María Moliner. Imagen https://focusonwomen.es/
Adecco

María Moliner, la dama de las palabras, fue, por su afán de definir la verdad de los significados y luchar por el verdadero significado de la cultura, duramente represaliada. Quizás por ser mujer, jamás obtuvo el sillón que merecía en la Academia, pese a haber escrito ella sola el Diccionario de Uso del Español. Degradada tras la Guerra Civil, se la quiso condenar al ostracismo de los sótanos donde se acumulaban los oscuros papeles polvorientos, a ella, que había fundado durante la República tantas luminosas bibliotecas populares para luchar contra la desigualdad que supone el no tener acceso a la cultura. Entre  1929 y 1939 María Moliner tomó parte activa en la política bibliotecaria nacional, colaborando con la Institución Libre de Enseñanza en proyectos como las Misiones Pedagógicas, en las que también intervino, tanto en Huesca como en otros lugares, María Zambrano, otra de nuestras grandes mujeres de aquella época, penosamente exiliada como consecuencia de su compromiso intelectual y político.

El lunes ocho de marzo, Día Internacional de la Mujer, y coincidiendo con el vigésimo aniversario de su creación, AulaDiez español online rendirá un homenaje a María Moliner poniendo a disposición de sus alumnos gratuitamente, para celebrar los veinte años de dedicación a la enseñanza de nuestro idioma en la red, el curso online que desde 2016 imparte en recuerdo de la lexicógrafa aragonesa bajo el título de “Seminario de Estudios Hispánicos María Moliner”.

MONZON

Escribo esto un par de días antes de la entrega de unos premios Goya en los que, afortunadamente, cada vez suenan más nombres de mujeres, empezando por el de Ángela Molina, galardonada con el  Goya de honor. Y ya que hablamos de cine, en casi todas las películas suele haber un protagonista y su antagonista, malos y buenos, galanes y truhanes, caciques de pueblo y luchadores por el pueblo, y cómo no, la guapa. Pero en la película de la vida la guapa no suele serlo por su cara bonita, sino por la bondad o la belleza de sus actos. María Moliner, con la austeridad de su moño y su atuendo sencillo y formal, nunca fue por la vida de diva, pero al final de la trama todos acabamos descubriendo que, en el fondo, era ella la guapa de la película.

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dph

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