En la pintura medieval  podemos encontrar diferentes formas de representar los episodios de la Natividad. Las escenas que más se representan son el Nacimiento, la Adoración de los pastores que aparecen muy brevemente descritos en los evangelios de Mateo y Lucas.

Por ello los artistas y teólogos medievales se inspiraron en otros textos como son los evangelios apócrifos, narraciones muy antiguas sobre la vida de Jesús y María que nunca han sido consideradas oficiales por la Iglesia, pero que tampoco se han prohibido. Algunos de estos textos fueron el protoevangelio de Santiago o el evangelio del Pseudo-Mateo.

Un ejemplo de esta forma distinta de representar la Natividad se encontraba en la sala capitular del Real Monasterio de Sijena.

La Virgen no aparece representada aún descansando en una cama, sino en un jergón con la cabeza reclinada en una almohada, junto a la figura del Patriarca una inscripción que es difícil de leer en las fotografías antiguas pero que en otras representaciones similares solía poner “Ioseph Iustus” o versos latinos como los de Sedulio. Corresponde a una fórmula de Natividad “oriental o bizantina” donde la Virgen permanece tumbada recuperándose del parto y San José de se presenta aislado en un ademan pensativo con la mano apoyada en la barbilla en actitud pensativa o melancólica. Ese gesto reflexivo muchos autores lo identifican con el llamado “sueño de José”. Habría que saber a qué sueño se refiere: si al aviso previo de la Huida a Egipto o al anuncio que despeja las dudas respecto a la preñez de María. La presencia del ángel encima parece indicar más bien esta última, junto con la compartimentación en tres escenas que sugiere que San José está en una habitación aparte, serviría para ilustrar la concepción virginal de Jesús.

Existe también una escena típica de estos nacimientos orientales, la de dos mujeres que lavan y purifican al niño Jesús, que, aunque acaba de nacer, se sostiene en pie sobre un barreño con la forma de una pila bautismal.

La tercera escena en la que aparece la Virgen María recostada es usual en las representaciones bizantinas. Puede hacer referencia a que la Virgen tuviese el parto en una cueva como aparece registrado en algunos de los libros apócrifos. Según estos textos María parió sola y sin ayuda. José entró en la cueva con dos comadronas llamadas Zelomí y Salomé. La primera se admiró del parte de una mujer virgen. La segunda mujer no lo creyó y palpó a la Virgen para comprobarlo. Entonces la mano se le secó entre grandes dolores, pero como se arrepintióse curó y pudo coger al niño.

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