Gas. Pixabay.
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En 1992, Rusia, Bielorrusia, Polonia y Alemania acordaron construir el gasoducto Yamal-Europa para llevar gas natural desde el campo de gas de Yamal en Rusia a Polonia y Alemania.  Gazprom, que debía invertir fuertes sumas en la construcción, firmó en 1996 con Polonia un contrato a 25 años con la condición de que este país recibiría y pagaría hasta un tercio de la capacidad del gasoducto,  consumiera el gas o no.

Los contratos de suministro a largo plazo han sido clave para el desarrollo de las infraestructuras de suministro de gas, garantizando por un lado la recuperación de la inversión de las instalaciones, y por otro un precio de suministro, generalmente indexado al petróleo. Estos contratos de suministro a largo plazo normalmente se caracterizan por una cláusula llamada “Take-or-Pay” (ToP), que implican que el comprador, en este caso Polonia, queda obligado a pagar el gas independientemente de si se ha consumido o no. Suelen incluir igualmente un factor de dilación en la aplicación de la subida y bajada del precio.

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Este sistema tradicional vino funcionando bien hasta 2015, un año después del inicio de las sanciones de la UE contra Rusia y del golpe de estado patrocinado por occidente en Ucrania. En marzo de 2015, Polonia demandó en el Tribunal de Arbitraje de Estocolmo a Gazprom para obtener precios más bajos del gas. PGNiG, el distribuidor de gas de Polonia, reclamaba condiciones similares a las del mercado europeo del gas, solicitaba cambiar el sistema de fijación del precio y alegaba que pagaba de más.

Tras cinco años de litigio, en marzo de 2020 el Tribunal de Arbitraje de Estocolmo dictaba su laudo con su decisión final. PGNiG había ganado: “El Tribunal Arbitral se ha puesto del lado de PGNiG, confirmando así que el precio del gas en el Contrato de Yamal no reflejaba el nivel de precios en el mercado y estaba exagerado”, afirmaba Jerzy Kwieciński, Presidente del Consejo de Administración de PGNiG. El Tribunal cambiaba la fórmula de cálculo del precio del gas ruso vinculándolo al nivel de precios en el mercado europeo, lo que para PGNiG significaba una mejora en los términos de las importaciones de gas

La ganancia con el cambio del sistema de fijación del precio era pequeña, pero Polonia veía un beneficio pues la UE estaba en plena “liberalización” del mercado gasístico y se anunciaba, como se hace siempre, una bajada de precios producto de la competencia. Para la UE los contratos de suministro a largo plazo indexados al petróleo ralentizaban el proceso de liberalización, por lo que había decidido cambiar esta estructura tradicional por un marco más flexible, basado en precios de mercado indexados a los hubs de gas. Estos hubs de gas, que en ocasiones son virtuales, serían ahora los que fijarían los precios, permitiendo de esta forma la especulación a corto plazo, que con el sistema anterior no era posible. Y con este nuevo diseño de la UE, hecho por ideólogos neoliberales, no por expertos, el precio del gas empezó la escalada.

En un primer momento, a causa de la pandemia, los precios cayeron, pero a partir del verano de 2021, el precio del gas natural en Europa inicio su remontada y pasó de unos 500 dólares a casi 2.000 dólares por mil metros cúbicos a principios de octubre de 2021. La subida sólo se detuvo y se estabilizó en torno a los 1.000 dólares tras la intervención del Presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, pues Bruselas, que había creado el problema, se oponía a cambiar nada de su nuevo modelo de fijación de precios.

Según la cláusula de “ToP» del contrato, Polonia tiene que pagar o comprar 8.700 millones de metros cúbicos anualmente. Con los precios actuales de 1.000 dólares, hay una diferencia entre la fórmula del precio del contrato anterior y la nueva de 500 dólares, aproximadamente se dobla el precio.  Por todo ello, el 28 de octubre de 2021, PGNiG envió una carta a Gazprom solicitando cambiar el nuevo sistema de fijación del precio del gas suministrado basado en el nivel de precios del mercado europeo y volver al viejo sistema. Es bastante irónico que después de toda esa litigación Polonia pida ahora a Gazprom que lo olvide todo.

Es difícil predecir lo que hará Gazprom pero es probable que aproveche esta situación disparatada creada por la propia Polonia para insistir en algún tipo de acuerdo a largo plazo, ya que en noviembre de 2019, PGNiG declaró formalmente su intención de no renovar el contrato del gasoducto Yamal-Europa que expira en 2022. La voluntad polaca de suministrarse a partir de esa fecha través de GNL procedente de Oriente Medio y EEUU, sólo subirá más el precio para Polonia pues este tipo de gas se compra al contado en  competencia con los países asiáticos y si ahora le parece caro, en el futuro lo deberá pagar aún más caro.

Así las cosas Polonia corre el serio riesgo de acabar como Moldavia.

Moldavia en julio de 2021 celebró elecciones parlamentarias con una participación inferior al 50%, teniendo desde agosto un nuevo gobierno al gusto de la UE. Según desveló el Financial Times, la UE, con Josep Borrell al frente, persuadió al nuevo gobierno moldavo de que no renegociaran el contrato con Gazprom, que no compraran gas ruso y que no firmaran contratos de suministro a largo plazo. Así que los moldavos dejaron agotar el 30 de septiembre su contrato de gas sin tener ninguna alternativa. La compra de gas como quería la UE en el “mercado liberalizado” le suponía pasar de pagar 200 dólares por mil metros cúbicos que venía pagando a Gazprom a pagar 1.000 dólares o más. Era inasumible y con el invierno a las puertas en Europa, el nuevo gobierno moldavo, consciente de que para la UE y sus dirigentes la política siempre está por encima de las personas, ha negociado un nuevo acuerdo por cinco años con Gazprom:

“El nuevo acuerdo con Gazprom, que hasta este mes había sido el proveedor único del país, es para cinco años, según ha anunciado este sábado el ministro de Infraestructuras moldavo, Andei Spinu. Moldavia pagará unos 450 dólares por mil metros cúbicos de gas; después, el precio bajará dependiendo del mercado de valores, aseguró Spinu, que remarcó que será “dos veces más bajo que el precio de mercado”. La gasista rusa habló de un acuerdo “mutuamente beneficioso”. (El Pais, 30-10-2021)

La política energética de la UE es uno de sus más escandalosos fracasos. La aplicación de medidas neoliberales detrás de una retórica antirusa por un lado y de una supuesta energía verde y sostenible por otro lado, solo sirven de coartada para aplicar medidas que permitan la especulación por los mercados financieros donde antes no podían hacerlo por estar los contratos  a precios fijos y a largo plazo, garantizando la estabilidad a comprador y vendedor. Su única finalidad, pasando por encima del bienestar de las sociedades europeas, y su único resultado es otra nueva y enorme transferencia de rentas de los ciudadanos a esos mercados financieros “liberalizados”, y todo ello patrocinado por esa organización neoliberal que es la UE.

Cabe peguntarse, finalmente, si toda esta crisis del gas en la UE no ha sido buscada, constituyendo una operación de falsa bandera con el objetivo de ahondar en las medidas neoliberales, anulando de esta forma cualquier resistencia nacional.

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