comercio barbastro
Imagen Ángel Huguet
Mujer Rural

¡¡Cómo nos han cambiado los hábitos en los últimos quince meses!!

La crisis sanitaria que se inició en marzo de 2020 ha hecho variar el modo de comprar de muchos consumidores y ha acelerado y modificado tendencias que ya estaban en marcha.

FRANCO MOLINA CENTRAL

Es cierto que el comercio on-line o el ocio de compras en grandes centros ya irrumpió en nuestras vidas hace tiempo y parecía que su crecimiento no tendría freno. Ahora, más de un año de pandemia después, todos hemos comprobado que el comercio de proximidad ha evidenciado, de nuevo, sus características positivas como una opción firme: porque el servicio esencial que ha prestado durante los confinamientos ha sido imprescindible, porque el esfuerzo realizado por los pequeños establecimientos ha sido impagable, porque la atención personalizada no tiene precio, porque el límite de aforo es mucho más cómodo que en los grandes centros comerciales y también porque el consumidor cada vez está más mentalizado de que el comercio local es necesario para mantener la vida de y en los pueblos y medianas ciudades. ¡La vida!

Por otra parte, que en muchos casos las segundas residencias, es decir “el pueblo de los padres”, se hayan definido claramente como alternativa a las vacaciones en destinos lejanos y también para asentarse en zonas con menos riesgo de contagio y más naturales y humanas (el teletrabajo ha ayudado a que estos nuevos pobladores puedan permanecer mucho más tiempo en estas segundas residencias) ha servido para aumentar, temporalmente, la población de los núcleos rurales. Todo ello se ha unido a que la mentalidad de los consumidores -también los llegados desde las ciudades- ha cambiado y ahora prefieren productos más cercanos, “de kilómetro cero”, recogidos en el momento óptimo de maduración frente a los envasados o procesados.

Así pues, queda definido un nuevo escenario, que es necesario consolidar, a través de medidas claras para apoyar e impulsar a “nuestro” comercio: hay que conectar redes de distribución y comercialización, por ejemplo, entre los agricultores y consumidores a través del comercio de proximidad, concretar ventajas fiscales y administrativas para apoyar el comercio rural, promover su modernización y digitalización, concienciar de que el mejor apoyo es comprar en estos establecimientos.

Esta actividad económica es un servicio público que debe contar con apoyo institucional claro y bien definido, cualitativa y cuantitativamente, en el momento en el que se definan los pasos en la política del reto demográfico y más específicamente frente a la despoblación, porque una apuesta coordinada desde todas las administraciones, atraerá más emprendedores y actividad comercial en las áreas rurales, que se traducirá en un incremento de la población. Hay que destacar que un establecimiento es una familia trabajadora, es dinamización social, es garantía de servicio.

Además, desde las administraciones más próximas, se debe apoyar a este sector, para que mediante la formación adecuada aprovechen para fidelizar a estos nuevos consumidores, también a los que vuelven al pueblo los fines de semana, y atraigan a otros nuevos. Tienen también que orquestar ayudas destinadas al acondicionamiento y optimización de la imagen de los comercios rurales, para la diversificación de la oferta comercial incorporando al catálogo productos agroalimentarios y artesanales autóctonos e incluso de las industrias locales.

Por otra, es básico, generar sinergias entre el turismo y el comercio para conseguir dotar a los pequeños comercios locales de atractivo y utilidad económica y social. Está demostrado que la compra de artículos en los destinos forma parte de las experiencias del turista de zonas rurales. Es decir, la propia actividad comercial de productos naturales, de proximidad, de elaboración artesanal y de calidad pasa a ser un reclamo para los visitantes y se convierte en elemento generador de flujos turísticos que contribuyen al desarrollo repercutiendo en la creación de empleo, directo e indirecto. Tener trabajo es una clave para revertir las estadísticas que hoy describen a las zonas rurales como despobladas y envejecidas, para llenarlas de más vida.

Está constatado que en los pueblos en los que hay comercio hay vida, que en las cabeceras donde se mantiene y crece el sector, hay vida. Debemos trabajar juntos para conseguir que el comercio local no sólo no desaparezca, sino que avance. Aragón es una tierra idónea para ello. Barbastro y el Somontano, más todavía. El reto es importante, pero tengo muy claro que a través de la colaboración de administraciones, autónomos y empresarios y, sobre todo, consumidores, lo vamos a conseguir.

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