Mercurio y Argos, de Diego Velázquez, hacia 1659. Óleo sobre lienzo sin forrar. Museo del Prado

En la mitología griega, Linceo (del griego antiguo: Λυγκεύς, “ojo de lince“) era hijo de Afareo.  Se decía que Linceo tenía una vista excelente; esto le permitía ver a través de las paredes, los árboles, la piel y el suelo. Esta habilidad ha sido comparada con la técnica real de los rayos X en la fotografía y con la visión de rayos X del moderno héroe Superman. Según algunas versiones, también podía ver en la oscuridad. De este personaje nos ha quedado la expresión “tener la vista (o un ojo) de lince“, no en vano el nombre científico del lince ibérico es Lynx pardinus.

Polifemo (en griego antiguo, Πολύφημος Polyphêmos: “de muchas palabras“), hijo de Poseidón, es el más conocido de los cíclopes, que se caracterizaban por tener un solo ojo en la frente; también ayudaban a Hefesto en el manejo de la fragua. Este gigante se hizo famoso en La Odisea de Homero por el engaño al decirle Ulises que se llamaba “Nadie”, sufrir la ceguera que le provocó el astuto héroe (tras emborracharlo previamente), y finalmente por lograr escapar con sus compañeros de la cueva donde vivía el cíclope.

NAVIDAD GOB ARAGON mitad

Otro personaje famoso fue Argos, un gigante con cien ojos, considerado por ello un poderoso guardián, ya que podía dormir con la mitad de ellos abiertos, vigilantes, y la otra mitad cerrados.

Un relato cuenta que el dios Zeus amó a una joven y bella doncella de Argos, de nombre Io, pero su esposa Hera en seguida sospechó la infidelidad, y a Zeus no le quedó más remedio que convertirla en una preciosa ternera blanca y jurar que nunca había amado a ese animal, pero Hera además le exigió a su marido que se la entregase y la puso entre el ganado que vigilaba Argos. Zeus solicitó ayuda a Hermes, experto en trucos, para que consiguiera acceder a Io sin que lo viera Argos. Hermes  se acercó al gigante y entonó, con su lira, una bella melodía, tan dulce que hizo que por un instante Argos cerrara todos sus ojos a la vez. Lo que aprovechó Hermes  para cortarle la cabeza y llevarse a Io.

Por su apoyo, Hera recogió los ojos de Argos y decoró con ellos la cola del pavo real, animal consagrado a ella.

 

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