Eros besa a Psiche. Escultura de Antonio Canova.
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Hoy hablaremos del centro de Logopedia y Psicoterapia LETICIA y su conexión con la historia de Demóstenes y el mito de Psique y Eros.

El nombre Leticia procede de la palabra latina laetitia (alegría), como vemos también en el adjetivo más bien poético ledo / -a, (laetus, -a, -um) alegre, contento, plácido.

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Con respecto al apartado de logopedia, hay una historia que protagoniza Demóstenes (384-322 a.C.). Este ateniense soñaba con ser un gran orador, pero era pobre y no tenía medios para pagarse un maestro de retórica, ni los rudimentos y además era tartamudo.

Pero era tenaz, y acudió a ver actuar a los mejores oradores de su época (incluso vio a Platón) y probó con un discurso en la Asamblea que fue un desastre, pues se burlaban de él diciendo que repetía las cosas muchas veces o que no gritaba lo suficiente por faltarle el aire en los pulmones, burlas que incrementaron su nerviosismo y su tartamudez, haciendo que se marchara sin acabar su discurso.

Tras este episodio, se afeitó la cabeza, para así resistir la tentación de salir a las calles. De este modo, día a día, se aislaba hasta el amanecer practicando. En los atardeceres corría por las playas, gritándole al sol con todas sus fuerzas, para así ejercitar sus pulmones. Más entrada la noche, se llenaba la boca con piedras y se ponía un cuchillo afilado entre los dientes para forzarse a hablar sin tartamudear. Al regresar a su casa, se paraba durante horas frente a un espejo para mejorar su postura y sus gestos.

Así pasaron meses y años, antes de que de que reapareciera de nuevo ante la Asamblea defendiendo con éxito a un fabricante de lámparas, a quien sus ingratos hijos le querían arrebatar su patrimonio. En esta ocasión la seguridad, la elocuencia y la sabiduría de Demóstenes fueron ovacionadas por el público hasta el cansancio. Posteriormente, fue elegido como embajador de la ciudad.

Respecto al apartado de Psicoterapia, cuenta el mito que hace mucho tiempo existió un rey y una reina que tenían tres hijas. La menor, Psique, de tan deslumbrante belleza, que era adorada por los humanos como una reencarnación de la propia Afrodita. La diosa, que estaba celosa de la belleza de esta mujer, pues los hombres estaban abandonando sus altares para adorarla en su lugar, ordenó a su hijo Eros que intercediera para hacer que la joven se enamorase del hombre más horrendo y vil que pudiera existir.

Por su parte, la belleza no había traído a Psique felicidad alguna. Los hombres la idolatraban de mil maneras, pero ninguno osaba acercársele ni pedir su mano. Los preocupados padres consultaron al Oráculo de Apolo para determinar qué le depararía. Mas lejos de encontrar consuelo, dicho Oráculo predijo que Psique se casaría en la cumbre de la montaña con un monstruo de otro mundo. La joven aceptó amargamente su destino, y obedeciendo al Oráculo, sus padres la llevaron hasta la cima de la montaña seguidos por una larga procesión, donde la abandonaron entre lágrimas para que se enfrentara a una muerte segura.

Una vez en la cima donde la había depositado Bóreas, el viento del Norte, Psique se internó en el bosque cercano siguiendo el sonido del agua. Lo que encontró fue un hermoso palacio, de indescriptible lujo y belleza, y voces sin cuerpo susurrando que dicho palacio le pertenecía y que todos estaban allí para servirla. Esa noche, mientras yacía en la oscuridad de su nueva alcoba, un desconocido la visitó para hacerla su esposa. Su voz era suave y amable, mas no se dejaba ver a la luz del día, lo cual despertaba la curiosidad de Psique que deseaba conocer su rostro.

La joven, no obstante, echaba de menos a sus hermanas e imploró entonces a su esposo que le permitiera recibir la visita de aquellas, pero éste le advirtió que tratarían de incitar su curiosidad y la alentarían a intentar develar la identidad de su marido. Pese a que le advertía una y otra vez de que no se dejara persuadir por sus hipócritas hermanas (el día en que ella viera su cara no lo volvería a ver y acabaría su felicidad), la joven las recibió en su palacio.

Cuando lo vieron, celosas de la belleza de su esposo, y tras hacerle creer que en realidad era una monstruosa serpiente que solo quería devorarla, la convencen para que cuando esté dormido se acerque con una lámpara y le corte la cabeza con un puñal.

Así lo hizo Psique. Pero entonces descubrió que era el más hermoso de los dioses, el propio Eros, y con los nervios, se le cayó al suelo el puñal, mientras una gota de aceite iba a parar al hombro desnudo del dios, que se despertó y le echó en cara su traición. Acto seguido, desplegó sus alas y la abandonó.

Comienza entonces la búsqueda de su amado por parte de Psique que, castigada por Afrodita, llega incluso al mismo Hades y tras unas peripecias cae presa de un sueño mórbido.

Por su parte Eros, tras recuperarse de su herida, sale a por Psique a la que no puede olvidar para despertarla de su sueño, y acto seguido, se dirige a visitar a Zeus para rogarle que tuviera compasión de Psique y la hiciera inmortal, y que así pudiera vivir con él en los cielos. Zeus se compadeció de Eros y apaciguó a Afrodita diciéndole que Psique sería una esposa digna de su hijo. Por lo tanto, ordenó el casamiento de los enamorados, que duraría para siempre.

Según nos cuenta Apuleyo en su novela El asno de oro, la hija nacida de ambos llevaría el nombre de “Hedoné”, en griego, “Placer”, como vemos en palabras como hedonia, anhedonia (“Incapacidad de sentir placer”), hedonismo y hedonista.

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