Mujer Rural

“Quería comenzar una revolución, usar el arte para construir el tipo de sociedad que yo misma imaginaba”, dijo una vez la artista Yayoi Kusama. Y parece que la afgana Shamsia Hassani le ha cogido el relevo. Vistosos velos y burkas azules sobre fondos oscuros son utilizados para reflejar la situación de miedo y preocupación hacia la muy probable situación de sumisión y opresión en la que se encontrarán las mujeres ante el régimen talibán que acaba de establecerse en Afganistán.

Recientemente, una nueva imagen de su última serie, Muerte a las tinieblas, se publicó en las redes sociales. La doble amenaza en la que está situada Hassani, como mujer y como artista que se opone a los talibanes, le han supuesto más motivos para responder de forma orgullosa a los ataques del grupo extremista, reafirmando su valentía.

FRANCO MOLINA CENTRAL

Carentes de bocas y ojos, las mujeres de Hassani son increíblemente poderosas. La artista afirmó que «Uso instrumentos musicales como símbolo para que las mujeres toquen su voz con ellos. Pueden usar instrumentos musicales para hablar con la gente, para hablar más alto y [llamar] más la atención, ya que no tienen boca. Pero este instrumento musical les da poder para hablar en sociedad». Los ojos cerrados se deben a que “no tienen nada bueno que ver a su alrededor, pero eso no significa que no puedan ver”.

La situación de vulnerabilidad de las mujeres y las niñas en la sociedad afgana, dominada por los hombres, es el tema que protagoniza habitualmente su trabajo. Su intención es dotar a las mujeres afganas de un rostro diferente, con unas características de ambición, poder y voluntad de futuro. De hecho, lo ruidoso del arte urbano evidencia su capacidad para resaltar públicamente los desafíos que enfrentan las mujeres afganas, pero también su fuerza y resolución. Y fueron estas razones por las que Hassani eligió el grafiti como su forma de crear arte, dijo a la plataforma Street Art Bio.

Hassani nació como refugiada en Irán en 1998, cuando todavía estaban los talibanes controlando Afganistán. El regresó en 2005 a su país fue con intenciones revolucionarias, de marcar la diferencia, y de utilizar su arte para cubrir las cicatrices que había dejado la guerra. Tras terminar su licenciatura en artes visuales en la Universidad de Kabul, se convirtió en conferencista de bellas artes y profesora de escultura.

Como grafitera, se atrevió a llevar su trabajo, focalizado en las mujeres, al espacio público. Esto le supuso el reconocimiento internacional como un ejemplo para una nueva generación de mujeres afganas. Apareció en 2014 en la lista de los 100 mejores pensadores globales de la revista de EE. UU. Foreign Policy y también fue incluida en el segundo volumen de Goodnight Stories for Rebel Girls, una colección de retratos de mujeres innovadoras de todo el mundo.

Si quieres ayudar a las mujeres en Afganistán, hay varias organizaciones a que pueden ser de tu interés, como Women for Afghan Women y Flyaway: Emergency Afghan Rescue Mission. Esa misión está recolectando donaciones para realizar vuelos de rescate de emergencia para quienes deseen salir del país.

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