Mujer Rural

Los Solsticios de “sol-state”, el sol se detiene, son los dos momentos del año en los que el sol parece detenerse en un punto fijo de su órbita, para a continuación reiniciar su marcha en sentido inverso. El solsticio de verano, es el momento que señala el inicio de la fase descendente del ciclo anual y la llegada de este solsticio de verano está ligada a tradiciones ancestrales, celebrándose en diversos puntos del planeta entre el 20 y el 25 de junio.

Una noche en que las plantas reciben todo el influjo y poder generatriz de la Madre Tierra, por ello, en el Somontano, se recogían borrajas esta noche ya que adquieren poderes fecundantes y eran consumidas en la cena del día siguiente por la mujer que deseaba quedar embarazada. Por el Alto Esera, quemar siete hierbas recogidas esta noche cuando la tormenta se avecinaba con riesgo de piedra, fue costumbre usual, ya que con ello ahuyentaban o esconjuraban el peligro de quedarse sin cosecha. En otros lugares del Altoaragon, un ramillete de siete hierbas colgado hacia abajo en la chimenea o la cocina, protegía toda la casa y a sus moradores contra las tormentas y tempestades.

FRANCO MOLINA CENTRAL

Por todo el Altoaragón el sol tienen un valor profiláctico, siendo muy variadas sus representaciones y existen algunas flores que están en estrecha relación con este astro, así  es que se recoge en esta noche  los cardos corredores, que clavados después sobre las puertas de las casas, protegen a los moradores de las brujas.

En los altos Valles el ritual del fuego adquiere el mayor protagonismo, en Ribagorza encontramos ejemplos como Liri, Castejón, Arasán, Villanueva, y otros lugares donde se enciende el “Foro” (Fuego) en un monte lejano y se desciende hacia la población con las “Fallas” (Antorchas) que se hacen de “Pells de Albá” (Peladuras de Abedul) para llegar a la población y encender con ellas varias hogueras. En Sobrarbe, las gentes chistabinas recorren los montes con grandes hachones de tiedas ardiendo, buscando la cabeza cortada de Juan el Bautista, que según relata una leyenda de la Bal de Chistau, dio cortada siete saltos, naciendo en cada uno de ellos una fuente, de aquí que se tomara para el resto del territorio la importancia del número siete: siete son las hierbas; siete son las fuentes; siete son las aguas que se toman. La celebración culmina en el lugar de San Chuan de Plan con la gran hoguera que rinde culto al Santo Precursor del Mesías, al Bautista, pero se renueva a su vez el culto ancestral a esa divinidad que por medio del sol dará los frutos y energías necesarias a sus gentes.

Barbastro celebra igualmente este rito con las Hogueras de San Ramón, pues con estas hogueras se creyó siempre era la forma de calentar el sol que necesitan las gentes y el ganado, se  trataba a su vez de evitar pestes y epidemias, echando todo lo inservible en ellas. Fue desde siempre, la forma de cerrar el rito solsticiar. Los jóvenes saltaban tres veces la hoguera para tener un próspero año de cosechas y frutos, los mayores daban siete vueltas alrededor de la hoguera y los güelos tomando una rama encendida de la hoguera, rezaban una plegaria o invocaban la protección de la familia y la casa, es decir, animales y cosechas, arrojándola nuevamente a la hoguera.

Por el Somontano y el Cinca con los troncos medio-quemados, es decir, carbonizados, se protegía la casa contra todo maleficio que pudiera venir del exterior, y posteriormente, una vez apagada la chera, sus cenizas eran repartidas por los campos como elemento protector y fecundante, repartiéndose una cantidad de la misma entre las personas, ya que estas cenizas, curaban todas las enfermedades de la piel.

Esta es una celebración o fiesta de la que comienza a tenerse conciencia de ella hace aproximadamente 5.000 años, cuando los hombres observan las estrellas y descubren que el sol alcanza su máxima altura. Una fiesta que la celebraron los Celtas, Romanos, Griegos y Visigodos, como la gran fiesta del fuego, hasta que los Reyes Católicos devotos de San Juan Bautista ayudan a cristianizarla y la fomentan en todos sus reinos.

En el Altoaragón se estuvo celebrando durante siglos al igual que se venía haciendo en el mundo celta, como celebración  del principio y final de las estaciones o ciclo agrícola, porque nuestros antepasados, depositarios de su cultura, celebraron el comienzo del verano con la fiesta de Beltaine que significa fuego de Bel, el nombre del dios celta del sol.

DPH

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