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El autor en primer término en la IV marcha por la Vía Verde en 2014.

Es difícil ponerse a escribir sobre cualquier tema sin referirse a la desastrosa situación social y sanitaria. Da miedo prodigarse al firmar  publicaciones pues pudiera uno ser considerado frívolo o ajeno al dolor generalizado de una Sociedad que se parte a trozos desde sus cimientos.

Ante tamaña desdicha y ante el posible colapso de la atención primaria o las urgencias en hospitales hay que apoyar a nuestros sanitarios porque si las estructuras de salud se resquebrajaran, habría que  encomendarse más que nunca a la Caridad, a la Esperanza, y las escribo con mayúscula porque quiero vincularlas a nuestras creencias, a nuestra Fe.

NAVIDAD GOB ARAGON mitad

Los datos cada día son peores y vemos que los políticos no son muy ágiles y toman decisiones tardías cuando los problemas se han hecho  acuciantes.

En política, los actores siempre  pretenden demostrar  transparencia, por poner un ejemplo, de colaboración en temas económicos calificándola como “público-privada”.

A la hora de atender a los desfavorecidos, vemos a instituciones como Cáritas salir en ruedas de prensa en la televisión local haciendo balance de sus actuaciones y cargados de razones para la Esperanza.

Los políticos necesitan de la colaboración ciudadana, es más, la demandan cada vez que toman decisiones.  Apelan a la “disciplina social” y a la “responsabilidad individual” frente a los desastres de una pandemia que ha venido para quedarse.

Esa colaboración ciudadana es a la que me querría referir en mi reflexión.

Mis pensamientos de ahora se  ahondan en las raíces de esa participación de la sociedad civil.

Hace diez años, un pequeño grupo de amigos quisimos colaborar con el ayuntamiento en dar pasos para cambiar los usos tradicionales de movilidad en nuestra ciudad volviendo la vista a bicicletas y peatones como protagonistas, como medios de transporte tradicional y mucho más razonable que la invasión de nuestras calles por vehículos a motor con sus peligros añadidos:  tráfico intenso, ruidos, contaminación , atropellos…

Entre nuestros objetivos de base había uno que hemos trabajado fuertemente desde el principio. Se trata de extender la conciencia de que teníamos en Barbastro una vía de tren abandonada hace décadas y que merecía ser recuperada para el uso y el disfrute de todos.

Salimos desde el principio a la palestra invitando a la ciudadanía a marchar hacia Castejón del Puente en una fiesta del deporte  organizada para una mañana primaveral con fondo reivindicativo.

Supimos agrandar el aforo de participantes haciendo socios a los amigos de Monzón y doblando así tanto la demanda como las cifras del encuentro.

Desde el principio hubo políticos que participaron y colaboraron. Pero las cosas no avanzaban y sólo quedaba insistir y dar guerra en los medios y las radios locales para que la iniciativa nos superara y se convirtiera en una demanda social generalizada.

Esta semana hemos tenido dos reuniones seguidas con instituciones tan importantes como los tres ayuntamientos involucrados, la DPH y la Comarca del Somontano y lo primero que me venía a la cabeza era que la idea de la vía verde ya no depende solo de nuestra Plataforma Barbastro en bici.

Creo que la iniciativa ahora reside en quienes han de redactar presupuestos y proyectos que irán a Madrid donde esperan que presentemos un diseño creíble en el que invertir fondos públicos.

Una vez más, igual que la Esperanza insufla ánimos a Cáritas para alcanzar sus fines solidarios, esta iniciativa ciudadana que busca el bien común  ha sido capitalizada por los gobernantes sin olvidar a los autores de la iniciativa y sentándose juntos a la mesa que toma decisiones que afectan a los ciudadanos.

 

 

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