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Una de las partes más consumidas de la red compete a plataformas como lomejordelasredes.com, donde encontrar una ingente cantidad de memes y videos virales. Pero, ¿de dónde nacen? ¿Son una vulneración de la intimidad o sólo un reflejo del ser humano?

La vida en meme

Franco Molina
MONZON

Por más disparatado que pueda parecerle algunos, los memes y la viralización de cierto contenido humorístico en la red ya ha comenzado a entrar en los libros de historia. En muchas ocasiones, la iniciativa de los usuarios es la que causa un significativo cambio en las costumbres y la idiosincrasia de la sociedad contemporánea. Un hecho al que, hoy en día, ha contribuido la democratización no sólo del arte en sí mismo y en muy variadas formas, sino de la expresión individual. Así, la libertad de expresión ha dado a luz un auge de los memes y vídeos virales en Internet que tiene mucho que ver con nuestra filosofía.

Del mismo modo que prácticamente todos conocemos o nos suena un meme u otro, existen plataformas que se dedican a recopilar el contenido más viralizado para evitar –admitámoslo– un enorme flujo paralelo de intentos frustrados de meme. Hablamos de lomejordelasredes.com, una web que ha sabido aprovechar el auge de los memes virales brindándonos un vasto recorrido por cuanto se cuece en la red. Atravesando, machete en mano, la jungla de las redes sociales y otros espacios a fin de traer un contenido de calidad y que, sin duda alguna, calará en nuestras sonrisas. Pero, ¿cómo hemos pasado de las tiras cómicas en el periódico a los memes?

Máxima libertad

Seguramente exista todavía un grupo de renegados que no ha llegado ha comprender la verdadera revolución que ha supuesto Internet en la historia del ser humano. La red, y atinando más aún, la conexión a Internet de la que prácticamente todo el mundo goza, no sólo es un medio de acceso más a la información. Se trata de un nicho de todos los mercados mentales que laten al unísono en las cabezas de todo individuo. Un espacio cuya ubicuidad y libertad de acceso nos permite publicar y encontrar en él una vastedad inimaginable de contenidos. O lo que es lo mismo: un canal desvergonzado para difundir todo cuanto se nos ocurra.

En ese sentido, recalcando la libertad de la estructura digital, la posibilidad de poder opinar públicamente lo que queramos ha traído desde maravillosos sueños hasta imbatibles monstruos a nuestra sociedad. Una dualidad que, no obstante, forma parte de la mismísima condición humana y que, por ello, cabe aceptar para afrontar Internet con la mente absolutamente abierta. Posiblemente, nunca nos hayamos preguntado si aquellos individuos que, a menudo catastróficamente torpes, aparecen en los videos virales querían realmente aparecer en la red. Sin embargo, para responder dicha pregunta, también deberíamos poner en cuestión los límites de la intimidad.

La intimidad, antaño un espacio reservado a nosotros mismos y, como mucho, a nuestros más allegados, ya no es un impedimento para el hambriento estómago de Internet. Del mismo modo que cualquiera puede mantener un debate político y público en Twitter o una obra de arte en Instagram, esa libertad de acción también se aplica cuando nosotros somos el sujeto publicado. En otras palabras, somos carne de meme andante, una criatura que por naturaleza busca reírse del prójimo y de sí mismo, adorando tanto su torpeza como su ingenio. Y esa democratización de la naturaleza humana es lo que sostiene Internet.

¿Qué ocurre con la intimidad?

Al acudir a plataformas de contenido viralizado como lomejordelasredes.com estamos explorando el comportamiento de nuestros semejantes. No sólo por cuanto se refiere a sus distintos talantes y modos de afrontar el mundo, e incluso las torpezas y las grandes ideas. Sino el modo en que los usuarios brindan su opinión sin tapujos en los comentarios, con una afilada sinceridad que a veces corta y, otras, cala con puro sentimiento. Es por dicho motivo que los memes y los videos e imágenes virales son ya patrimonio de la humanidad, por más atrevida que pueda sonar dicha afirmación.

Nuestro legado no se limita exclusivamente a aquellas grandes obras maestras que situamos como cúspide de la creatividad humana. Siendo honestos, la virtud se ha vuelto aburrida para muchos y, al fin y al cabo, a mayoría de nosotros queremos llegar al fin de nuestros días recordando sus risas, aunque su detonante fuera un simple video de cinco segundos mostrando la caída de un avergonzado adolescente. La viralización sólo es un espejo más de cuanto hay tras nuestra frente, en lo hondo del cerebro; un antídoto contra la mentira y a favor de la honestidad.

De la risa al lucro

Retomando la cuestión de la privacidad, lomejordelasredes.com ofrece un amplio abanico de memes y vídeos virales provenientes tanto de anuncios de venta, foros y chats, como de redes sociales o canales de mensajería instantánea. Aunque algunos puedan considerar su publicación un asedio a la intimidad, nuestros datos están continuamente procesados por terceros –e incluso cuartos y quintos– almacenándose en quién sabe qué país del mundo. Sería hipócrita, por tanto, cuestionar aquí un discurso sobre los límites de la intimidad cuando todo está indiscutiblemente conectado.

Cuando un contenido se viraliza, significa que es de patrimonio público, que está en todas partes y que, por lo tanto, tratar de revertir su efecto sería una absoluta pérdida de tiempo. De hecho, en algunos casos, la viralización se ha convertido en motivo de trabajo para muchas personas, encontrando personajes como La novia obsesiva o Bad Luck Bryan que, nacidos “por accidente” en Internet, han dedicado a ello una pequeña o gran carrera con bastante ánimo de lucro.

Sólo el azar decide cuándo será el momento de abandonar el palco y convertirnos en ese meme del que hasta los ancianos se mofan. Y, ¿quién sabe? Navegando, quizá algún día podemos encontrarnos todos en lomejordelasredes.com para suerte de nuestra risa.

gobierno de aragón

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