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Hace 7 meses me diagnosticaron el proyecto más difícil que he tenido que afrontar hasta ahora: un cáncer de mama luminal b grado III. Es decir, un tumor que, aunque responde muy bien a la quimioterapia, ya medía 3 cm y crecía tan rápido que estaba en la pista de salida para producir una metástasis.

La frase que mejor puede definir cómo te sientes cuando te dan la terrible noticia es la que cantan en “Vivir” Rozalen y Estopa Sabes, fue como una ola gigante. Arrasó con todo y me dejo desnuda frente al mar”. Da igual los planes que tuvieras para este año, tanto personales como profesionales. No importan tus previsiones, ni tus sueños. Por supuesto todas tus preocupaciones te parecen granos de arena frente a las inmensas dunas que vienen.

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El cáncer tiene millones de cosas malas: la espera hasta que te dan todos los resultados y te confirman que de este no te vas a morir, comunicar a la gente que quieres que tienes una grave enfermedad, dejar de trabajar, escuchar frases que, aunque su intención es la de ayudar, no son las más oportunas “¿De qué tipo es? Ese se cura” “Tranquila, el pelo crece”, “Es solo un añito malo”, “Tú eres fuerte”.

Tienes que asumir que tu vida cambia y que tu prioridad en el día a día es luchar. En la primera fase, te focalizas en sobrevivir a los efectos secundarios de la quimioterapia: te hinchas debido a los corticoides, se te cae el pelo, la piel se agrieta (en especial la de manos y pies) produciendo heridas, náuseas, pierdes la voz, el trayecto cama/sofá te parece el Paris Dakar y muchos más que no quiero recordar. Luego llegan los de después de la operación: rehabilitación, no poder mover el brazo, grandes cicatrices y el gran desconocido: el linfedema.

Pero también hay cosas buenas, que son con las que me voy a quedar. Como dice la canción de Pau Donés “Con todo lo que recibí, ahora sé que no estoy solo, ahora te tengo a ti, amigo mío, mi tesoro”; y yo puedo decir que de amor y cariño voy sobrada.

La mayor parte de la gente no sabe cuánto le quieren los demás y yo he tenido esa oportunidad. Familiares y amigos que nunca fallan, sanitarios que me han hecho la vida más fácil, colegas de lucha que conoces en la sala de quimio y a través de grupos de apoyo, compañeros de trabajo y muchas otras personas que reaparecen en tu vida cuando más los necesitas. Todos ellos son el mejor motivo para sacar pecho.

 

 

 

 

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