Repoblación a través del cohousing, Martina Dell’Unto y María San Juan nos explican cómo

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Paula Gracia Juano: Hoy tenemos con nosotros a María San Juan Grande y Martina Dell’unto, arquitectas asociadas en Atelier15Madrid. Realizan proyectos en el mundo rural para apoyar la repoblación, pero, sobre todo, piensan en la alta calidad ambiental y el enfoque de ésta en la planificación urbana. Para empezar, ¿qué es el Cohousing?

Maria San Juan: El cohousing es una forma diferente de vivir. Es una autopromoción que realiza un grupo de personas con el objetivo de tener una comunidad enfocada en el bien común.

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Rehabilitan un inmueble o construyen uno nuevo en el que habrá unas unidades habitacionales, unas viviendas o apartamentos completos y, además,  espacios comunes.

Estos espacios comunes los definen en base a sus necesidades y objetivos. Para conectar, a través de actividades que no solo les sirvan a ellos, sino a las personas que están alrededor.

PG: ¿Qué diferencia hay entre el cohousing, coliving y el coworking?

Martina Dell’Unto: El cohousing se auto promueve por los futuros habitantes. Primero se forma un grupo denominado “grupo semilla” que va a llevar en conjunto el proceso de cohousing.

El coliving se promueve por otras personas. Se construyen antes los espacios comunes del coliving y luego los futuros habitantes van a vivir. La diferencia está en la autopromoción y la promoción.

Por otra parte, el coworking consiste en una serie de espacios compartidos para poder trabajar en conjunto. Hay un ahorro en los gastos porque cada persona alquila su espacio de trabajo además de contar con espacios comunes para crear alianzas y sintonías con otros trabajadores.

PG: En el cohousing, ¿puede haber salas de coworking?

MDU: Claro, sí, sí, el cohousing se construye con futuros habitantes que deciden los espacios que quieren compartir. En el cohousing hay zonas más íntimas y luego otras zonas comunes en las que pueden entrar espacios de coworking.

PG: ¿Cómo contactais con los futuros habitantes del cohousing?

MSJ: Ahora mismo estamos desarrollando muchas charlas online para llegar a las personas porque antes de la crisis de la COVID, hacíamos charlas presenciales y aprovechábamos los lugares públicos, como ferias, para hacer talleres. Ahora podemos conectar con personas de toda España para hablar de un tema que les puede interesar a todos. Para un proyecto que estamos desarrollando ahora junto con un ayuntamiento en la Sierra Norte de Madrid, la tecnología es una manera de captar y de poder explicar qué es lo que estamos haciendo para poder llegar a futuros habitantes y crear ese grupo para ver que las personas sean afines entre sí. Es una manera de generar ese encuentro donde las personas se dan cuenta de las cosas que tienen en común y definen sus necesidades.

PG: En el proyecto de la Sierra Norte de Madrid, ¿qué trabajos estáis haciendo?

MSJ: Básicamente hacemos llamadas a charlas informativas a través de redes sociales con la idea de repoblar y salir de la ciudad de forma colaborativa.

Esto no consiste en una promoción en la que te estoy vendiendo una casa en el campo, sino que te estoy invitando a que tengas una forma de vida diferente, afincada en la sierra de Madrid.  Entonces los interesados nos escriben y les mandamos un enlace a la reunión donde les explicamos. También hemos hecho alguna visita porque es importante conectar con el lugar, pero mientras tanto, para que las personas vayan recibiendo la información, utilizamos redes sociales y videoconferencias.

PG: Vosotras os centráis en la vivienda, pero ¿qué beneficios tienen los lugares que repobláis?

MDU: Nosotras nos centramos en la vivienda y en crear servicios. Este proyecto del que habla María está planteado para que tenga espacios compartidos de coworking y poder crear un tejido económico, un trabajo, y emprender en la misma sierra. Todo está combinado, en los espacios comunes también se puede ofrecer servicios para los pueblos que permitan crear actividades o espacios para alquilar, o dar una charla, una tertulia, no solo son espacios para vivir.

PG: Además, la pandemia y el uso de las nuevas tecnologías es algo que os beneficia a la hora de repoblar el pueblo por el cambio al teletrabajo, ¿es una oportunidad para ellos?

MSJ: Nosotros formamos parte solo de la herramienta, les acompañamos, les facilitamos y diseñamos las necesidades arquitectónicas, pero luego ellos son los usuarios. Nosotras nos marchamos y ellos se quedan habitando.

El teletrabajo es un punto fuerte porque como decía Martina se va a crear un tejido social-económico que puede estar ligado con actividades de la sierra como, por ejemplo, empresas de tiempo libre, de escalada o enfocadas a animales, que se desarrollan con los recursos propios del espacio y el lugar. Pero también, si hay alguien que está teletrabajando en una empresa y necesita bajar a la ciudad un día o dos a la semana, el resto está allí con un espacio privativo, un lugar que te encuentras con otras personas. Quizás para bajar a Madrid miras autobuses, pero no te cuadran en horario y puedes combinarte con otro de los vecinos para bajar y compartir coche. Esta comunidad da lugar a que ocurran cosas compartidas en las que ahorras costes y socializas para evitar esa soledad no deseada, que es un tema que ha quedado evidente en esta crisis del COVID, no solo en personas mayores que es lo más duro, sino en personas de cualquier edad que se han sentido aisladas.

PG: ¿Encontráis alguna desventaja o dificultad?

