Lo solemne y lo pomposo

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En su libro “La desaparición de los rituales”[i], el filósofo surcoreano afincado en Alemania Byung-Chul Han habla de los ritos como elementos de cohesión de una comunidad, símbolos en cuyo reconocimiento se capta “la permanencia en lo fugitivo”.

Los rituales han presidido durante siglos la convivencia y el sentimiento de identidad en los medios rurales, a través de las celebraciones y festejos populares, por eso la despoblación tiene un efecto colateral devastador, más allá de la desaparición física o material de los pueblos: “Lo simbólico como un medio en el que se genera y por el que se transmite la comunidad está hoy, con toda claridad, desapareciendo”, advierte Han.

NAVIDAD GOB ARAGON mitad

Escuchando hace unos días a Manuel Campo Vidal, en una videconferencia pronunciada para la Casa de Aragón en Madrid sobre su reciente libro “La España despoblada[ii], me preguntaba a mí misma una vez más si realmente las fórmulas con las que se pretende revitalizar la vida rural son las acertadas o si no se tratará de un mero traslado de la cotidianeidad y el modo de vida urbanos a entornos campestres. Porque el problema parece ser la conectividad, más que la cohesión de la comunidad; las soluciones que se proponen van en la línea de la construcción de carreteras, vías ferroviarias de alta velocidad y conexión de banda ancha: de ese modo los trabajadores podrían teletrabajar desde sus pueblos, o desplazarse a la ciudad para realizar su trabajo y volver a pernoctar en sus casas.

Sin embargo, serían teletrabajadores mudos sumidos en ese silencio ruidoso que también identifica Han como uno de los problemas de nuestro tiempo: “Hoy no hay lenguaje, hay mudez y desamparo. El lenguaje está siendo silenciado. Por un lado, está este inmenso ruido, el ruido de la comunicación, por el otro está este enorme silencio, un silencio que es diferente del silencio”, dice Han. “Solo hay una comunicación ruidosa y sin palabras, lo cual es un problema. Hoy ni siquiera hay conocimiento, solo información. Saber es completamente diferente a la información. El conocimiento y la verdad suenan anticuados ahora. El conocimiento también tiene una estructura temporal diferente, abarca el pasado y el futuro. Y la temporalidad de la información es el presente, ahora. El conocimiento también proviene de la experiencia. Un maestro tiene conocimiento.”[iii]

Esa verdad y conocimiento “anticuados” están en nuestros pueblos porque en ellos está nuestro pasado, la experiencia, la solemnidad de los rituales. Cuando, hace unos meses, visité a mi amiga Pilar en su pueblo, Saviñán, me di cuenta de que bullía de vida. “La Soriana” de Fernando, en la que hicimos parte de la subida hacia el solemne enebro centenario, no podía parangonarse con ningún vehículo de los que acarrean turistas, clientes de las nuevas industrias de ocio y tiempo libre, hacia los nuevos parques temáticos en que vemos convertirse esos pueblos que antaño atesoraron un gran patrimonio natural o histórico-artístico. La misma sensación de bulliciosa solemnidad tuve cuando entré, un día de celebración de la Fiesta de la Vaca, en la concurrida iglesia de San Pablo de los Montes, en Toledo: en su interior se reunía lo que de siempre da valor a los ritos, esto es, los símbolos e imágenes, los actos repetidos, y las gentes. La palabra solemne fue según Corominas tomada hacia 1399 “del latín sollemnisconsagrado, que se celebra en fechas fijas’, aplicado a las fiestas y demás costumbres”[iv]. Los ritos solemnes de los pueblos, con su valor simbólico comunitario, han sido durante siglos la manera popular de luchar contra lo efímero, y parece estar hoy, como todo el conjunto del patrimonio inmaterial, destinado a perderse, si es que no lo ha hecho ya, y a dejar paso solamente a la pomposidad de los actos oficiales con los que los mandatarios de turno inauguran a bombo y platillo repetidores de telefonía móvil y centros comerciales, para acercar la civilización a todas partes y animarnos así a volver a nuestros pueblos.

Pero al igual que no es lo mismo el ruido que el lenguaje, tampoco son lo mismo lo pomposo y lo solemne.

[i] Han, B-C.: La desaparición de los rituales, Ed. Herder.

[ii] Campo Vidal, M.: La España despoblada: crónicas de emigración, abandono y esperanza. Editado por Sagesse para Next Educación.

iii]Extractado de las palabras de Han en una entrevista para la revista alemana ZEIT issen.


[iv] Joan Corominas: Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana, Ed. Gredos.

3 Comentarios

  1. Estamos en estos tiempos acumulando información con la rapidez de la tecnología, el hombre del siglo XXi vive en soledad. Y no hay abrazos, ni conversaciones de café. Los rituales de los pueblos ¿desaparecerán?. Lo comparto Susana!

  2. Tras leer este interesante artículo veo que Rajoy se equivocó, porque debió calificar a ZP como “Bobo pomposo”, en lugar de “Bobo solemne.”

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