Miembros del Consejo Regional de Defensa de Aragón, Joaquín Ascaso, su presidente, primero a la izquierda
ciudadanos

El 6 de octubre de 1.936 en la asamblea de Bujaraloz, convocada por el Comité Regional de la CNT, con delegaciones de los pueblos y las columnas confederales, se creaba el Consejo Regional de Defensa de Aragón, con sede en Fraga y definitivamente en Caspe, para consolidar los logros revolucionarios, sociales y económicos y para erradicar la violencia en la retaguardia aragonesa. El Gobierno Central (presidido por Largo Caballero) no terminaba de reconocer al Consejo de Aragón, presidido por el anarquista aragonés Joaquín Ascaso, y con todas las consejerías en manos de anarquistas.

La entrada de la CNT, en noviembre de 1.936, en el Gobierno Central con cuatro carteras ministeriales influyó en la transformación del Consejo de Defensa. Desde Valencia, sede del Gobierno, se exigían muchas rectificaciones en el quehacer cotidiano de la política aragonesa: la CNT controlaba en Aragón también buena parte de los municipios a través de los comités revolucionarios. Se exigía el fin de la violencia revolucionaria en la retaguardia, que efectivamente disminuyó notablemente a partir del otoño. El ministro de Justicia Juan García Oliver, Joaquín Ascaso, así como la prensa anarquista (especialmente Solidaridad Obrera) hicieron constantes llamadas para poner fin a la misma. De octubre de 1.936 a mayo de 1.937 hubo algún repunte  esporádico, pero nada que ver con el verano caliente del 36.

GOB ARAGON surge

Desde el Consejo se intentó hacer política, primero, frente a la “Generalitat” de Cataluña, que, militarmente, a través de las columnas de milicianos, controló casi todo el territorio aragonés republicano, subordinando la economía aragonesa al mantenimiento de los frentes de guerra en el territorio y, en segundo lugar, para coordinar y al mismo tiempo subordinar a esa miríada de micropoderes que surgieron a raíz del golpe de Estado y que actuaron con bastante autonomía, pero a la vez con  bastante descoordinación, sobre todo en el “control” del orden público.

Se pretendió además defender los logros de la revolución, principalmente el proceso colectivizador, no solo agrícola, también industrial. Se trataba desde el poder regional armonizar la distribución de bienes a través de una red comercial y de transportes también colectivizados. En definitiva, el Consejo de Defensa fue el primer gobierno autónomo de Aragón, ya que el Estatuto de Caspe, debatido durante la primavera de 1.936, no llegó a aprobarse por el estallido de la Guerra Civil.

El reconocimiento oficial llegó el 23 de diciembre de 1.936 tras la remodelación del Consejo con la entrada de seis consejeros del Frente Popular, aunque los otros seis eran de la CNT, así como el presidente que siempre fue Joaquín Ascaso.

Bandera del gobierno aragonés republicano

Estos cambios suponían en la práctica el principio del fin de la hegemonía política anarcosindicalista en el Aragón republicano.

Hasta el final de 1.936 los diferentes partidos y organizaciones integrados en el Frente Popular estuvieron “aletargados” y fueron incapaces de dar respuestas y organizarse como alternativa a la intensidad arrolladora de la CNT. Fueron los decretos de enero de 1.937, para la remodelación del Orden Público y para la organización municipal a través de los consejos municipales, los cambios más sustanciales que debían contribuir a equilibrar políticamente el territorio, se trataba de poner fin a los comités revolucionarios en los que la presencia de la CNT era incontestable.

En materia de Orden Público se crearon tres Comisarías, una por provincia, la de Huesca con sede en Barbastro, y se nombraron nuevos agentes de Investigación, adscritos a esas comisarías. En cuanto a la Justicia desaparecieron los tribunales populares y se crearon otros con magistrados pertenecientes a la carrera judicial que condenaron escasamente a la máxima pena a los considerados enemigos de la revolución.

Los sucesos de mayo de 1.937 en Barcelona, que tuvieron también repercusión en Aragón, especialmente en Barbastro y el Somontano, influyeron para dar un golpe contra el Consejo de Defensa. Fueron valorados motivo suficiente desde el poder central para acabar con la autonomía aragonesa el 11 de agosto de 1.937.