MDU: Hemos encontrado dificultades porque no todo el mundo entiende la cesión del uso del edificio que da la CAM al ayuntamiento y a las cooperativas, no entienden el no ser propietario del edificio. Otra es que las personas que van a la visita se dan cuenta de lo que hay en un pueblo. Muchos sueñan con eso, pero al ir de verdad se percatan de que los servicios están más lejos, o que tienen que coger el coche para llevar al niño a la escuela y no les encaja en sus necesidades.

MSJ:  Sí, en España hay tres factores negativos porque, así como en Europa el cohousing no es algo nuevo, sino que lleva ya muchas décadas y su acceso es bastante fácil, aquí en España hay que crear todo esto y para eso necesitas dinero, financiación para rehabilitar los edificios.

Si tienes una obra nueva, hacer un edificio y desarrollar la promoción inmobiliaria cuesta mucho dinero. Es la primera dificultad porque las autopromociones necesitan el crédito, pero la banca tradicional no entiende bien este tipo de operaciones porque no hay información, lo cual es otro de los grandes problemas; falta de conocimiento e información con respecto a este tipo de proyectos.

Actualmente en España cada vez son más los proyectos pioneros, pero vamos con retraso en comparación con el resto de Europa y EEUU. Este desconocimiento genera miedo y hace que todo, hasta la misma administración, no tenga claro para que está dando la licencia, creen que es una comunidad de hippies. Consiste en volver a restablecer las conexiones con las personas, salvaguardando su intimidad, pero haciendo que sepan quiénes son sus vecinos, cómo se llaman, crear ese vínculo que si necesitan algo saben que pueden contar con el vecino, esas cosas que en las ciudades ya se han perdido completamente.

Y el tercer problema, que nosotros por ahora no estamos teniendo, es el lugar, el suelo o el inmueble. Si quieres comenzar de cero un grupo semilla necesitas un espacio, en el medio rural lo encontramos y debería ser una ventaja, pero también nos hemos encontrado con personas que les cuesta vender sus propiedades familiares o herencias que implica hacer trámites jurídicos de esa propiedad… Esto ocurre en el medio rural, pero en las ciudades el problema está en los precios tan altos al entrar en el mercado libre.

PG: Para seleccionar a las personas que como bien habéis dicho deben tener gustos afines y conocerse anteriormente, ¿Qué etapas seguís antes de darle la vivienda?

MDU: Nosotras hacemos un llamamiento de personas para que se conozcan entre sí y llevamos a cabo talleres de competencia para ir generando entre ellos esos lazos y crear esas motivaciones de apoyo entre las personas. Hay un poco de todo porque cada proyecto es diferente, tiene un alma, es un proceso porque se funda sobre las personas ya que son el pilar central del desarrollo del proyecto. Hay otros ejemplos en los que se apuntan amigos de toda la vida y es la función de encontrar un suelo y acompañarlos en el proyecto.

MSJ: Exacto, nosotros no vamos a elegir a las personas, van a ser las personas quienes se elijan entre ellas, nosotras hacemos una llamada ante un espacio, un lugar con una premisa y todas las personas que se sientan identificadas con ello van a llegar. Ellos mismos desarrollan el proyecto, nosotros les facilitamos la parte técnica. Con los talleres que comentaba Martina ellos mismos crean su propio filtro, no es una cooperativa de viviendas donde apuntas y pagas.

Hay algunas cooperativas que sí que marcan por un tema de sostenibilidad de ellos mismos unos ratios de por ejemplo, 25% que sea del grupo de edad entre 60-70 años, otro 25% entre 70 y 80, otros 25% entre 50 y 60 y el otro 25% menores de 50 porque queremos que sea sostenible y haya personas de todas las edades, pero en realidad eso de normal lo deciden los propios habitantes ya que son los autopromotores y van a crear una cooperativa que define en los estatutos los servicios para los que se crean que es donde se empieza a definir lo que buscan esas personas creando ese filtro.

PG: Vuestros principales clientes, ¿Qué rango de edad suelen tener?

MDU: Cada proyecto es único, depende del lugar, la zona, el inmueble que se acerca más a un rango de edad o a otros. En España el boom de estos modelos de vivienda nació en niños y en las personas mayores para envejecer juntos y como una solución a la tradicional residencia.  Pero en el último proyecto es intergeneracional por el hecho de repoblar una zona.

PG: ¿Cómo veis el futuro para el cohousing?

MSJ: Yo creo que ahora mismo está habiendo un boom, pero ese miedo del que hablábamos antes genera cierta desconfianza. Nos parece necesario que sobre todo ahora que se ha visto lo vulnerables que somos cuando quedamos atrapados en la soledad, tenemos que verlo como una alternativa.

No es una alternativa a una residencia de cuidados, porque si estás malito siempre te tienen que asistir, pero para las personas que simplemente se hacen mayores y necesitan atención, pueden hacerlo en esta casa que compartes con personas que tienen las mismas necesidades que tú y, además, compartes los recursos. Pueden tener un profesional cuidando a un grupo de personas.

O por ejemplo en las familias, las madres que cada vez vemos como la crianza cuesta más si puedes contar con un grupo de personas en las que te apoyas, esto fortalece y de nuevo compartes recursos o comunidades energéticas y así contribuyes al bien del planeta y a que se desarrolle de manera óptima. De esta forma también minimizan los esfuerzos y con menos pueden tener más. Yo creo que es el momento y que ojalá siga creciendo porque en el mundo rural es una gran oportunidad para repoblar a través de las nuevas tecnologías y poder recuperar el patrimonio que se ha quedado abandonado.

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