Planta de Monzón de Ferroatlántica.

Uno más uno son siete quien me lo iba a decir… bonita canción con repetitivo soniquete qué tristemente y atendiendo al ámbito laboral es una realidad. 

Números, números y más números. Eso eres tú y también lo soy yo. ¿Dónde quedaron las empresas con ideología familiar? ¿Dónde están las multinacionales en donde las personas no solamente importan mientras haya beneficios?

NAVIDAD GOB ARAGON mitad

La canción continúa con la siguiente frase: “que era tan fácil ser feliz”. Curiosa terminación si continuamos en el mismo ámbito. ¿La felicidad va de la mano de la seguridad? ¿Tenemos seguridad laboral?

Sin ánimo de ser prepotente o sabiondo, os diré que no tenemos seguridad desde el momento en el que nuestra condición de humano pasó a ser de digito.

Gran reforma laboral la del 2012, aquella que abarató el despido y que favoreció por lo tanto la deslocalización. Éxodo empresarial en busca de mano de obra barata. Qué importante es el voto…o

Nuestro futuro está marcado por los costes laborales. Creación de empleo nos dijeron. No hablaron de duración, ni de salarios, ni de precarización. Solo nombraron esas tres palabras: creación de empleo. 

Se les olvidó hacer mención al dicho de “pan para hoy, hambre para mañana”. También se les pasó por alto hablar del empleo juvenil. Actualmente, un gran porcentaje de la lista del paro corresponde a esta agrupación.

Quizá en la letra pequeña de su discurso se podía sobreentender que la explotación formaría parte de la jornada laboral, que la duración contractual de los contratos sería mínima y que las renovaciones dependerían única y exclusivamente de que no hubiera otra persona que esté dispuesta a cobrar menos por el mismo trabajo. Parece imposible pero lo anteriormente nombrado es legal. Precarización continua de las condiciones de trabajo y continuos reajustes para beneficiar siempre al mismo.

Pequeños son los pasos que se han ido realizando pero poco a poco se empieza a notar el compromiso social y laboral que hay en cada fuerza política.

Tras esta pequeña reflexión, querría hablar de la “Hidro”, de FerroAtlántica. He crecido teniendo a esta empresa en un pedestal. Siempre he oído cosas buenas de ella, incluso un familiar de su fundador fue pregonero de San Mateo. Rendidos, en cierta manera, a sus pies. Perfecta posición para recibir un puntapié… 

No solo se plantea el despido de 63 trabajadores debido al “buen hacer”, al “compromiso” social y local o al “palabrerío” digno del que tiene el poder. Todo el pueblo está detrás. Metafóricamente hablando, en caso de producirse, todos seríamos despedidos.

Hablo en primera personal del plural porque me siento parte de la Hidro sin trabajar en ella. Por ello quiero entonar bien claro el lema de que “FerroAtlántica somos todos “. No se ha podido elegir un lema mejor ya que es una realidad. La historia presente de Monzón no se entendería sin la Hidro. Muchos son los vecinos que han trabajado en ella, muchos los alumnos que han pasado por el colegio Salesianos fundado por esta empresa…  Monzón y FerroAtlántica van de la mano, o por lo menos esa es mi opinión.

Quiero transmitir todo el apoyo y toda la fuerza a los trabajadores y una vez mas quiero recalcar que todas y cada una de las empresas necesitan a sus trabajadores para sobrevivir. Muchos son los años que esta empresa esta asentada en Monzón, tantos como aval tienen los trabajadores. Experiencia, profesionalidad, eficacia… palabras que forman parte del ADN de sus trabajadores y que ha permitido la gran rentabilidad que ha habido después de tantos años. Nada ha cambiado, solo las prioridades empresariales… Con qué facilidad actúa el olvido…

Lo nombrado anteriormente es un hecho particular que se suma a otros tantos en multitud de poblaciones y que acaba componiendo un puzle de inseguridad regido por la reforma y el descontrol laboral. Marcó legal que acaba manteniendo las obligaciones a la vez que disminuyen los derechos. Acabamos siendo la veleta del viento que es soplado por las multinacionales que se olvidan que sin el trabajador no hay empresa. 

De nuevo y a modo de conclusión, quiero volver a entonar la letra que dio inicio a mi escrito, pero en esta ocasión con un pensamiento más positivo. Quiero creer que todo tiene solución, que lo idílico no es una quimera y que la solidaridad, el compañerismo y la empatía primen en cualquier ámbito de la vida. Sin pisoteos, sin egoísmos, que prime el bien común.

Uno más uno son siete, quien me lo iba a decir, que era tan fácil ser feliz.

 

dph

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