ciudadanos

¡Qué bello instrumento es la mente al servicio de nuestro Ser; pero que peligroso instrumento cuando nos dejamos arrastrar, llevar y controlar únicamente por ella con todos sus programas y condicionamientos.
Durante una época de mi vida me preguntaba: ¿por qué nos cuesta tanto parar y meditar cuando ese hábito nos aporta paz y sabemos que es bueno para nosotros? La respuesta es porque los seres humanos somos adictos al sufrimiento. Estamos programados para la supervivencia, eso hace que nuestro cerebro siga dando más importancia a los sucesos negativos que a los positivos. Sin embargo se nos olvida que tenemos un poder inmenso: tenemos la habilidad de transformar nuestros pensamientos para dar forma a nuestra realidad. Ya lo dice la física cuántica: cuando cambia el observador, se modifica lo observado.

Nos convertimos en aquello en lo que pensamos durante todo el día. Pero ¿cómo cambiar mi forma de pensar? Primero y ante todo, dándote cuenta de que esa forma de pensar te está dañando. Pregúntate si hay ligereza y felicidad en tu vida. Si no la hay, tal vez tengas que hacer algún cambio.

Cuando hablo de hacer cambios me refiero a cambios en ti, no en el exterior. La mayoría creemos que nuestra felicidad depende del exterior, sin darnos cuenta, que somos nosotros los únicos que podemos procurarnos la ansiada felicidad que tanto buscamos. Tan solo tenemos que cambiar el lugar donde tratamos de encontrarla, ya que no está fuera, sino en nuestro interior.

Comienza ordenando y limpiando tu interior. Liberándote de todas esas capas que te pesan y te impiden mostrarte tal y como eres: perfeccionismo, autoexigencia, crítica, culpa…

Atiende cada emoción negativa que surge en tu interior, no la tapes ni reprimas, tampoco la ignores, escucha el mensaje que te trae y deja que esa energía se exprese. Sigue tu intuición. Verás como a medida que te conviertes en observador de tus emociones va entrando en juego una nueva dimensión de conciencia y es esa nueva conciencia la que te permite seguir avanzando y experimentando cada dificultad o contratiempo como una oportunidad inmensa de aprendizaje y crecimiento.

Deja que la sabiduría de tu corazón guíe cada uno de tus pasos. Llega un momento en el que sientes que tu confianza aumenta a medida en que tus miedos disminuyen. Vas por el buen camino…

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