Retrato de Félix de Azara pintado por Francisco Goya
ECOEMBES COMARCA

Nota sobre Félix de Azara en el bicentenario de su fallecimiento

El pasado 20 de octubre se cumplió el 200 aniversario del fallecimiento de Félix de Azara, conocido por titulares como “un Naturalista Universal”, “el aragonés que se adelantó a Darwin”, “el navegante de Barbuñales”,…Esta nota trata de recordar brevemente la trascendencia del trabajo de Félix de Azara en la evolución de los conocimientos de las modernas Ciencias Naturales.

Aunque lo que lleva a Félix de Azara a Sudamérica es la delimitación de fronteras entre Portugal y España, en sus dominios de ultramar, formando parte de una Comisión mixta de ambos países, la lentitud de plazos con que se abordaba tal misión le exaspera y se autoimpone convertir su estancia en dicho continente en una aventura personal que duraría 20 años (1781-1801). Fue una aventura que perseguía el objetivo de dar a conocer el medio natural, en sentido amplio, lo que abordó de forma metódica, espartana, y en muchos casos autofinanciada, pero que le lleva a inventariar más de 400 especies de reptiles, mamíferos y, sobre todo, aves; se trataba de especies “nuevas” para la ciencia de la época.

Durante meses cabalgó entre los penachos de las cortaderas o hierbas de las pampas y atravesó densas selvas, que apenas le dejarían entrever el rojo del suelo forestal subtropical…dibujando y tomando notas en sus “apuntamientos” o cuadernos de campo (Apuntamientos para la Historia Natural de los Páxaros del Paraguay y del Río de la Plata y Apuntamientos sobre los quadrúpedos del Paraguay). Sus observaciones, con el rigor de ingeniero militar, no solo se limitaron a la descripción de las especies sino también a sus hábitats, a sus costumbres, en una aproximación a las futuras ecología y etología, respectivamente.

Además, este naturalista autodidacta e inicialmente centrado en las observaciones de campo, por lo improvisado de su tarea, no se conformó con ello, sino que trató de analizar los resultados obtenidos y alcanzar sus propias conclusiones.

Y es que ya entonces se mantenía una dicotomía conceptual y valorativa entre el científico de gabinete y el de campo, de bata y de bota, diríamos ahora. Así que también a Félix de Azara podemos atribuir que se tambaleara esa concepción dual de investigador de despacho y de explorador de campo en pleno siglo XVIII.

Su trabajo posterior de inventario y clasificación de flora y, sobretodo, fauna, y las reflexiones derivadas de ello son las que le aproximan a la futura teoría darwiniana de la evolución de las especies. Se dice que el propio Charles Darwin, recorrería los mismos lugares inspirado por el libro de Azara, “Viajes a la América meridional” cuya versión inglesa leería en su camarote del Beagle y que cita reiteradamente en su diario.

Darwin tiene en máxima consideración las reflexiones de Azara, por ejemplo, las del toro mocho o vacas sin cuernos, en las que observa las mutaciones y la selección artificial del ganado que hacía el hombre, asumiendo que esa selección también se daría de forma natural. Estas ideas son recogidas por Darwin, quién lo cita tanto en sus libros: “El origen de las especies” y “El origen del hombre”. Algunos de los nombres asignados a las especies americanas, como indica José María Enguita, ponen en evidencia la procedencia de Azara, como esparvero, gafarrón, choliva,…A pesar de haber identificado centenares de especies, la mayoría nuevas para la ciencia del momento, no ha recibido el debido reconocimiento porque la clasificación de las mismas bajo el estándar científico (de Lineo) las llevaron a cabo otros autores.

Son muy interesantes sus observaciones geográficas y geológicas, e incluso edafológicas (aunque tampoco en sus tiempos había nacido la Edafología) pues especula sobre el origen y la disposición general de los estratos de arenas que formaran el suelo en la vega del río Paraná, durante su viaje de Buenos Aires a Asunción, en 1784, describiendo lo que hoy llamamos el material flúvico, las discontinuidades líticas…

Tampoco le pasa desapercibida la pérdida de suelo agrícola por erosión hídrica, especialmente en zonas donde la tierra fértil se limitaba a un reducido espesor sobre la roca arenisca subyacente. Así indica que, al eliminar la original cubierta forestal protectora, las lluvias arrastraban la tierra, dejaban la roca al descubierto, de modo que el suelo “…queda (hecho) una sola peña“.  Tampoco le pasaron desapercibidos los efectos nocivos de los incendios repetitivos sobre la biodiversidad florística y faunística. Por otro lado, en otra expedición a Curuguaty, Félix de Azara advierte que la zona no era favorable para la vida humana y, menos para el ganado, lo que atribuye, principalmente, a la falta de nutrientes en el suelo.

Por tanto, Félix de Azara se sitúa en la protohistoria de las diversas disciplinas de las ciencias naturales más modernas, al integrar observaciones sobre la morfología animal y vegetal, el comportamiento animal, la distribución de la vegetación en el relieve o la calidad del suelo.

Terminaré citando la siguiente frase orteguiana que Julio Rafael Contreras utiliza, en su biografía de Félix de Azara para explicar la personalidad de nuestro protagonista: “Para crear no basta el pensamiento, hace falta el amor a las cosas, la pupila alerta y el corazón poroso”.

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