Tolika Sophia
monzón 2

El Festival BFoto me invitó, por primera vez, en 2016, a participar como jurado en su convocatoria Emergentes. Recuerdo con nitidez aquel día del mes de junio que me trasladé desde Barcelona en autocar hacia la capital de la comarca del Somontano, Barbastro. A lo lejos, desde la ventanilla, y poco antes de llegar, no divisé la ciudad, no la pude situar en un horizonte definido ni apreciar un núcleo urbano en su conjunto. No obstante, la percepción de ese vacío momentáneo no evitó que Barbastro habitara en mí nada más entrar en la acogedora estación de autobuses. Al fin, siempre he mantenido que la fotografía, como imagen, necesita de una indefinición previa antes de percibir su estética como de concebir su argumento; antes de que se asiente en el sentir.

Al salir del interior de la estación, me alentó la luz de primera hora de la tarde; la luz de un día caluroso que se reflejaba en la plaza de Aragón entre sombras evocadoras; al igual, la fotografía, entre la luz y la sombra nos desplaza para adentrarnos, o hacernos salir, de la claridad como de la oscuridad; todo motivo atesora su sombra, a la vez que su luz.

ECOEMBES COMARCA

Seguí caminando en dirección hacia mi hospedaje, el hostal Pirineos, pero antes de adentrarme en el paseo del Corso, con sus comercios, edificios y balcones, me asomé para divisar, a mi izquierda, la catedral de Nuestra Señora de la Asunción, lugar que visitaría días después. Simultaneidad de espacios que relaciono con un aspecto singular de la fotografía: su capacidad de enaltecer lo que ya es sublime, como una catedral, como hacernos descubrir belleza del postigo de madera de una ventana, como la que divisé en el mismo paseo del Corso.

Juan Cerón

A esa hora del día, y en esa estación del año, no había en quién fijarme. Sí, no me acompañaron en mi recorrido las gentes en sus andaduras y paseos por Barbastro, pero sí lo hicieron sus calles. Esa sensación acrecentó sentirme en lugar; defino “en lugar” como ese espacio que valoras como auténtico; no hay nada más vigente que aquello que en su estado originario se conserva. Carezco, por principios, de esa predisposición de conocer un lugar bajo el término de pintoresco, como se suele hacer desde la mirada externa del ciudadano de una gran urbe, ese que también soy. Creo que lo moderno se rige desde la propuesta sincera de preservar, pero en continuidad con los tiempos; equilibrio entre lo urbano y lo rural cercano que aprecié en Barbastro. También la fotografía demostró que nunca existió ruptura, sino continuidad renovadora, al retomar los géneros clásicos que la pintura abandonó ante la irrupción formal que les ofrecía la abstracción.

Mi lento caminar me hizo llegar hasta una bifurcación amparada por un comercio de nombre evocador: Pastel Biarritz Albás. Tenía que elegir entre las calles Academia Cerbuna seguida de San Ramón, o la de General Ricardos. Toda bifurcación comporta decidir y tomar una sola de las opciones. Aguzado por un sentido práctico, tomé la que correspondía a la calle en la que se ubicaba mi hostal, pero sentí que algo me quedó por descubrir; suscitaba mi atracción aquella otra calle de la que desconocía su contenido y destino. Era poco lo que dejé de ver, pero entendí que aquel sentirme habitado por el Barbastro de mi llegada me invitaba, ahora, a encontrar una suerte de bifurcaciones acrecentadas por mi necesidad de descubrir. En Barbastro, la bifurcación, como concepto, se mantiene en cada espacio, en cada lugar sientes que para conocer se debe dejar algo por descubrir, pero con la complacencia de que ese algo te espera, nunca se oculta, ni de ti se oculta y menos se da a la fuga. La fotografía, al ser testimonio visual, posee una capacidad descriptiva que te permite identificar el contenido en ella registrado sin confusión, sin complejidad, pero percibes que esa realidad tan definida, tan figurativa, oculta valores que sólo se manifiestan si se sabe dar a la imagen la vuelta a su generosa esquina.

Antes de llegar al hostal Pirineos, un momento emotivo: los porches General Ricardos, en los que se encuentra la librería Ibor, palabra que remite al origen, al fluir… Los soportales, o porches, protegen sin impedir recorrer. Evocadores por su significación, son como un nido que en la ciudad permiten el vuelo. Pero todo vuelo necesita de reposo y ese espacio de acogida, de bienvenida, ya no me lo ofrecían ni las calles ni los motivos de Barbastro, sino la voz de Dolores, propietaria del hostal Pirineos. Quizá fuera ese el momento, uno de los pocos, por no decir el primero, en que percibí que la voz de un ser –su tono, su melodía, su cadencia– se correspondía con el ambiente del lugar; voz que se adhería con el mobiliario, las paredes, los objetos y la decoración; un acorde continuo, dos o más notas sonoras y visuales que creaban el andante de una pieza musical. También la fotografía ha propiciado captar en sus tomas una armonía entre el ser humano y su entorno; el ser, como tiempo, el entorno, como espacio. Y la verdad del existir de cada ser en complicidad para recibir y hospedar al otro.

