Muchas escuelas del Somontano como la de Salinas de Hoz llevan muchos años vacías. La de Salinas incluso veía peligrar los accesos desde el pueblo a través de un estrecho sendero muy deteriorado por las lluvias y el paso del tiempo. El Ayuntamiento de Hoz y Costean ha hecho posible su recuperación.

SALINAS DE HOZ. A penas una veintena de niños inauguraron la antigua Escuela de Salinas de Hoz allá por los años 30, cuando el pueblo bullía de vida social. Sin embargo, durante los años 60 sólo 9 niños, hijos de cuatro casas, nutrían de alumnos este edificio, que se empezó a construir durante la Segunda República, aunque su finalización se vio entorpecida durante la Guerra Civil. Estos niños descubrían el mundo de manera “no muy distinta a la de cualquier otro, disfrutando y padeciendo el peculiar entorno de un pequeño pueblo del Alto Somontano: calles desmedradas, nevadas ocasionales, inquietantes tronadas, barrancos convertidos en cascadas, rocas y barzales, y conviviendo entre gorriones, burros y moscas”. Un paisaje agreste que punteaba el camino a la escuela en la parte baja de la ladera en la que está instalada Salinas. Fue el segundo edificio dedicado a la escolarización de los más pequeños, puesto que las clases empezaron a impartirse en otra instalación pública que en los años sesenta sería transformada en teleclub.

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Tras cerrar sus puertas en torno al año 1973, la escuela comenzó a sufrir un proceso de deterioro que la ha llevado a ser prácticamente inaccesible. No obstante, el camino desde el pueblo se seguía utilizando para visitarla y verla desde fuera, o para conectar el resto de casas con el conocido Mesón de Salinas de Hoz y los campos al pié del pueblo. Sin embargo, durante los últimos años, la vía era impracticable y amenazaba con desaparecer e incluso afectar a los campos anejos. Afortunadamente, las recientes obras del Ayuntamiento de Hoz y Costean han conseguido recuperar el camino y asegurar la zona para el futuro y para los que quieran seguir visitando aquella escuela en la que pasaron bastantes maestras (siempre maestras puesto que era lo establecido entonces para las escuelas unitarias mixtas) que cambiaban a menudo de destino, y eran toda una autoridad en el pueblo. “Cabe citar a la maestra oscense Mª Luisa Ochoa, que permaneció unos tres años a mediados de la década de los 60 y que dejó un grato recuerdo”.

En esos años, tanto la enseñanza como la vida estaban en permanente contacto con la naturaleza. Por eso muchos salineros recuerdan con cariño esa época, y señalan que en su opinión “el niño que no pasa su infancia en un pueblo, aunque sea parcialmente o en vacaciones, se pierde algo importante que nunca olvidará”.

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