Donald Trump. Imagen wikipedia.org

En unas votaciones habidas entre finales de los 70 y comienzos de los 80 hubo fraude en la mesa  electoral de la calle del Somontano (antiguos locales de Meyba en  la Cooperativa de viviendas). Me lo contó una de las dos personas que lo protagonizaron (ambos miembros de la mesa electoral), aprovechando que el presidente  se había ausentado para comer y apenas acudían votantes. Cogieron muchos sobres vacíos que  rellenaron con papeletas de un partido de izquierdas. Cuando me lo contó  me reconoció el excitado frenesí  que sintió al transgredir.

Hoy en día, con la ley orgánica electoral, ese fraude es  casi imposible porque han de coincidir el número de votos y el de votantes, cuyos datos personales refleja un listado confeccionado por el secretario de la mesa. He oído decir que en algunos pueblos del País Vasco “había de todo” porque el miedo impedía la presencia de interventores de partidos no radicales…

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Si bien, con  esta ley electoral tan meticulosa,  puede haber pequeñas trampas en el recuento, donde la norma exige que la apertura de sobres la hagan exclusivamente los miembros de la mesa, que son tres. Los interventores de los partidos, generalmente nerviosos y ávidos en conocer pronto el resultado, se ofrecen a “ayudar” en la apertura de sobres y ahí sí puede haber trampas, que yo he visto más de una vez. Las pillerías son de dos tipos: en un caso el votante mete dos o tres votos en una papeleta que si es abierta por el interventor del partido agraciado pueden ir a la pila de votos de ese partido. Recuerdo una vez en que un partido  obtuvo 80 votos  y recibió cuatro votos dobles (que no colaron) que suponían un 5%… Evidentemente la probabilidad de que ese 5% sea abierto por “su” interventor, y de que éste obre de mala fe, es escasa, pero ahí está la posibilidad. En ese caso al acabar el recuento el número de votos emitidos  es mayor al número de votantes y los integrantes de la mesa quedan abrumados… La ayuda de los interventores en lugar de acelerar el proceso lo ha atascado; la solución al enredo consiste en  restar al número de votos en blanco el número de votos que sobran, y asunto cuadrado.

Otra trampa se produce cuando un  interventor abre un sobre de “su” partido donde dentro hay una  papeleta nula  y en lugar de colocarla en la pila de nulas la mete en la de  válidas de “su” partido…

Ambas irregularidades las he visto en mis años de presencia en mesas electorales  y he de reconocer que sólo las he visto en interventores de un partido en concreto.

El caso americano.

El pasado mes de junio Trump advirtió de posible fraude en el voto por correo, y cuando un presidente de EE.UU. afirma tal cosa algo sabría… “Será el escándalo de nuestros tiempos”, vaticinó. Un mes antes había calificado de “ilegales y engañosos” los programas electorales de recuento del voto por correo que habían comprado para  Nevada y Míchigan. https://www.cronista.com/internacionales/Trump-ya-advierte-de-fraude-en-las-elecciones-de-noviembre-20200622-0011.html

En el debate electoral de octubre Trump insistió en el fraude del voto por correo.

Al parecer en EE.UU. los sobres no son como en España,  secretos y sin ningún indicativo referido a su contenido, pues en la cubierta consta el voto que va dentro.

A finales de septiembre, el Secretario de Justicia William Barr, habló de la posibilidad de que “otro país imprima decenas de miles de papeletas falsas” y dijo que sería difícil detectarlas. En octubre el Departamento de Justicia denunció que siete de nueve papeletas encontradas en un cesto de basura en el condado de Luzerne, Pensilvania, tenían el nombre de Trump. Y en el condado de Pendetlon, Virginia occidental,  Thomas Cooper, contratado por el servicio postal para recoger la correspondencia electoral, reconoció que, en septiembre, cambió papeletas que iban a Trump por otras, y lo hizo “por broma”. Se declaró culpable de fraude electoral y fue condenado.

¿Irá Biden a la cárcel?

