Acto de entrega del galardón de Árbol de Europa de 2021
Varios

Con el reconocimiento  como árbol europeo del Año 2021 , cuyo diploma acreditativo era recibido el pasado día 6 de mayo, la carrasca de Lecina ingresa en la nómina de árboles convertidos ya en referentes de España y Europa.

Sus valores naturales ampliamente difundidos, su envergadura y potencia, le han valido el apelativo de milenaria. También se le llama “la castañera” pues se dice que sus bellotas son tan dulces como las castañas. Bajo su copa se cobija un rebaño y hacen falta varias personas para rodear su tronco. Fue declarado como árbol singular de Aragón en 2015 y se encuentra en un territorio con amplios reconocimientos naturales y culturales, perteneciendo al Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara y al Parque Cultural del Río Vero.

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Esta encina encierra también un importante carácter simbólico que le dota de un destacado valor cultural, el propio del patrimonio inmaterial e intangible. Es sabido el papel que numerosas especies vegetales, bosques y árboles han ejercido en muchas culturas como soporte de creencias; y cómo ejemplares concretos de los mismos se han erigido en símbolo de identidad de la comunidad que trasciende al tiempo.

La carrasca de Lecina es la protagonista de una preciosa leyenda de brujas, las famosas brujas de Guara que recorrían los bosques y montes y atemorizaban a los humanos. Bajo sus ramas, según se cuenta, también se sellaron acuerdos y pactos. En su juventud, vivía en el inmenso encinar que rodeaba Lecina (el propio nombre de la localidad deriva de éste) donde se ocultaban las brujas. Pero ella, apiadándose de los humanos no les permitía refugiarse en sus ramas, lo que provocaba numerosas discusiones. Cuando las brujas se fueron, premiaron a las viejas carrascas que les apoyaron con un deseo. Unas pidieron hojas de cristal, otras hojas perfumadas y las más vanidosas ramas y hojas de oro. Pero, hete aquí, que una gran tormenta destruyó las hojas de cristal, un rebaño devoró las perfumadas y los ladrones robaron las ramas y hojas de oro…. Sólo ella que no pidió nada sobrevivió.

Las leyendas urden los hilos del pensamiento y las creencias de muchas generaciones tejiendo estas narraciones sostenidas en el tiempo. Estamos en un territorio plagado de ellas, con una difícil orografía que ha favorecido que nuestro imaginario colectivo se pueble de seres fantásticos, de acontecimientos extraños, que vienen de lejos.

Cerca de la carrasca (a menos de una hora caminando) nos asomamos a otro enclave cargado de historia y de misterio: el barranco de la Choca y el Cañón del Vero. Aquí, nuestros antepasados, en la Prehistoria, ya convirtieron este espacio en un gran santuario donde plasmar su arte, su cultura y sus creencias. En abrigos como Barfaluy, Lecina Superior o Mallata, en sus pinturas rupestres, cuya universalidad ha sido reconocida por la Unesco como Patrimonio Mundial, también se representan figuras, a veces enigmáticas, y signos como los llamados ramiformes pues se asemejan a formas vegetales.

Estas comunidades neolíticas y de la Edad del Bronce, agrícolas y ganaderas, aprovecharon los bosques de encinas y robles que se extendieron por la Península Ibérica tras la retirada de los hielo a partir del Epipaleolítico, para el pastoreo y para la recolección de bellotas también para el consumo humano. Así lo acreditan los hallazgos arqueológicos de la Cueva de Chaves, referente del poblamiento neolítico de esta zona.

¿Que nos cuentan esas representaciones rupestres ….? Difícil de saber. Quizá nunca se haya roto esta cadena legendaria y tenga continuidad, a través de nuestros recuerdos de especie que refuerzan la percepción simbólica.

Y si importante es esto, también lo es cómo se ha producido el reconocimiento que festejamos. El historiador Yuval Noah Harari, en su ensayo divulgativo“ Sapies de animales a dioses “, destaca la capacidad innovadora de nuestra especie en la creación de mitos, entendiendo como tal cualquier construcción de orden intelectual y simbólica (desde la creación de un estado, a una leyenda) y que sólo así se explica que miles o millones de personas sin conocerse y sin formar parte de una misma comunidad trabajen o compartan una empresa desde la más pequeña a la más ambiciosa. Y esto es lo que hemos reeditado aquí: instituciones y personas particulares se han unido en una nueva trama, en esta red de redes en torno a esta declaración reforzando el mito y carácter simbólico de nuestro árbol. Lo mismo que generaciones anteriores, con nuevas herramientas y mayor amplitud.

Gracias a los habitantes de Lecina y a los propietarios de la carrasca que la han cuidado durante siglos tenemos esta maravilla. Ahora se nos entrega la responsabilidad de mantenerla, para que las generaciones venideras sigan revalidando este mito que nos une a través del tiempo.

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