Autor de la foto Lubomir Skrovina
ECOEMBES COMARCA

Hay ficciones reales y realidades ficticias, basta con mirar a nuestro alrededor. Otra cosa es la construcción de una ficción que pretenda ser exclusivamente eso. Sus mimbres son siempre los de la realidad y cuando uno dibuja, por ejemplo, un extraterrestre parte, consciente o inconscientemente, de todas las imágenes de esos seres imaginarios que ha visto antes, en un papel, una pantalla o, si uno es negacionista, en los propios exoplanetas. A la realidad, tan banal y cotidiana, le ocurre lo que a esos políticos que en las ruedas de prensa están en una sala separados de los periodistas: que no aguanta las preguntas. La ficción, en cambio, puede con todo, aunque todo, a veces, sea poca cosa. Ocurre con la historia, esa selección de sucesos colectivamente aceptados, en las que los libros pueden estar tanto en la sección de historia como en la de ciencia ficción.

 

Película Ida, el desenterramiento. Pawel Pawlikowski y  Łukasz Żal & Ryszard Lenczewski (DOPs)

La ficción sirve también para poner imágenes a hechos pasados, como la Segunda Guerra Mundial.  Pawel Pawlikowski es un director de cine, un narrador de historias en formato audiovisual. En Ida, el desenterramiento describe el colaboracionismo polaco con el nazismo, ese tipo de historias muy incómodas  si uno es polaco, pero acertadamente pertinentes si uno es judío.

 

Es, obviamente, una ficción, algo que fehacientemente nunca ocurrió tal y como cuenta la película, pero que probablemente sucedió de forma muy parecida. Al presidente polaco del momento no le hizo mucha gracia la película, pero tampoco  la Thatcher se lo puso fácil a Ken Loach y ahí siguen esas historias, convertidas en ficción documental de un tiempo y un lugar. La creación artística, cuando no hace concesiones en el cuestionamiento del poder, suele obtener el mejor reconocimiento posible: la censura. Lo demás es solo mercado.

Hace unos años la historiadora Wendy Lower  encontró una imagen que documenta un hecho acaecido en 1941 en la que unos colaboracionistas ucranianos ajustician a una madre con sus hijos, que no a una madre y a sus hijos. El nazismo no gastaba balas para matar niños, una vez dentro del hoyo morían normalmente por aplastamiento y asfixia. Ese mismo año comenzaron a implantarse las cámaras de gas, mucho más eficientes y sofisticadas para, como dice Gervasio Sánchez, humanizar la muerte.

Autor de la foto Lubomir Skrovina

Había que acabar con los  fusilamientos, tan engorrosos y crueles e, incluso, si mira al hombre de la imagen de Lubomir Škrovina, tan divertidos. La primera imagen es una ficción, mientras que ésta imagen es un documento histórico, un hecho que ocurrió y fue fotografiado por Lubomir Škrovina, un hombre valiente que documentó lo que está viendo porque la sencilla razón de que estaba prohibido. Ambas fotografías cuentan una misma tragedia, una misma vergüenza, una misma verdad.

Tal vez la ficción sirva para eso, para contar la verdad a través de la mentira.

 

 

dph

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