A mediados de noviembre el prestigioso abogado Lucian Wood realizó unas demoledoras declaraciones acerca de las pruebas que estaba encontrando el equipo jurídico de Trump sobre el presunto fraude electoral. El eminente letrado, más conocido como Lin Wood,  implicó a Joe Biden como “cómplice en el amaño de las elecciones y a su equipo demócrata”.

Los amantes del cine recordarán la película Richard Jewell, de Clint Eastwood,  donde un abogado, contra viento y marea, salva a un inocente de la acusación de colocar una bomba en los juegos olímpicos de Atlanta. El abogado tuvo que luchar contra unos medios de comunicación que se habían posicionado abrumadoramente contra aquel joven, por culpa de una actitud malévola del FBI (que  pidió perdón por aquel monstruoso daño pasados unos años). Aquel tenaz abogado es Lin Wood, que  ahora lucha contra unos medios de comunicación absolutamente anti Trump, para quien Lin Wood  es un “conspiranóico”.

En un programa de entrevistas de radio estadounidense conducido por el periodista Howie Carr, Lin Wood desveló que su equipo legal trabaja 24 horas sin descanso “en el mayor caso de corrupción habido en la Casa Blanca”.

Confiado y seguro de sí mismo, ha dicho tener “pruebas irrefutables y concluyentes”. Y, según ha apuntado, van a ir cayendo miembros de la élite mundial como moscas y ha agregado que todos ellos darán con sus huesos en prisión. Añadió que tienen pruebas de que Joe Biden, y gente de su entorno, han tratado de robar las elecciones. “Todos van a terminar en prisión. Biden irá a la cárcel”.

La ex-fiscal Sidney Powell, no defiende ni representa a Trump, pero de modo particular ha presentado  una acusación pública contra ese presunto fraude.  En una entrevista para Fox  reconoció estar “recopilando evidencias de varios denunciantes que están al tanto de importantes sumas de dinero dadas a familiares de los funcionarios estatales que compraron el software”. Al ser repreguntada respondió: “En primer lugar, nunca digo nada que no pueda demostrar. En segundo lugar, las pruebas llegan tan rápido que ni siquiera puedo procesarlas todas”.

Cuando el equipo jurídico de Trump aclaró que Sidney Powell actuaba por libre  y no como miembro del  equipo jurídico del presidente,  los pro-Biden corrieron la voz de que Trump la había despachado de su equipo…

La ex-fiscal adelantó algunas cosas : “La evidencia que estoy recopilando es abrumadora. Esta herramienta de software se utilizó para transferir millones de votos del presidente Trump y otros candidatos republicanos a Biden y otros candidatos demócratas. Estamos procediendo a preparar nuestra denuncia y planeamos presentarla esta semana. Será una demanda épica”. Al final la denuncia la presentó en dos Estados.

Bloqueos del recuento.

La justicia ha bloqueado las certificaciones de los votos de Pensilvania, y Nevada y ha admitido a trámite la de Georgia. La juez Patricia McCullough, en Pensilvania, ha encontrado en la demanda de Trump evidencias sólidas e indicios de fraude electoral y ha ordenado la suspensión de la certificación electoral. El abogado Linn Wood ha conseguido que en Georgia se acepte la moción de emergencia para la revisión acelerada de la demanda que impugna la validez del procedimiento de elección. En Nevada otro juez ha ordenado la suspensión de la certificación de los votos de Joe Biden.

En Arizona y Michigan no ha hecho falta que ningún juez suspenda el certificado: lo han hecho los gobernadores  por iniciativa propia. Semanas antes  Rudy Giuliani, el otro abogado de Trump, quien fuera alcalde de Nueva York cuando el atentado de las torres gemelas, advirtió de que si algún gobernador certificaba en falso iría a la cárcel. Es evidente que los de Arizona y Míchigan no quieren acabar entre rejas…

A Trump le sobra dinero para pagar  buenos abogados y no quiere quedar como Nixon que, en 1960,  prefirió mirar para otro lado en su contienda con Kennedy, ante el fraude protagonizado en su contra por la mafia de Chicago.

 

 

dph

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