Artesanía Textil en el Somontano. Ramio, Cáñamo o Cañimo y Lino (2ª Parte)

Por Balbina Campo Nadal

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Agramaderas de Cañimo
Agramaderas de Cañimo

Cultivo y transformación de materias primas vegetales

Aquí podéis leer la primera parte de este artículo.

Cuando se consideraba que la simiente del cañimo estaba bien seca, era el momento de quitarla de los manojos. Había varios procedimientos, se desgranaba con las manos, en el canto de un capazo boca abajo o bien con una  desgarbadera.

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La desgarbadera es un utensilio de madera con una hilera de clavos en la parte superior. Tiene forma de cuña para poderlo clavar en el suelo a modo de sujeción.

A continuación, para machacarlo, se utiliza la agramadera. La agramadera es un utensilio construido con madera dura, olmo, roble, carrasca, haya, y a veces de pino.

Consta de dos piezas vaciadas que encajan la una en la otra y van unidas por un eje en un extremo. La parte superior es el cuchillo y lleva un mango en la parte opuesta del eje para manejarlo. La parte inferior es una especie de caballete con cuatro patas de una altura de ochenta cms., aproximadamente, también los hay de dos patas situadas en la parte del mango, en cuyo caso el otro extremo debe apoyarse en algún banco.

Había agramaderas dobles y sencillas. Con este utensilio se machacaba en primer lugar las raíces y después se hacía lo mismo con el resto de la planta para dejar las fibras separadas. Esta operación se hacía con el cañimo caliente para que se desprendiera mejor la madera del tallo, por esta razón este proceso siempre se hacía al sol.

Esforacha de Cañimo
Esforacha de Cañimo

Terminado este trabajo se pasaba por la esforacha para conseguir una mayor limpieza de la fibra. Para esta operación se utilizaban la esforacha  de cañimo de dos o tres lenguas según la calidad de la fibra que se quería obtener. La esforacha del lino es diferente a la del cañimo. El trabajo de agramar como el de esforachar, por ser muy pesado, solían realizarlo los hombres.

Después de esforachados los manojos de fibra se pasan al espadado que consiste en quitar de la fibra los trozos pequeños de corteza del cañimo, riscla, que hubieran quedado de agramar y esforachar, para ello se golpean los manojos de fibra con una especie de espadeta de madera de cincuenta cms. de longitud.

Finalizado el espadado seguía el peinado o rastrillado, para lo cual se pasaban los manojos de fibra por un rastrillo de púas de acero de unos diez o doce cms. para estirarlas bien. Con la fibra peinada se formaban copos para comenzar el proceso de hilar.

Finalizadas todas estas operaciones, el copo del cañimo estaba listo para ser hilado.

Para hilar se utilizaba la rueca y el huso, o fuso, la rueca podía ser de caña, de rama o de madera, donde se ponía el copo de cañimo para iniciar el proceso de hilar.  Esta era una labor exclusivamente femenina.

Según el tejido para el que era destinado el hilo, se realizaban  diferentes grosores juntando dos tres o más hilos. A continuación se hacían madejas y se blanqueaban con ceniza o se reservaban para darles color.

La mejor ceniza para blanquear era la de carrasca. La de pino no blanquea.

Con todas estas operaciones se daba por terminada una labor que comenzaba en el campo y terminaba en la casa con una fibra de cañimo limpia, blanca, o con color, preparada en ovillos para ser utilizada por el tejedor.

El tejedor trabajaba por encargo y en muchos casos se le suministraba el material hilado para realizar el tejido pedido. Se pesaba el hilo y la tela y el hilo restante quedaba para el tejedor. Esta era una forma muy habitual de pagar su trabajo.

Del cáñamo se obtenían diferentes calidades de hilo. Con el hilo más fino se hacía tela para confeccionar prendas de ropa interior, camisas, enaguas, toallas, sábanas, cubiertas, diferentes paños para la cocina, manteles, paños llamados maseros utilizados para tapar la masa, cuando se hacía el pan, etc.

La calidad del hilo más inferior, más basto, se empleaba para hacer prendas de uso agrícola: alforjas, mantas para la recolección de la cosecha, sacas, cinchas, talegas, tela para los aperos de las caballerías. Albardas, colchonetas, morrales etc.

El hilo más basto al ponerlo en el telar, se empesaba, es decir, se le daba una  preparación con harina de avena para darle más suavidad y poderlo tejer mejor.

Esta preparación variaba según los pueblos, otra empesada se preparaba con vainas bachocas de judías hervidas y se daba a los hilos de la urdimbre con una escobilla hecha de raíz de chunqueta.

El LINO es una planta de 20 a 60 cm. de altura, con flores de color azul, según la especie.

El tallo del lino, que es de donde se obtiene la fibra, está formado por un tubo interior o médula, rodeado exteriormente por una materia leñosa. La médula es la fibra textil, mientras que la corteza debe extraerse mediante un largo y laborioso proceso.

El proceso para obtener la fibra del lino es muy parecido, por no decir igual a la del cañimo.

Esforacha de Lino
Esforacha de Lino

Hay un utensilio que se diferencia del utilizado para el cañimo la esforacha.

En el Somontano, el LINO se cultivó en 13 pueblos: Adahuesca, Alquézar, Azlor, Barbastro, Bierge, Castillazuelo, Estadilla, El Grado, Lagunarrota, Morrano, Pozán de Vero, Rodellar y Yaso. Esta actividad cesó a mediados del siglo XX.

!Continuará!

Aquí podéis leer otro artículo de Carmina sobre la Artesanía textil en el Somontano.

dph

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