No solo el P.C. señaló la estrategia a seguir, también los diferentes partidos del Frente Popular (PSOE-UGT, Izquierda Republicana, Unión Republicana…) deseaban la vuelta al orden republicano, que en Aragón se hizo traumáticamente. El presidente del Gobierno, en ese momento Juan Negrín, decretó con la anuencia del presidente de la República, Manuel Azaña, la disolución del Consejo de Defensa de Aragón el 11 de agosto de 1.937.

El diputado jacetano Julián Borderas “El Sastre” (PSOE), comisario del X Cuerpo del Ejército, y, el también comisario, Eduardo Castillo (diputado socialista por Zaragoza), desempeñaron un papel relevante en la campaña de propaganda por el territorio de aragonés en los meses de julio y agosto de 1.937, para convencer a sus oyentes de que Aragón debía esquivar los anhelos regionalistas y dejarse coordinar por el Gobierno Central.

La 11 División comandada por el general Enrique Líster (P.C.), auxiliada por guardias de Asalto (procedentes de Valencia), irrumpieron en Caspe el 10 de agosto, detuvieron a componentes del Consejo, entre ellos a Joaquín Ascaso, y pusieron fin a esos diez meses de gobierno autónomo, en los que se pusieron en práctica algunos de los viejos anhelos de Joaquín Costa y de los costistas, sobre todo en temas relacionados con el funcionamiento de la economía.

Los guardias de Asalto contribuyeron a continuación a disolver los consejos municipales con mayoría anarquista e impusieron gestoras municipales con mayorías del Frente Popular.

Se reconocieron los individualistas que recibieron apoyos institucionales para salir de las colectividades. Unas se disolvieron, otras pervivieron unos meses más, hasta el 28 de marzo de 1.938 en que Aragón (excepto la Bolsa de Bielsa) fue ocupado definitivamente por los “nacionales”.

Juan Negrín nombró a José Ignacio Mantecón, entonces de Izquierda Republicana, Gobernador General de Aragón, que se volcó en eso pocos meses en la “republicanización” de Aragón y en la recomposición del Frente Popular.

Acusado Mantecón de represor de los anarquistas, la historiadora Ester Casanova Nuez recoge en la revista Trébede (nº67) estas palabras del propio Líster: “A los dos o tres días de disuelto el Consejo de Aragón, me enteré que el gobernador, Ignacio Mantecón, estaba disgustado por la actuación de las fuerzas bajo mi mando. Junto al ejército se encontraban los guardias de Asalto los cuales dependían de Gobernación y que también tuvieron parte en el encarcelamiento y represión de los anarquistas lo que de alguna manera responsabiliza más directamente a Mantecón”. Efectivamente, casi 500 anarquistas fueron hechos presos en el Aragón republicano.

Preguntado Mantecón por Ascensión H. de León Portilla, en México, y recogida la entrevista en la revista Trébede (nº37) con el título “Los republicanos hicimos una guerra justa”, Mantecón responde al enfrentamiento con los anarquistas: “No, era absolutamente necesario. Luego he tenido amigos anarquistas que se convencieron de que no había más remedio. El problema era el siguiente: la guerra se hace con un ejército que supone disciplina y orden, y como los anarquistas querían la organización de la desorganización, como decían ellos, usted comprenda que no podíamos seguir así… En cada instante hice lo que el Gobierno y el alto mando me ordenaron y en la forma en que creí conveniente. Los anarquistas tenían magníficos soldados, valientes, como los demás, pero a veces los jefes tenían una visión política de la guerra, a mi modo de ver equivocada…Si se perdía la guerra, la revolución era imposible. Tardaron demasiado en darse cuenta de que para un ejército lo primordial, desde el punto de vista de la eficacia, es la organización militar. Hice lo que pude, por medio de las discusiones con comisarios, jefes y oficiales de sus unidades, para convencerles de la política general del Gobierno. Yo luché en las filas de Izquierda Republicana –entonces no era todavía del P.C.— y me entendí muy bien con los jefes de estos partidos, incluyendo a los anarquistas”.

Obviando las intensas discrepancias políticas todavía existentes, vinculadas más con lo ideológico que con el análisis histórico, el Consejo Regional de Defensa de Aragón fue una experiencia política novedosa, creado para institucionalizar los logros más esenciales del proceso revolucionario surgido tras el vacío de poder en Aragón subsiguiente al golpe de Estado militar de julio de 1.936.

dph

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