La presidenta de Madrid.

Tanto da ser habitante del Alto Aragón como de una playa mediterránea, en cualquier lugar de España en que se resida la noticia del momento son las elecciones de Madrid. La victoria de Díaz Ayuso no podía sorprender porque estaba en muchas quinielas, pero su contundencia no estaba. Ésa ha sido la portada sorpresa.

Moncloa aun no ha encajado el golpe y apenas ha hablado para decir que no es extrapolable al resto del territorio. “Otros” que me plagian, porque yo ya había escrito que Madrid no podía ser un ensayo anticipado de futuras elecciones generales. Para empezar, ni su presidenta es una política al estilo PP puro ni ha cedido un palmo (como cedieron tantos) a la estrategia del miedo (el mayor liberticida que ha conocido la historia), a la que el Gobierno con mayúsculas se entregó afanosamente desde que le explotó entre las manos una pandemia cuya llegada ya era conocida desde cuatro meses antes de tomar las primeras medidas. Isabel consiguió así enamorar a un segmento mayoritario de la población, que buscaba en quien poner su esperanza, y, por esa misma razón, los demás pusieron su odio. La dicotomía amor/odio se ha convertido en la forma que avala nuestra actual mediocridad política, la del retorno a los años treinta, aquélla que la quinta del 68, tras 200 años de confrontación, creíamos haber superado.

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Donde el Gobierno cóctel y su partido principal debieran centrar su atención es las causas que transformaron esta esperanza en un ciclón que ha barrido en las urnas cuanto se le ha puesto por medio. Porque, involuntariamente, ese partido ha sido cómplice de esas causas.

La solución inmediata no fueron medicamentos ni EPI´s, que no había ni para los profesionales, sino… ¡la tiranía! ¡Hala!, estado de excepción (alarma) con poder único absoluto. Estado que se aprovechó para reformas que nada tenían que ver con la sanidad pero que hubieran levantado ampollas de impopularidad en amplios sectores, caso de un debate abierto y honrado, como la fiscalidad o la educación. Todos a prisión domiciliaria y, si quieren saber lo que les espera, vean y oigan medios dóciles, controlados o simplemente serviles.

El control de la enseñanza y la información son dos elementos esenciales para todas las dictaduras. Sin los medios, es imposible ganar una guerra política. Pero Ayuso no se arredró y tomó la bandera del desafío contra un Gobierno económicamente asfixiante y sordo a Europa, lo que la convirtió de simple gestora regional en icono de la contestación. Una educación deficiente y una información viciada pueden crear nuevas generaciones apesabradas en el subsidio e irle dando cuerda a base de sangrar a los sectores de actividad y segmentos de población productivos (eliminar a la clase media), aprovechando la justificación por el miedo.

Sin embargo, Ayuso intentó mantener niveles de producción y actividad que pretendían el 40% del total de España, cuando el normal de Madrid está poco por encima del 20%.

El pasado 18 de marzo recibió del presidente Tzitzikostas del Comité de las Regiones de la Unión Europea el premio a la mejor gestora regional, y el propio presidente felicitó en su discurso a los madrileños por tener una líder tan emprendedora. No se registró ningún eco en nuestra televisión pública pero tuvo un espacio especial en la RAI. Bastante bochornoso. Pero ni este hecho (que probablemente pasó desapercibido a la mayoría de los ciudadanos) ni los anteriormente expuestos, aunque supusieran mejoras en su imagen y en su valoración, fueron a mi juicio causa de su gran ascenso. La sensibilidad del electorado no es tan maleable. Los errores de gran bulto con que sus opositores la proyectaron son dos, que a continuación cito.

El primer partido del Gobierno cóctel está soportado por un segundo que en los últimos tiempos había acumulado un descrédito considerable entre el electorado. Sabido es que la política frecuentemente se convierte en una cuestión de gestos y no (como sería razonable) de hechos. Esos gestos habían derivado a lo histriónico y a veces a simples juegos de palabras y gramática que debían (a sus creadores) parecerles ingeniosos. El señor Gabilondo no se recató en decir que constituiría un gobierno (¿de progreso?) con el segundo partido, el que además tenía previsto fagocitar a su hija emancipada Mónica. La respuesta de Mónica ya es conocida y los resultados también. Su partido es hoy la segunda fuerza política de la región y el señor Gabilondo “culpable de todo”, según se deduce de la conducta de sus jefes, pues ninguno tuvo la decencia de acompañarlo en el difícil trago de su noche de fracaso.

El segundo y más grave de estos errores fue la gestión gubernamental del covid19. Intereses y agendas políticos fueron ante puestos en un intento de utilizar la grave crisis de la salud pública para su propio beneficio. En la primera ola, está gestión fue calificada como la peor de la OCDE por medios internacionales y agencias acreditadas, sobre lo que se ajustó la correspondiente mordaza informativa. Pero no ha bastado para silenciar la rabia del pueblo. De esto sí ha tomado nota Moncloa, pues ahora concentra su mensajería en el calendario de vacunación. Hace poco estábamos en el 7% de población vacunada y ahora vamos por el 11%. En la primera semana de mayo se administran dos millones y medio de dosis. Un ritmo que nos iba a llevar años se reduce a menos de uno. ¿Ustedes lo creen? Pues más nos vale que sea cierto. El pueblo llano tiene que aprender, sean cuales sean sus sentimientos,a desear éxito a quienes gobiernan, pues somos los que vamos a pagar los platos que sus errores rompan. Y a seguir el camino que nos marquen, que en esta hora no va a ser el caminito verde sino los atajos con sus abrojos. Para empezar, la AstraZeneca no será retirada como hacen algunos países de la Unión, después que ésta decidiera no ampliar sus contratos con tal farmacéutica. Pero lo que ya tenemos hay que comérselo. Eso sí, acotado a un segmento de población, de forma que la indignación y el miedo también se limiten. En octubre se comenzará con los adolescentes de 16 años a 12. Y en enero por debajo de 12. Y, si no saben qué vacuna, no busquen pruebas clínicas en niños porque pocas van a encontrar. Los abrojos también hay que comérselos.

Igualmente tienen algo que aprender quienes gobiernan al pueblo llano: no se crean el viejo chiste inglés. “ – Señor ministro, ¿por qué piensan que los electores son idiotas? – Porque nos votaron”. Sólo se trata de un chiste. Es electorado es a veces imprevisible, pero idiota nunca.

VARIOS

1 Comentario

  1. Claro que no, señor Mozo, el electorado solo es idiota cuando vota a quién yo no voto. Si vota a quién yo voto el electorado es listísimo.
    “Otros que me plagian”. Pero buen hombre, que usted publica en Letras de autor, a tanto el kilo.
    En fin.

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