Basilio con Isabel y su nieta
NAVIDAD GOB ARAGON mitad

Amanece el día y las calles de Colungo, huelen a pan recién hecho. Basilio madruga a las cuatro de la mañana para preparar las barras de pan, ese alimento indispensable en la mesa. Echando la vista atrás, ya en los años cuarenta existían dos hornos, uno en la plaza y otro en el barrio a donde acudían las mujeres para cocer el pan, había dos encargadas de hornear Severina y Matilde.

Con el paso de los años se establecieron las panaderías. Durante años hubo dos, en la calle Baja, Ramón Fumanal junto a su esposa Presentación Aguilar, en aquel entonces era todo más costoso con un gran trabajo, los carretillos de leña para elaborar el pan que llevaban por los pueblos de la zona y parte del Sobrarbe. En la calle Muro Antonio Lacasa y Victoria Coscujuela tenían la panadería con los años instalaron una maquinaria más moderna que facilitaba la labor, pero aun así había que seguir madrugando para tener listo el pan y la repostería que repartían por los pueblos. Con la jubilación Basilio cogió el testigo de la panadería por lo que desde los inicios siempre se ha contado con una panadería en Colungo que da ese servicio esencial y tan cercano. Basilio junto a su hija Isabel elabora el pan que reparte por los pueblos de la zona. Su pasión por la panadería comienza desde muy joven en Monzón su localidad natal junto a su primo a los catorce años comienza a aprender el oficio en la panadería Peirón, después continúo recorriendo panaderías como Zaragoza en el barrio de la Paz, en Huesca, una larga trayectoria hasta llegar a Colungo unos años antes de su jubilación.

FRANCO MOLINA CENTRAL

Basilio es feliz en Colungo, valora vivir en un pueblo que le aporta el trato cercano con la gente, con tristeza reconoce como se ha perdido el comercio del pan de toda la vida de pueblo, elaborado de forma natural con la receta de siempre y le duele ver como en muchos pueblos se ha perdido el oficio. La situación actual no se lo ha puesto fácil pero continua con ilusión.  Recuerda días especiales como los panecillos de Santa Eulalia y las tortas de la fiesta. Muchas historias afloran detrás de este alimento tan rico, pues como dice la Ronda de Boltaña, “el recuerdo vuelve tierno hasta el pan duro de ayer”.

Basilio con Isabel y su nieta

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