Guillermo Franco

Tantas otras imágenes y lugares de la ciudad me evocan mientras escribo estas líneas: el puente de la calle Martínez Vargas que cruza el río Vero, las dos orillas del río, las fachadas de los edificios de colores colindantes –que hubiesen colmado los anhelos de los primeros coloristas fotográficos. Y el Vero, por supuesto. Ese río accede a que el sentir ensoñado fluya por su estrecho cauce; al fin, toda primera mirada sobre una fotografía concluye en algo imaginado tras el curso abierto por su lectura.

Me reservo, como encuentro íntimo, el museo Diocesano por una talla en él contenida, en él preservada: El Cristo de Salinas de Trillo. Este Cristo de rasgos románicos tallado en madera, al que le falta un brazo, me evoca a ese fotógrafo que tanto venero, Josef Sudek, a quien también un brazo le faltó en vida. En ambos se alternan unos principios: austeridad e intimidad… La mirada de ese Cristo, la proyección de su mirada hacia uno mismo es la única forma de captar imágenes, ya sean para transmitirlas como parábola o en la extensión que de ese mismo mirar hiciera aquel fotógrafo checo en sus fotografías. En la imagen de esa talla de autoría desconocida –que conocer quisiera– se sintetiza, a mi entender, la fotografía como mirada hacia uno mismo, pero dirigida hacia todos los seres humanos en generosa y honda tensión poética.

En esta evocación de mi primer encuentro con Barbastro he querido compartir las imágenes visuales y sensoriales de entonces; indicios de una ciudad que ahora, pasado el tiempo, compruebo que me han revelado parte de mis concepciones sobre la fotografía. Extenso preámbulo, sí, pero tenía necesidad de compartir este relato antes de comentar los aspectos propios del Festival, el mismo que me llevó hasta una ciudad que ya forma parte de mi vida.

Al principio me pregunté qué había motivado a ese grupo de personas tan inquietas como generosas –que todo se lo merecen–para invertir su tiempo de manera altruista con el fin de organizar un festival al margen de las rutas museísticas de las grandes capitales; un festival, además, dirigido a los emergentes, término que, si siempre crea réplica, en esta ciudad adquiere toda su coherencia. Sólo hace falta contemplar cómo arriban gentes a Barbastro con el único y valioso y esperanzador equipaje que es su proyecto fotográfico; consigo traen unas fotografías para que sean visionadas y en público dialogadas con el fin de darlas a conocer y poder iniciar, o consolidar, una trayectoria artística. Afirmo que el festival permite avanzar sin las falsas promesas de lograr una meta. En la creación artística no se alcanza ningún fin, sólo existe recorrido; la meta limita, el recorrido abre, pero todo tránsito necesita de su inicio, de un espacio de recepción, como el que en sinceridad se ofrece y en profesionalidad se organiza: BFoto como inicio. La misma historia del Festival puede levantar acta notarial, pero también puedo constatar las muchas autorías emergentes que, llegadas desde diversas partes del mundo, han iniciado en Barbastro su recorrido. En el Festival, las primeras miradas fotográficas emergen para hacernos sumergir en el conocimiento de sus propuestas. La experiencia única que ofrece el Festival a sus participantes, como a sus visitantes, queda en testimonio íntimo, pero se conoce y reconoce en los circuitos fotográficos. Barbastro tiene una coordenada en el mapa de la fotografía como un espacio en el ámbito artístico.

Es la connatural dedicación de las gentes de esta tierra hacia la tierra la que propicia que sólo de esta región de vino y aceite, habitada por gentes que viven entre cosechas de viñedos y olivares, pudiese surgir un festival dedicado a la fotografía emergente. La inercia humanista ofrece a los demás lo que forma parte del origen del ser: sus ancestros. Como se sabe, esos dos frutos, la oliva y la uva, se han de presionar, se han de moler para obtener el óleo y estrujar para obtener el mosto que después el tiempo filtrará y macerará. El fruto, sea oliva o uva, al igual que la creación fotográfica de un emergente, se ha de captar, seleccionar, elaborar, catar y destilar. Se podría decir que hay autoría con denominación de origen, bajo el consejo regulador del BFoto. Además, las extensiones de hectáreas de viñedo y de olivar de la comarca encontrarían su continuidad en los metros cuadrados que desde su inicio ha destinado BFoto a las exposiciones, charlas y talleres, así como a los kilómetros lineales que han recorrido visitantes y participantes ante el reclamo de ver para mirar y compartir fotografía.

Virginia Villacisla

Gracias a la estimable organización del Festival, desde aquel mes de junio de 2016, BFoto sigue permitiendo que mi voz trasmita mis pensamientos y así poder vincular, interpretar, sondear, idear, observar, analizar, debatir, ofrecer y significar sobre fotografía. Todo se pliega en un solo e intransferible sentido: la poética colectiva de un hacer que se me perfila en todas las imágenes visuales, sonoras, amistosas y del lugar que me han invadido y me siguen –en armonía– acechando en ese Barbastro que a lo lejos un día no divisé, pero que en su sentir siempre me deja habitar.

SUSCRIPCION

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here