Turistas por la plaza de Aínsa.

¿Alguna vez te has planteado el huir de la ciudad y refugiarte en el mundo rural?

El desempleo, la falta de oportunidades laborales y el acceso a la vivienda son los principales problemas que emergen de la situación socioeconómica del medio rural.  Además, a esto se suma la falta de servicios sociales, de infraestructuras adecuadas y de lugares de ocio y cultura.

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En los últimos años, el panorama ha cambiado. El interés por lo rural ha crecido junto con el fomento del turismo y de un nuevo estilo de vida más pausado, que apuesta por una vuelta a los orígenes.  La mejora de infraestructuras y telecomunicaciones, y la posibilidad del teletrabajo han contribuido a ello.

José María Giménez, alcalde de Boltaña constató que: “La evolución que he visto es que en los 90 la gente se reía si eras de pueblo, en el 2000 las personas empezaron a volver y ahora en el 2020 tú dices que eres de pueblo y la gente, primero sonríe y luego te dice: ¡qué suerte tienes!”.

Hoy en día muchos jóvenes analizan las posibilidades económicas y sociales que ofrece el medio rural para dar el paso de instalarse y poder contribuir al rejuvenecimiento de la población y al incremento de niños para evitar el cierre de muchas escuelas.

El director del colegio rural Paúles de Sarasa, Aínsa, propuso al alcalde de este municipio y al de Bárcabo una iniciativa para subvencionar tanto a las personas que tuviesen vivienda en desuso para que la alquilaran, como a familias con hijos que se trasladasen para matricular a los niños.

El alcalde de Aínsa, Enrique Pueyo, declaró que “a raíz de la convocatoria empezaron a llegar solicitudes y la dificultad más grande que encontramos fue la falta de trabajo, ya que para vivir en el mundo rural hay dos cuestiones: la primera es la de que va a vivir esa familia que tiene alojamiento y la segunda es qué tipo de alojamiento se le puede proporcionar”.

La dificultad añadida que tienen las viviendas de este territorio es que son viviendas antiguas, heredadas de la familia o segundas residencias en las que los propietarios conservan un valor familiar o sentimental y no están dispuestos a alquilarlas.

Si hubiese un mercado de vivienda libre con un acceso en régimen de propiedad o alquiler, parte de este problema se solucionaría. En septiembre el alcalde de Boltaña lo que hizo fue crear una pequeña bolsa de pisos en la que “la gente que tenía un piso para alquilar y la gente que buscaba residencia, llamaba al ayuntamiento y al final, en una semana se alquilaron las 10 viviendas que se pusieron a disposición”.

Tras la pandemia el interés por este tipo de viviendas lejos de la capital ha aumentado. Muchos se han dado cuenta que prefieren zonas menos céntricas, con más metros cuadrados y más naturaleza a su alrededor. En un periodo de ocho meses Aínsa ha aumentado su población en torno a 60 personas. El trabajar a distancia y los pocos contagios que se han registrado en los pueblos han hecho que la gente busque esta alternativa, “muchos que estaban en duda, han dado el paso de mudarse al pueblo”, asegura Pueyo.

En muchas ocasiones encontrar conexión a internet en algunas zonas rurales puede convertirse en una odisea, ya que la baja posibilidad de encontrar una vía rápida a internet es algo que caracteriza a estos entornos. Muchas de las zonas aragonesas están intentando poner solución a esto, pero todavía sufren un importante déficit tecnológico. En el municipio de Boltaña, José María Giménez alega que en Margudgued, pueblo del municipio que tiene instalada fibra óptica, es la primera opción de nuevos residentes por esta causa.

A medida que crece el comercio electrónico y los empleos vinculados al desarrollo digital, la brecha tecnológica entre lo urbano y lo rural se hace aún más preocupante. Para la gente que tiene que buscar trabajo, es una situación muy complicada. “Aquí lo que hemos visto últimamente es que muchas personas se han hecho autónomas para poder trabajar a distancia y así tienen la capacidad de decidir cuándo trabajan, con qué clientes y desde el mundo rural en el que hay más calma y tranquilidad”, comentó Pueyo.

Contamos con el testimonio de María Lozano, una chica que decidió mudarse al entorno rural de Huesca y sufrió esta repoblación masiva.

dph

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