Mujer Rural

“Buenas noches, ¿gozamos o no gozamos?”. Así irrumpía en el escenario el pianista, compositor y arreglista cubano Chucho Valdés este sábado en la explanada del Castillo de Aínsa. Ante la inmediata respuesta afirmativa del público comenzaron a sonar los temas, sin apenas pausa, subiendo paulatinamente la intensidad y haciendo que los asistentes se viesen obligados a bailar sentados los estimulantes ritmos latinos que emergían de las manos del mago del piano.

El artista venía acompañado de sus músicos habituales. Georvis Pico Milian en la batería, Reinier Elizarde Ruano al contrabajo y Pedro Pablo Rodríguez Mireles en la percusión, completaban la excepcional atmósfera musical que la lluvia, a mitad de concierto, no fue capaz de interrumpir. Posiblemente ni los instrumentistas fueron conscientes de la efímera adversidad meteorológica, tan ensimismados que estaban acariciando y pulsando con tesón sus preciadas herramientas.

FRANCO MOLINA CENTRAL

Hubo tiempo para rendir tributos, hacer un guiño a Mozart, solos
(mostrando por ejemplo el dominio del contrabajista) o despertar frecuentemente la necesidad, tan adormilada en época de pandemia, de moverse, esta vez al compás de un tango a la cubana. Porque así hace las cosas Chucho Valdés, “a la cubana”, como no se cansaba de repetir, recibiendo en cada mínima intervención verbal el cariño de los asistentes. El repaso a 60 años de carrera concentrado en noventa minutos se saldó con una ovación que puso en pie a todo el patio de butacas, más de 600.

Son pocas las ocasiones en las que se puede disfrutar de artistas internacionales de la talla de Chucho Valdés. Más si cabe si hablamos de los entornos rurales. Los asistentes no perdieron de vista el privilegio de tenerlo en la villa medieval, pues no todos los días se tiene enfrente, además, a alguien con diez grammys a sus espaldas llegado del otro lado del charco. Acompañándole de aplausos y siguiéndole los ritmos cada vez que el maestro lo solicitaba, la realidad dice que a nadie le hubiese importado alargar la velada hasta altas horas de la madrugada.

Cris Zagaleja y Merche Caballud precedieron a Valdés rescatando la cultura popular
Horas antes de que se produjese el concierto que más asistencia  concentraría de todo el festival, en el casco antiguo de Aínsa sonaban una panderetera llegada de Valladolid, Cris Zagaleja, y los versos de una cata de poesía a cargo de Merche Caballud, vecina de Fiscal.

La cultura popular siempre tiene una presencia muy destacada en cada edición, y en la de este año la dirección artística decidió contar con la sabiduría de la librera, virtuosa y maestra de la pandereta Cris Zagaleja. Ella ofreció, en la sala de exposiciones del ayuntamiento, una charla sobre cómo, a lo largo de sus 23 años de afición, ha logrado contactar con pandereteras principalmente de la cornisa cantábrica para recuperar repertorios antiguos. Su desaparición tiene mucho que ver con el éxodo a la ciudad producido en la segunda mitad del siglo XX, y también con el hecho de que fueran las mujeres sus principales protagonistas.

Muchas de ellas tocaban de nuevo una pandereta después de cincuenta años, presenciando Cris Zagaleja, en varias ocasiones, el momento en el que señoras de más de noventa años rescataban de su memoria los ritmos que tantas veces atrás habían tocado en las fiestas de sus pueblos. Del etnógrafo Jose Manuel Fraile Gil y de la Fundanción Joaquín Díaz salen muchos trabajos y empieza a ponerse en valor el uso tradicional de este instrumento, labor en la que Zagaleja contribuye y que ha dado forma en un libro nacido durante el confinamiento de 2020, “La pandereta en Castilla y León: técnica y repertorio”. En la jornada de este domingo la vallisoletana ofrecerá un curso de iniciación a la pandereta. Será a las 19h en el Patio del Museo.

Le seguía en la programación Merche Caballud, que en el Patio del Museo y prescindiendo del escenario para lograr un encuentro más íntimo con el público, venía provista de un folleto de poesía popular tradicional. El objetivo: aproximar a los interesados al mundo del verso con una “cata” de poemas que se remontaban al siglo XII. Amor y desamor, dolor, desconsuelo y naturaleza han sido los temas por excelencia a lo largo de la historia de esta rama de la literatura, que completaba Cris Zagaleja tocando y cantando un romancero. La tarde resultó del todo atractiva con la combinación poesía-vino en un ambiente distendido y único que sentará precedentes para próximos festivales.

Al curso de pandereta de la tarde del domingo se añade una sesión de cuentacuentos con Isabel Benito, en el Parque Nabateros de Aínsa a partir de las 18h. Como singularidad, se reservan parcelas de hasta seis personas para disfrutar en familia de un espectáculo dirigido especialmente a los más pequeños de la casa. Quedan invitaciones para ambas actividades que se pueden conseguir en festivalcastillodeainsa.com.

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