su taller.

El arista Miguel Ángel Encuentra regresa a su Teruel natal para exponer su último proyecto, la que podría definirse como obra síntesis de su vida y que le ha ocupado los últimos años en su taller en Barbastro: ‘Negro esperanza’, una obra gigantesca, mural pero que se puede interpretar por cada cuadro que la integra, de estilo abstracto y un cromatismo que transita entre el verde y los tonos oscuros, sin renunciar al rojo tan característico del autor.

La exposición se puede visitar en el Museo de Teruel desde este viernes 16 de octubre al 22 de noviembre.

La mujer de Encuentra junto a la obra expuesta en Teruel.

Siguiendo la dialéctica hegeliana y marxista, toda tesis tiene su antítesis, un proceso dialéctico que concluye en la síntesis y es ésta la que expresa el artista nacido en Aliaga (1951) y residente en Barbastro desde hace décadas donde se ha convertido en un referente y dinamizador artístico de la capital del Somontano.

Hay un proceso reflexivo en cada pincelada de Encuentra que raya el pesimismo vital de los existencialistas. Ello se refleja en esta obra de titánicas dimensiones de 21 metros de largo por metro cincuenta de ancho.  Iniciada en el año 2000 es fruto de una constante evolución que, premeditada y simbólicamente, se extiende hasta el año veintiuno de este siglo XXI. En consonancia pues con esa intención simbólica, la obra se compone de veintiuna piezas variables.

La obra tiene 21 metros de largo.

Como decíamos hay mucha dialéctica en esta obra, un pesimismo reflejado en los trazos oscuros firma inconfundible del autor pero también hay mucha rebeldía, la que caracteriza a Encuentra que a pesar de los avatares –el último un Ictus del que se está recuperando paulatinamente, gracias a su forja rebelde- florece sobre el lienzo demostrando su rabia contenida y su deseo de cambiar la sociedad consumista en la que vivimos.

Hay también esperanza, a pesar de la cruda y oscurecida realidad económica y social que vivismo –y también porqué no decirlo, sanitaria-. Ante esta obra nos encontramos con un trabajo que refleja una trayectoria de compromiso con el concepto más transgresor, crítico y reflexivo del arte.

En el catálogo de la exposición su autor resume así esta obra: Estética y conceptualmente la obra presenta una relación indisoluble basada en cuatro ejes fundamentales: la constatación del poder de una naturaleza sublime que, mancillada por el hombre, regresa airada para socavar y aplacar la soberbia humana; la crítica del sistema capitalista imperante, representado en la pintura por esa gráfica roja que la recorre y la somete, lo mismo que nuestras vidas; el reflejo en su proceso descriptivo del concepto cíclico del tiempo en el que el principio es igual al fin, como el recorrido de nuestra vida y su sentido. Una situación que se significa llena de esfuerzo en la situación actual y que nos fuerza a una continua lucha transformadora; por último, una invitación a transitar por la obra, sumándonos a la reflexión, mirando de frente Negro esperanza, conscientes de que entre su diversidad cromática está presente ese tono que debe bascular del lado de la esperanza.

Catálogo de Negro esperanza.

El crítico José Luis Rodríguez García firma se refiere en el catálogo a la intencionalidad del color empleado en ‘Negro esperanza’: “el uso del verdinegro, del gris o del blanco, que sirve como refuerzo de la gama privilegiada, es una elección que no puede sorprender y que acentúa las realidades metafóricas, insinuadas, en cada una de las piezas o en cada agrupamiento de las mismas. Late en esta elección una cuidada monotonía puesto que el mundo que nos ha tocada vivir es monótono, agreste y luciferino. Pero puede descabalgarse su realeza: basta con alterar su composición. Y es posible…”.

El también crítico Fernando Castro Flórez nos habla de que la obra de Miguel Á. Encuentra “transmite, por medio de sus densos cuadros, el gozo de la noche, dialogando (por medio de sus procedimientos plásticos) con la poesía romántica que entendía el sueño y la noche como el reino de lo absoluto a donde no se llega sino después de haber suprimido todo lo que nos ofrece el mundo de los sentidos. En Negro esperanza no tenemos meramente “oscuridad” sino un despliegue que responde a lo que Lyotard llamaba “libido cromatizada”. Pintar es inscribir color, utilizar pigmento, es producir sedimentaciones cromáticas. aquella “indiferenciación oceánica” tematizada por Anton Ehrenzweig en clave gestáltica se va modulando en la secuencia temporal de la pintura de Miguel Á. Encuentra que tiene algo, por recurrir a la sinestesia, de nocturno musical”.

Solo resta desear que esta obra, el ‘Guernica’ particular de Miguel Ángel Encuentra, pueda verse pronto en Barbastro, donde fue parida.

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