Recargado, ostentoso, opulento, exagerado… Son algunos calificativos que se aplican al estilo barroco, en ocasiones con cierto sentido displicente. Y lo cierto es que los cumple, muchas veces sobradamente, pero es parte de su esencia y fruto del pensamiento y las circunstancias que lo hacen una realidad.

El arte barroco, estilo artístico predominante –aunque no el único- entre los siglos XVII y XVIII, está lleno de formas complejas, ricos efectos lumínicos y denota un marcado gusto por la ostentación. Las celebraciones litúrgicas de la época están llenas de esplendor, oradas en latín, se plasman a través de una ambientación muy cuidada cuyo objetivo es generar una atmósfera envolvente y sugestiva que permita transportar al fiel al éxtasis, al deleite y emocionarle. Durante la liturgia los sentidos son “invadidos” por multitud de estímulos y reclamos: música -la de los cantos del coro-, el reflejo lumínico en los objetos de plata, en los suntuosos tejidos, el embriagador olor a incienso, la maravillosa majestuosidad de los templos en sus decoraciones, donde abundan dorados, genera un clima de éxtasis, deleite, transcendencia…

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Catedrales, monasterios, colegiatas, parroquias y ermitas han conservado un rico legado de arte barroco, parte del cual puede contemplarse en nuestro Museo. Tallas, lienzos, pintura sobre cobre, orfebrería y tejidos bajo un mismo denominador común, obras nacidas al amparo de una nueva espiritualidad y un nuevo pensamiento teológico, surgido principalmente tras el Concilio de Trento.

A esta época pertenecen los catorce lienzos procedentes del monasterio de san Victorián que representan a los doce apóstoles, Cristo Salvador y la Virgen. Aunque uno de ellos está firmado –el de san Bartolomé- desconocemos la identidad del pintor, lo que sí sabemos es que son copias de estampas que circulaban entre los talleres, algunas de ellas del grabador neerlandés Hendrik Goltzius. Las figuras, protagonistas sobre un sobrio fondo neutro, alcanzan gran fuerza expresiva y ejemplarizante gracias a la incidencia de la luz.

El barroco más ostentoso y recargado está ejemplarizado en el frontal de plata de la catedral de Barbastro, obra del platero zaragozano Joseph Fuentes. Fue encargo del obispo Carlos Alamán y Ferrer, cuyo emblema heráldico campea en los distintos elementos del conjunto. Este soberbio ejemplo de platería del siglo XVIII, dedicado a la Asunción de la Virgen, está formado por un frontal de altar y unas gradas, que quedaba completado con bustos relicario, brazos relicarios, imágenes y candelabros, en una puesta en escena apabullante. La abundantísima decoración, desplegada según el concepto de horror vacui habitual en el Barroco tardío y Rococó, se desarrolla a base de conchas, tornapuntas, elementos florales y vegetales entre los que se insertan figuras, con un relieve destacado.

No podemos olvidarnos del conjunto de indumentaria litúrgica encargado por el Cabildo catedralicio en el siglo XVIII. Realizado en seda e hilos metálicos, está formado por 21 piezas -16 capas, 1 casulla y 4 dalmáticas, completado con estolas, manípulos, gremial, cubre cáliz y bolsa de corporales- confeccionadas por dos talleres textiles, uno de Zaragoza y otro de Barbastro. El primero, de Francho Lizuaín, viéndose desbordado por el encargo, pidió colaboración al taller barbastrense de Tomás Lasierra para terminar el trabajo.

Quizás las obras más delicadas y técnicamente más perfectas sean las dos pinturas sobre lámina de cobre procedentes del monasterio de Madres Capuchinas de Barbastro y atribuidas a la escuela del genial pintor flamenco Pedro Pablo Rubens. El movimiento, la riqueza, el colorido brillante, la pincelada suelta, empastada y el gusto por el detalle son protagonistas de las dos escenas referentes a la Sagrada Familia. Su pequeño formato y su preciosismo permite una contemplación pausada, cercana e íntima, ideal para cultivar la devoción privada, por lo que son obras propias de pequeños oratorios y domicilios particulares.

Toda esta riqueza decorativa puede contemplarse en la tercera planta de nuestro Museo. ¡Acércate a descubrirla y deléitate!

dph

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