Mujer Rural

La ciencia ha hecho grandes progresos sobre el funcionamiento de la mente, pero todavía queda mucho por investigar. Las millones de conexiones del cerebro humano encierran grandes secretos por desvelar. Nuestros pensamientos, sentimientos y emociones, repercuten directamente, para bien o para mal, en nosotros.

Filósofos afirman que somos lo que pensamos, y posiblemente tengan razón. Entre un 15 y un 20 % de las personas somos PAS, (personas de alta sensibilidad). La mente consciente tan solo ocupa un 10 %, el resto pertenece al subconsciente, la gran desconocida. En una comparativa podríamos decir que la mente consciente es el piloto y la mente subconsciente el piloto automático.

FRANCO MOLINA CENTRAL

En el mundo cuántico todo es posible. Todo es energía y vibración, las partículas, ondas, campos eléctricos y electromagnéticos atraviesan muros de hormigón sin ningún problema, todo es relativamente pequeño y complejo. Una simple célula encierra tal información en su ADN, que con ella se podrían completar unos mil libros. Nuestros pensamientos crean vibraciones o energía, pero la ciencia asegura que hoy día no se pueden medir los pensamientos por la velocidad a la que circulan.

Los organismos de los seres vivos funcionan o se comunican por corrientes e impulsos eléctricos que, a su vez, generan campos magnéticos. Cuando estos campos interfieren, el organismo enferma. Nuestros impulsos, corrientes y campos interaccionan con los procedentes del exterior, ya sean naturales o artificiales, y es por ello que la salud se puede deteriorar si estos campos modifican el correcto equilibrio del organismo.

Los efectos más graves suelen tardar años en aparecer, aunque a veces, como en el caso de los niños sensibles a estas radiaciones, se pueden detectar a los pocos meses de vida. En muchos árboles y  plantas no hay que esperar años para ver los resultados, en días o meses se puede comprobar. Algunos en los cruces de las redes telúricas con un cruce de agua ni nacen, mientras que a otros no les afecta o les favorece.

La mayoría de los estudios que he realizado están relacionados con las energías naturales. Las artificiales son mucho más complejas de estudiar y así lo hacen los científicos con aparatos sofisticados. Yo tan solo uso un magnetómetro, aunque realmente si uno es capaz de percibir estas radiaciones el mejor detector es nuestro propio cuerpo, capaz de detectar y medir los mejores sitios para vivir. Así lo hacen los animales, al no haber perdido éste sentido de percepción.

He realizado miles de comprobaciones para no equivocarme. En todos los estudios que he realizado, por supuesto los errores son inevitables, sobre todo en los inicios. No es fácil separar la mente consciente de la subconsciente, que es la que da las respuestas correctas normalmente a través de distintos instrumentos como varillas, péndulos, biómetro de Bovis, etcétera, (conscientemente también se pueden mover como uno quiere).

Todas las civilizaciones y religiones conocían y practicaban estos conocimientos. Los más conocidos son los zahorís por los miles y miles de pozos que han marcado. También son buscados para encontrar petróleo. Encontrar agua no tiene ningún secreto, muchos de vosotros la podríais encontrar fácilmente.

Los estudios realizados en estos años han sido muchos y variados. Desde monumentos megalíticos como el menhir de Merli en la Ribagorza, el domen de Tella, el de la Capilleta y el Pueyoril en el Sobrarbe. Círculos de piedra en el valle de Oza en Hecho, piedras sagradas con sus altares rupestres algunas de ellas con Eugenio Monesma para el Instituto de Estudios Alto Aragoneses, dibujos de canto rodado donde marcaban estas energías, una multitud de cruceros por el Somontano y la provincia de Huesca, al igual que ermitas, iglesias, monasterios y alguna catedral como la de Barbastro y Roda de Isabena. El monumento del siglo XX en Abiego, el esconjuradero de Huaso, entre otros. También he estudiado el comportamiento de perros, gatos y hormigas.

Los que más me han sorprendido han sido los realizados a unas 70 viviendas y a cientos de árboles de distintas especies, además de plantaciones de almendros, olivos, viñedos, y a más de 20 huertas. Los resultados son tan evidentes y demostrables que no dejan lugar a dudas de cómo estas energías nos pueden afectar, para bien o para mal. La ciencia debería investigarlas mucho más, en otros países ya se hace desde hace años e incluso han prohibido la wifi en los colegios.

Todos los estudios se han realizado de forma altruista, por pura afición y con la satisfacción de haber ayudado a muchas personas de una manera u otra. De las radiaciones artificiales lo único que os puedo decir que seáis muy precavidos y no abuséis de ellas porque a medio o largo plazo no se sabe cómo nos van a afectar.

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